El
profesor “Uto” (Augusto Alpuche Herrera) hacía
algunas compras en el antiguo mercado cuando se encontró
a “Ibarra”, a quien le preguntó si podía
ir a su casa a deshollinar. El interpelado accedió
gustosamente a cumplir la petición.
Al
llegar a la vivienda mencionada, “Ibarra” fue
recibido por la mujer del mentor, diciéndole que
“Uto” lo había mandado a desayunar. Ésta,
sin rezongar, le sirvió un rico bistec de hígado
que había preparado para su cónyuge, pensando
que aquél se había apiadado de “Ibarra”
por su deplorable situación económica.
Al
retornar al mercado, “Ibarra” -reanimado por
el suculento platillo- se encontró de nuevo con el
maestro “Uto”, quien le preguntó sobre
lo pretendido. “Ibarra” asintió satisfecho
y se ofreció a hacer otros encargos urgentes.
El
solicitante lo interrogó sobre la forma de obtener
la jimba para limpiar las paredes y techos de su casa, de
polvo, telarañas y otras cosas ocultas en los rincones
de las habitaciones.
Sorprendido
y sintiéndose arrebatado del substancioso bistec
de hígado, “Ibarra” inquirió con
vacilación: ¿pues no me mandastes a desayunar?