En
el patio de “La casa alta”, como le llaman al
edificio mandado a construir por Genaro Alpuche Sierra en
los inicios del siglo XX, y que actualmente es propiedad
de Romeo Canul Bolívar, hay un pozo que era merodeado
por aves de corral en busca del agua recién salida
en cubos de lata.
Una
gallina, en su añejo paso por el lugar, tropezó
sobre el brocal y sus alas no fueron suficientemente ágiles
para alejarla de ahí. Sus dolorosos cacareos provocaron
la urgente intervención del dueño, que buscó
a “Ibarra”. Éste acudió “al
grano”; fácilmente -por su “esbelta”
figura- se introdujo al pozo y sacó viva a la gallina;
la cara que pondría el patrón si aquélla
hubiera muerto dentro del agua.
A
cambio del rescate pidió 10 pesos, que don Abraham
negó y renegó, con el pretexto de que el ave
costaba tres pesos. Entonces, “Ibarra”, quien
repetía constantemente la palabra x’bok’
(mariposa), presumió sus dotes de basquetbolista:
“¡Mira: x’bok’, sin topar arillo!”,
y arrojó al animalito al interior del pozo, sin rozar
parte alguna.
Después
de todo, don Abraham tuvo que desembolsar 20 pesos por el
favor, ya que “Ibarra”, viendo la desesperación
de aquél por recuperar a su gallina, volvió
a entrar al pozo.