Al
concluir la tiendecilla le puso el nombre de “La gran
lucha”; en ella ofrecía panuchos y aguas de
frutas de la temporada.
La
celebración religiosa no reunió a la gente
esperada. Por lo mismo, muy pocos visitantes acudieron al
changarro a consumir alguna vianda o bebida natural.
Ese
fracaso no lo desanimó; a los ocho días, asistió
a los festejos de San Antonio Sahcabchén, a expender
sus productos. Al puesto le llamó “La lucha”.
El
clima no fue benéfico para nadie. Para “Cuco”
fue otro mal fin de semana. Sin embargo, la batalla continuó.
Poco
tiempo después se le vio ambular por calles de Dzitbalché,
pregonando la venta de granizados, a través de una
carretilla de madera a la que le puso el título de
“La luchita”.