Su
figura delgada y morena fue de las primeras en llegar al
campo de béisbol de la Unidad Deportiva “20
de noviembre”, en donde vio jugar a Raúl “Policía”
Osorio, Armando “Torito” Muñoz, Miguel
Pereyra, Crescencio Park, Celestino “Dango”
Collí, Miguel Ángel Herrera, José Becerra,
Juan José Pacho, Justino Delfín, Milton “Tico”
González, Matías Baruch, familia Sánchez,
Braulio Neri, Nelson Barrera, Jaime Orozco, y otros que
vistieron la casaca local.
Como
recompensa a su constante apoyo, los directivos “Cafés”
le otorgaron el derecho de lanzar la primera bola en el
comienzo de la temporada 1998-99. Antes, el 21 de marzo
de 1998, había recibido un diploma de reconocimiento
por ser la aficionada número uno.
Panchita,
nacida el 4 de octubre de 1921, y mayor de nueve hermanos,
fue protagonista de momentos anecdóticos.
El
día en que sufrió un derrame cerebral, sus
parientes la llevaron a Mérida, donde el doctor que
la atendió, luego de verla recuperarse, le preguntó
sobre su preferencia entre “Leones” y “Piratas”,
acérrimos rivales, cuyo favoritismo aún pelean
muchos habitantes de Calkiní, situada entre las ciudades
que alojan a dichas novenas. Su respuesta, aunque ilógica
para el galeno, resultó clara y definitoria para
ella: ¡Yo le voy a los “Cafés”!
Meses
antes de su fallecimiento (el 9 de marzo de 2000), su corazón
había sido lastimado por el deceso de Juan Castillo,
uno de sus tres hijos, a los 34 años de edad.
Otra
muestra de su predilección por “el rey de los
deportes”, se manifestó cuando Rafael, su hijo
mediano, organizaba alguna fiesta infantil, en domingo al
mediodía, por el cumpleaños de sus retoños.
Se
comprometía
a ayudar a preparar los “platillos” que se repartirían.
Sin embargo, la señora lo hacía demasiado
tarde, después de lanzar porras al equipo de sus
amores y maldiciones a las huestes contrarias.