Don Manuel, quien es autodidacta en diversos campos,
comenta que de 1948 a 1950 fue empleado de la
oficina de Correos en Chetumal, Quintana Roo;
de ese lugar pasó a Campeche, donde fue
auxiliar; precisamente en la capital de nuestro
Estado cursó la carrera técnica
de Contabilidad. Su tercera residencia fue Villahermosa,
Tabasco, donde fue jefe, tarea que continuó
en Acapulco, Guerrero, a partir de 1978. En 1984,
se jubiló como Director General de Correos
en ese puerto, teniendo bajo su responsabilidad
a 278 empleados.
A
temprana edad descubrió sus aptitudes artísticas:
dibujar caricaturas, tocar la guitarra y cantar.
Entre los 18 y 19 años, comenzó
a pintar con técnicas diferentes, pastel,
lápiz, acuarela y, sobre todo, el óleo.
Su estilo no está encasillado; así
como pinta toros, paisajes y retratos, también
abstractos.
En
este género, ha expuesto en varios lugares:
la ciudad de Campeche, el ITESCAM y Ferias Culturales
de Calkiní, entre otros. El grupo filantrópico
"Amigos de Acapulco" dio a conocer la
obra de don "Pepe" -como algunos amigos
le llaman-; allí, su maestro fue Ramón
Ramos Barbosa (+), quien le abrió las puertas
de su Galería.
Mijangos
tiene cuadros de profundo contenido, que reflejan
al hombre intenso y de buen humor. Además,
es músico, aficionado a la fotografía,
filatelista, recopilador de frases, citas y refranes
de la picardía mexicana.
Las
canciones son parte de su vida; interpreta a autores
nacionales y locales. Convivió con celebridades,
como Álvaro Carrillo y Pepe Jara, en su
experiencia fuera del terruño, al que volvió
en 1998. Es
maestro en la Casa de Cultura, en un instrumento
de su predilección. Y participa en festivales
de la Sociedad Cultural "Aurora", y
en otras instituciones del municipio.
Su
colección literaria es interesante; en
ella tiene textos propios y ajenos. Un volumen
que aprecia mucho y que tomó el título
de una expresión popular es "De chile,
de dulce y de manteca". Señala que
en dicho ejemplar resalta un cuento sobre el uso
del primer condón, transcrito de una compilación
de Magdalena Mondragón: |
Corría
el mes de junio del año 1818 de nuestra
Era Cristiana cuando llegó a Calkiní,
en el Estado de Yucatán, un subteniente
de las milicias blancas, adscrito a la plaza de
Campeche, llamado don Jerónimo López
de Llergo y Calderón, este personaje traía
entre sus pertenencias cuatro fundas o mochilas,
nombradas condoes o condoces, hechas de piel muy
delgada de carnero, como de un geme de largo y
con cintas en la boquilla para sujetarlas al miembro
viril al tener contacto carnal.
Se
cuenta que el citado militar, una noche sintió
la necesidad de desahogarse sexualmente y conquistó
a una de las hermosas mesticitas de la localidad
para su propósito, después de su
encuentro amoroso regresó a su cuartel
a donde minutos más tarde se presentó
la mesticita con el objeto en mención,
que en las lides amorosas se había desatado,
diciéndole al militar que le devolvía
la piel de su "pichón" que se
había quedado en su parte genital. |