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Opinión de Gumercindo Tun Ku
 
(9 de enero de 2013)

Educación y sociedad

 
 

El hombre, como ser pensante, durante su vida cotidiana es una acumulación continua de informaciones que en muchos de los casos quedan fuera de los planos de conocimientos necesarios para conducirse dentro de la sociedad, aunque podemos decir que la sociedad moderna reconceptualizada como sociedad del conocimiento, por los avances tecnológicos que han trascendido en las últimas décadas, lo justifique.

El mundo actual nada, vuela, navega, como queramos decir en una inmensa y gigantesca red de sistemas en el espacio hipermedia, donde según nos unimos e interactuamos unos con otros en todo el mundo, ¿será? Yo me pregunto, cuando  en realidad estamos solos en medio de muchos, y decimos, cada quien en su propio mundo.

Más bien, parece ser la gestación y parto de un fenómeno de despersonalización de los individuos, que está impactando negativamente en el desarrollo de una verdadera civilización social; el ser humano cada vez tiende a perder su esencia como núcleo de la vida social y ese retroceso ha trastocado la convivencia entre sus iguales, es decir, la vida social es ahora más individual que colectiva, que pudiéramos estar cayendo en un gran dilema, creer vivir en sociedad sin sociedad.

Sin cerrar los ojos, sin ignorar las ventajas que hemos tenido, podemos decir que nuestra sociedad es axiológicamente muy compleja y en muchos de sus aspectos desconcertados. Conviene, sin lugar a dudas, reencausar la vida de la sociedad a través de una educación orientada a la formación del espíritu humano y al ejercicio respetuoso de los valores morales y patrióticos.

Conviene exponer esta cita de Juan Delval: “una reflexión sobre los fines de la educación, es una reflexión sobre el destino del hombre…”.

No basta haber nacido para ser hombre, hay que aprender, nuestra genética nos dota de lo necesario para llegar a ser verdaderamente humanos, pero sólo a través de un aprendizaje en relación con nuestro contexto social lo conseguimos. La educación es el medio, y los actores fundamentales serán siempre los maestros y las escuelas públicas.

 
 

Sabemos bien que un sujeto para poder serlo tiene que vivir, convivir e intercambiar sus sentidos con otros sujetos, nada se logra en la soledad y el aislamiento, así no puede ser ni haber sujeto; de ahí entonces la necesidad de las instituciones y sus funciones educativas.

La tarea actual de las escuelas, resulta complicada, porque ahora luchan contra muchos factores tanto familiares como sociales de los alumnos, sumándose el bombardeo mediático de los medios masivos de comunicación. La sociedad exige mejores personas para reivindicarse, personas formadas con conciencia de socialización democrática capaces de crear una nueva cultura.

Actualmente, la demanda educativa es bastante, misma que desatado la proliferación de escuelas privadas accesibles sólo para los que tienen la solvencia económica, dejando a muchos sin la menor posibilidad; entonces se hace necesario una revisión y un replanteamiento a nuestra política educativa.

Históricamente, la educación, sus fines y objetivos educativos, sociales y éticos, se justificaban desde su existencia y su quehacer; tal parece ahora que se quedan tales preceptos al margen de todo, anteponiendo una rectoría perdida que según se busca recuperar a través de reformas constitucionales. La constante y vertiginosa transformación de la sociedad proyecta nuevas necesidades y es pertinente encontrar el camino más eficiente para la nueva realidad.

Podemos enfatizar, sin el menor rubor, que nunca se podrán monopolizar entonces estas funciones educativas como algunos personajes espontaneistas extraviados, soñadores de simplezas, pretenden, con un cargo pasajero y criterios deformados, olvidando que los cambios sólo podrán hacerse acorde a las aspiraciones de la sociedad en su conjunto.

Entonces, la sociedad del siglo que debemos formar debe estar fundamentada en una política educativa que verdaderamente contribuya a la justicia y a la libertad, con una visión de desarrollo nacional que garantice la igualdad de oportunidades a los grupos mayoritarios y satisfaga las necesidades de la clases minoritarias orientadas siempre a proteger los interés comunes.

La educación es a todas luces el camino que conduce a una sociedad humanamente civilizada.

 
 
 
 
Fuente: Gumercindo Tun Ku, 9 de enero de 2013 / Fotos: Santiago Canto Sosa, 2004 y 2006