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| (28
de enero de 2013) |
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Un carnaval en mi memoria. Santa Cruz Pueblo
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1: "Gallito", grupo de la ciudad de Calkiní, 1962 |
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Se acercan los días de carnaval, pronto veremos y disfrutaremos de la algarabía y la alegría de las entusiastas comparsas que lucirán los más extraordinarios y exuberantes colores en sus vestuarios, al ritmo musical de la salsa, el merengue, la samba o de alguna batucada que contagiarán al público que las mire y admire. Niños, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad volcarán toda su energía en estos días; triciclos y carros alegóricos harán también lo suyo.
Los osos en Nunkiní, los pochobes en Dzitabalché, harán gala cada uno de ellos como todos los años en sus propios espacios, que por mucho tiempo han reclamado y mantenido dentro de estas celebraciones de gozo.
El carnaval de mi pueblo, sé que no está escrito en la historia del municipio, hasta hoy que brevemente mediante estas líneas deseo compartirles; no me baso en ningún trabajo de investigación antropológica, sino en el escudriñar de los estantes de mis recuerdos infantiles, que celosamente, hasta hoy, ha guardado mi mente durante más de cuatro décadas, reforzado en ocasiones por las pláticas de mi madre querida.
Pues bien, aquellos participantes en estas fiestas, todos eran hombres adultos, vestidos con los huipiles de las mujeres, sean de la mamá, la hermana o la esposa, bailaban al ritmo del sonido del tunk’ul, el caracol de mar y una armónica. Comenzaban estos festejos con mucha significación, pues decían los abuelos que si en el pueblo no se jugaba el carnaval, la milpa no iba a producir; razón por la cual los campesinos le daban la mayor de las importancias.
Los días domingo y lunes, las pequeñas calles empolvadas y empedradas, invadidas eran por las comitivas de la animación que visitaban las casas, donde después de sus números les regalaban una taza, ya sea de frijoles ibes o pepitas de calabaza, que después usarían para atender a la gente en la noche de la quema de Juan carnaval.
Con nuestra singular vestimenta, en un pueblo rural cuando se es niño, sólo con el pantalón, sin camisa y descalzos o completamente desnudos los más pequeños, mirábamos desde el patio de la casa, detrás de mamá colgado de su huipil, o los más valientes acechando a través de los huecos de las albarradas, porque teníamos mucho miedo al paso del k`ak`asbal o kisin (demonio) por toda la calle, seguidos de los wàay osos.
Desde lejos se anunciaba su venir, con el sonido de la campana cuadrada que colgaba de su cuello, tan grande era que parecía del tamaño de un árbol ante nuestros ojos, ciclópeo por la fuerza que demostraba al arrastrar una larga cadena sostenida por sus custodios, los boxes, hombres pintados el rostro de color negro de la tiza del carbón; como animal furioso intentaba atacar a los que pasaban cerca de él. |
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2: "Rumberos". Baile de disfraces. Calkiní, 2011 |
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Así, completamente cubierto de costal desde los pies hasta la cara, su aterradora figura se imponía hasta sobre su propia sombra, y si mirábamos detenidamente los grandes y puntiagudos cuernos sobre su cabeza más temor nos invadía.
Es el día martes, cuando este k`ask`abal sale con su corte a pintar, todos los copartícipes sólo con calzoncillos o pantalones cortos y sin camisas, pintados el cuerpo de color azul, andaban en las calles para la tradicional pintadera, usaban ese polvo de añil que hoy sólo se usa para el enjuague del lavado. Es emotivo recordar la esencia de esos momentos de libertad que observábamos en aquel entonces al compararlo con la realidad de hoy, muy lejos de lo que ahora es: una verdadera barbarie, sin el menor sentido de lo que era el carnaval de aquel entonces de mi pueblo.
Estas fiestas se cerraban el miércoles, que a partir de las diez de la mañana salían a pedir la caridad para la “xnuuk” o sea la viuda de Juan carnaval que ha fallecido ya, y en la noche lo han de quemar, un muñeco hecho de costal sentado sobre una silla que cargaban los supuestos hijos; cuando llegaban a las casas comenzaba el drama, el llorar de la viuda, los hijos y los acompañantes, una escena de teatro sin igual de los hombres de campo, siempre recibiendo de los hogares la taza de maíz o de frijol, el dinero no era muy común, la gente del pueblo sabía corresponder.
Por la tarde, en el centro del poblado, debajo del gran árbol de ceiba, se iba concentrando la gente; se ha cercado la pequeña explanada para la corrida de toros, pero primero el del llamado toro petate, una muestra más de ingenio de los campesinos, la figura del animal tejido con bejuco, mismo que se teje para el xuxak (los canastos grandes); la fiesta no perdía su alegría; después, los toros de verdad ante los valientes toreros locales que han adoptado los nombres de sus ídolos, el chino Cámara y Mariano Canto.
Con el maíz, las pepitas y los frijoles que recibieron como pago durante los días anteriores, una parte vendían; con el dinero se contrataba un equipo de sonido que entrada la noche comenzaba a tocar, tomando corriente de un acumulador porque de estos tiempos que hablo no había llegado la corriente eléctrica al pueblo. Debajo del árbol de almendra se encendían fogatas y se ponían varias pailas de agua para el café que se repartía entre los asistentes; el tocadiscos amenizaba el baile con Juan carnaval; así, entre café caliente, música y alegría, llegaba la medianoche.
Incendian a Juan ante la presencia del pueblo, entre los gritos de euforia, regocijo y algarabía, mientras el cuerpo inerte ardía en llamas, pasaban corriendo, saltando una y otra vez, desafiando el fuego del rito de purificación. Para calmar los espíritus del sonido del tunk`ul, en sus lengüetas se le daba de beber atole de masa caliente, porque si no, según decían, todas las noches se oirán sus sonidos asustando a la gente.
La modernidad ha absorbido considerables aspectos de nuestras tradiciones, las que todavía prevalecen han sufrido muchas modificaciones, trastocando sus esencias culturales que le daban la identidad a un pueblo; ahora, sólo quedan en poca memoria colectiva de aquella generación, como riqueza intangible. |
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3: "Osos". Bando Tradicional. Concurso de Carros y Triciclos Alegóricos. Calkiní, 2012 |
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| Fuente:
Gumercindo Tun Ku, 28 de enero de 2013 / Foto 1: proporcionada por Narciso Cuevas Flores.- Fotos 2 y 3: Santiago Canto Sosa, 2011 y 2012 |
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