Podemos creer en alcanzar un mundo mejor, un país totalmente transformado, una sociedad en donde la equidad y la justicia social dejen de ser los paradigmas eternos de la política; los gobiernos hacen sus tareas, las instituciones crean sus propios programas, sin embargo, algo no está permitiendo que esto ocurra, bien podrían ser el anacronismo de los mismos, el diagnóstico estadístico manipulado, el burocratismo y la demagogia imperante encima de las acciones reales y, sobre todo, la nula o poca participación de nosotros como entes de la sociedad misma.
La sociedad del consumismo nos engulle, las tecnologías mal aplicadas nos ponen barreras para la buena comunicación, cuando debían ser todo lo contrario; observamos a una niñez y una adolescencia inmersas en un status de precocidad muy alejados de una vida familiar integral, jóvenes que han dejado a un segundo término los proyectos personales con visión futurista y progresista, que yacen estancados en un estatismo, dejando que la inercia de la vida misma los conduzcan; son algunos de los aspectos multifactoriales que podemos mencionar que nos impiden avanzar.
Llegar a los propósitos que mencionamos al principio, tiene que comenzar con nosotros mismos, en nosotros mismos; si cuidamos nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu, indudablemente seremos mejores, siendo así posible, aspirar a mejorar nuestros alrededores, por ende nuestras vidas comunitarias; probablemente algunos piensen que estamos de extremo a extremo con el primer planteamiento, mas no es así, están vinculados completamente.
Diariamente al amanecer todos nos enfrentamos a una vida social; es importantísimo considerarlo como un conducto para nuestros propios propósitos; la familia, el trabajo, el ambiente y los momentos de ocio, podemos considerarlos como la cruz del equilibrio. Nuestras acciones siempre tienen consecuencias y quizás no estemos considerándolas así, sería una venda más que nos encierra a la realidad.
Lamentamos las injusticias, las marginaciones, las violencias que se desatan a diario, pero más lamentamos cuando sucede un suicidio, ya que va tomado la sociedad otro rumbo, si continúa creciendo como un problema de salud pública, lejos estaríamos de ser un mundo mejor. Podemos plantearnos la interrogante muy común ¿qué estamos haciendo? Es personal la respuesta, y si se acompaña de la acción, formidable.
Nuestra generación esta demasiada avanzada, no podemos retroceder aunque quisiéramos, vivimos un mundo extremadamente agitado, acelerado, sobrecargado de vicios, inyectándose cada vez más, una sobredosis de estimulaciones visuales e informacionales; no es que yo esté en contra de las tecnologías de la comunicación, y tampoco es la primera vez que lo menciono, pero cuando nos absorben facebook, los video juegos y la televisión, es un foco rojo; hagamos un alto y reflexionemos, a lo mejor un libro pudiera ser un recurso alternativo.
Quizás mientras pueda, seguiré insistiendo que para conseguir un mundo mejor, una sociedad más crítica y más despierta, capaz de saberse conducir y lograr su mejoría, será necesario entender que los valores perdidos en la sociedad, sólo pueden recuperarse en el seno de una familia equilibrada, que la educación vuelva a ser de la casa; no esperen los modernos padres de familia que les sean educados sus hijos en las escuelas, pues en las instituciones se enseñan conocimientos.
Para que dejemos de depender del paternalismo del gobierno a través de sus programas asistenciales, que sirven más para controlar que para ayudar, y no nos permite crecer, mucho menos construir una sociedad más avante, debemos de prepararnos, ser capaces de administrarnos nosotros mismos, en lo profesional, en lo social, en lo familiar y reivindicarnos como seres humanos.
Podemos creer en lograr un mundo mejor. |