Estoy de acuerdo que México necesita de una Reforma Educativa, que niños y jóvenes cada día estén mejores preparados para enfrentar el presente siglo; pero debo aclarar: la reforma que necesitamos debe mejorar la infraestructura educativa en primer término, las condiciones sociales iguales de los educandos, aquella que garantice el mejoramiento profesional de los maestros a través de programas actualizaciones bien definidos, no cursos reciclados, de tener un salario digno como la marca el contexto legal; no ésta que atenta con la seguridad laboral docente, una aberrante guillotina para el cuello del trabajador.
No he visto a estas alturas las bondades que pregona dicha Reforma, al menos no en mi institución, pues no han llegado los recursos de parte del Estado para que maestros, alumnos y padres de familia decidan cómo emplearlo para mejorar las instalaciones, sólo veo incertidumbre y desconcierto entre mis compañeros; lo hemos aclarado en muchas otras ocasiones, no es temor de ser evaluados en cualquiera de la modalidades que conocemos, porque estamos preparados, es la maquiavélica manera de llevar al maestro a enfrentarse al sistema, de tratar de imponer autoridad a través de las amenazas y las coacciones; la actual Reforma es senda oscura hacia lo inevitable, el catastrófico fin de una fuerza laboral y política del magisterio.
Probablemente, muchos iremos a enfrentar ese examen, a demostrar que somos capaces de hacerlo; sin embargo, eso no determina que la sumisión sea nuestra condición, o que la aceptación y reconocimiento de esta acción nefasta del Gobierno esté en el vocabulario del maestro, porque no estamos ciegos, no estamos sordos, mucho menos de poco entendimiento; los maestros de México somos pilares forjados para luchar contra la opresión, y ahí es donde el Gobierno Federal nos quiere detener, para entregar la educación a un modelo privatizador.
No estoy de acuerdo con la violencia, con la toma de edificios públicos que lastiman a la sociedad, sí con la manifestación pacífica como muestra de nuestra inconformidad, para decirle a los señores del pacto por México, y a aquél de mente retrógrada y malsana, que “llueve o truene” hay maestros para defender la Educación Pública. Nuestro hartazgo es vasto, nuestra indignación contra el Estado es muy clara, reprobamos este actual sistema de Gobierno que actúa con máscara de humanitario.
No hay corrientes ideológicas, ni banderas, ni colores, es el sentir del magisterio que mueve los vientos de la inconformidad, de hacerle ver al señor de los Pinos que una verdadera REFORMA EDUCATIVA sólo puede darse con el actuar y aval de los maestros; somos nosotros los que conocemos las debilidades del Sistema Educativo Mexicano.
Señor Presidente, si usted quiere pasar a la historia como el gran reformador, lo está consiguiendo, pero como el gran reformador que le dio en la madre al país. |