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| Calkiní,
2 de mayo de 2014 |
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Monseñor Gonzalo Balmes Noceda (1893-1972). Amor y servicio al prójimo
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| Por
Carlos Fernández Canul |
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Esta vez hablaré sobre la vida de un hombre que al paso de los años dejó una gran huella en la historia de Calkiní, un hombre que se distinguió por tener un carácter fuerte, igual que su voz, pero de un gran corazón humano, caritativo, humilde y defensor de las causas justas; me refiero a Gonzalo Balmes Noceda. Vio la luz primera en la mañana invernal del 10 de enero de 1893, en la casa marcada con el número 64 de la calle 20 de esta ciudad; sus padres fueron Crisanto Balmes y Genera Noceda. |
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Desde muy pequeño desempeñó varios oficios como ventero de pan, tamales, etc., demostrando dotes de humildad y servicio.
Realizó sus estudios de educación primaria en la escuela “Mateo Reyes” de esta ciudad, pero las enseñanzas del padre y Lic. Francisco García Fernández le inculcaron la vocación que más tarde lograría al continuar sus estudios para sacerdote, en la ciudad de Nueva Orleans, ordenándose el 25 de junio de 1918, cantando su primera misa el 30 de junio del mismo año en la Catedral de san Patricio de la mencionada ciudad americana.
Se desempeñó en diferentes partes de nuestro país llevando la palabra de Cristo, recorrió las montañas de los Chenes y otros lugares, el 20 de mayo de 1925 se hace cargo de la parroquia de este lugar.
Durante la persecución religiosa estuvo en Campeche. En 1929 regresa para recibir la parroquia de San Luis Obispo, de manos del Pbro. Lorenzo García Ortega (oficialmente fue en 1931); en aquel entonces encontró un templo en ruinas, iniciando un gran trabajo de restauración, como el techado de algunas piezas del templo y ex convento, hasta dotar al templo de su propia planta de energía eléctrica, mucho antes que en la ciudad.
En 1945 constituye el Comité Pro-mejoras del templo, y se logra enladrillar por vez primera todo el piso del recinto, así como pintura general y construcción del “Primer Altar de mármol y granito”, mismo que fue consagrado por el Dr. Alberto Mendoza y Bedolla(+), Obispo de Campeche, el 3 de julio de 1952. |
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SU AMOR AL TRABAJO Y SERVICIO |
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En aquel entonces, la jurisdicción abarcaba todas las poblaciones del municipio, por lo que el recorrido lo hacía al trote de su caballo, éste de color blanco; así, bajo las inclemencias del clima, iba impartiendo la doctrina de Cristo.
Grande fue la obra del padre Gonzalo, como cariñosamente se le conocía. Todas las mañanas oficiaba la misa a las 6:00 A.M.; primero, iniciaba su ritual acostumbrado: “orando y cantando al Creador por haber visto un nuevo día”.
Gratos recuerdos acuden a mi mente cuando de pequeños recibíamos el Catecismo en los frescos salones del edificio; tenía la sonrisa a flor de labio y se distinguía en sus homilías por sus kilométricos sermones, éstos los impartía en el púlpito del templo (por cierto es una joya artística); ahí, con voz fuerte, arengaba a todos; Eran tan largos que a veces la gente se dormía, dueño de una potente voz, que retumbaba en las paredes del templo, de ahí de manera fuerte arengaba a todos, eran tan largos que a veces los feligreses se dormían, en aquel tiempo las misas todavía eran en latín.
Motivo de alegría era cuando festejaba su cumpleaños (el 10 de enero). Le gustaba que le cantaran “Las mañanitas”; organizaba sus fiestas en cualquier finca de la ciudad. Como niño, rompía sus piñatas, recogiendo dulces junto con los pequeños. No podía la música de trova. Por las noches, los grupos católicos le ofrecían una “velada-festival”, ésta se realizaba en la plazuela del ex convento en un viejo teatro, el cual ahora lleva su nombre.
Recuerdo con nostalgia las Semanas Santas, en donde se montaba un gran espectáculo; él las organizaba con mucha gente que se encargaban de todo; esto lo comenté en un (trabajo publicado el 8 de abril del 2001). |
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| DEMOSTRÓ SU GRAN ALTRUISMO HUMANO |
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Una acción que lo distinguió y que ningún sacerdote lo ha hecho: realizaba sus recorridos por todos los pueblos del municipio, porque así correspondía la jurisdicción de la parroquia. Ahí palpó la miseria, el hambre, enfermedades, etc., por lo que de ahí le nace una verdadera labor humana. A los niños pobres los traía a estudiar en la cabecera municipal; les proporcionaba alimentos, vestido y educación (claro que éstos realizaban la limpieza del templo, jardines, patios, cuidado de la huerta que tenía dentro de los patios del inmueble, de ahí cosechaban las frutas para su consumo). De aquí salieron infinidad de profesionales, que ahora son hombres de bien, unos se quedaron y otros emigraron hacia otros lugares. |
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| DOÑA DOLITA SU FIEL COCINERA |
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Una ancianita llamada Dolita fue su fiel cocinera hasta el día de su muerte; la cocina se ubicaba en el lado poniente del edificio, cerca de un gran aljibe donde almacenaban agua de lluvia (actualmente lo ocupa la Orden de las Madres Clarisas). La cocina siempre se encontraba limpia, no faltaban tercios de leña, sacos de carbón, gallinas, cerdos que se criaban en los grandes patios. |
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| PRIMER CONGRESO EUCARÍSTICO |
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Con motivo de los 400 años de la fundación del templo de San Luis Obispo (1561-1961), se conmemoraron las Fiestas que alcanzaron gran esplendor, para lo cual organizó un atractivo programa de actividades, donde asistieron grandes personalidades eclesiásticas de aquel tiempo, como el Exc. Arzobispo de Yucatán. Dr. Fernando Ruiz Solórzano(+); el Obispo de Campeche, Dr. Alberto Mendoza y Bedolla(+); el Mons. Martín Palmira(+), Vicario General de la Diócesis de Campeche; el Pbro. José Fuentes Castellanos (fallecido trágicamente en ese mismo año -1961-); el ilustre canónigo Don Jaime Domínguez Rivera, conferencista que impartió el tema “La Eucaristía y la familia”. Algunos de estos eventos se realizaron en el cinema “Carvajal” (ya desaparecido); hubo Cantamisa de los diáconos hermanos Nicolás y Florentino Manzanilla y de Fernando Montero Cisneros, Coronación de la imagen de la Virgen de Guadalupe, y otras. Las actividades abarcaron del 19 al 22 de octubre de 1961. |
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| SU DESENLACE |
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Fueron muchos los años que trabajó el bien amado párroco; se palpaba su titánica labor. Un año antes de su viaje sin retorno, durante las actividades de la Semana Santa la enfermedad ya hacía mella en su cansado organismo, siempre al pie de la iglesia. Fue intervenido quirúrgicamente en una clínica de la ciudad de Mérida, Yucatán, de la cual se recuperó totalmente.
Tres emanas antes de su desenlace, recorrió a caballo, como siempre lo hizo, y por última vez, todos los pueblos de su amado Calkiní. Durante la travesía, su caballo se encabritó, botándolo de la cabalgadura, la cual le resultó de fatales consecuencias. Esa tarde, al decir la misa de las 7 de la noche, la concluyó a duras penas, porque se desmayó y fue recluido en su habitación, de la cual no volvió a salir, recibiendo en ese momento infinidad de visitas que estaban pendientes de su estado de salud.
Fueron sus últimos días motivo de incertidumbre; infinidad de fieles rezaban en el templo por su recuperación, cosa que no se logró. Después de corta agonía, entregó su alma al Creador, esto fue en las primeras horas de la primavera del día 27 de abril de 1972. Después de recorrer los pueblos llevando la palabra de Cristo, cual ave cansada, fallecía este gran apóstol: su “misión estaba cumplida”.
Al saberse la fatal noticia, cientos de feligreses lloraron al amado Padre Gonzalo; su cuerpo fue velado en el pasillo central del templo, durante toda la noche y parte del día. El 28 de abril, a las 12 del mediodía, recibió cristiana sepultura en un lugar privilegiado al costado derecho de la Capilla del Santísimo, junto a la imagen del venerado Cristo de la Misericordia (previo permiso que se pidió a las autoridades).
Sus funerales fueron de los más solemnes y concurridos que se tenga memoria; después de una misa de cuerpo presente, un coro de voces entonaba su canto, dando el último adiós al Gran Guía Espiritual de los calkinienses.
Su lápida dice lo siguiente: “Mons. Gonzalo Balmes Noceda. Jesús dijo… el que cree en mí, no morirá eternamente.” ( 27-IV-72).
Calkiní, Campeche 27 de abril de 2014. |
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| Nota: Fue publicado el 28 de abril de 2008, en el periódico “Tribuna de Campeche"). |
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Texto y foto: enviados por Carlos Fernández Canul, el 27 de abril de 2014 |
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