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La Noche de los Osos / Miguel Ángel Suárez Caamal
       
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

¡Claro, Lisandro! ¡Cómo no me acordaba! Ese cabrón tiene que ser. ¡Él persigue a los tíos! Ya recuerdo. Fue hace como quince días cuando el tío Gus se lo platicó a tío Rodrigo. Me puso a despachar y se fueron a la bodega. Logré oír algo. Hay que decírselo a mi papá. Hay que llegar a la casa. ¡Hay que ir, primo! ¡Antes que traigan a mi papá!

¿Pero cómo lo hacems, Berto? ¡No veo cómo...!

Ya veremos. Tenemos que encontrar la manera.

Martes de Carnaval: mucho ruido y contento que parecía anunciar algo. Aunque ya los viejos decían: "Hay que divertirse; esta vida sólo es una". Y precisamente es lo que hacían en Yum-Bé: reír y olvidar en estos días carnestolendos. Y ni se diga en este último.

La gente salía a la calle como piedras que brotaran del suelo. Un griterío de machos encabritados por la espuela del alcohol, se oía junto con la música. Comparsas iba pregonando su despreocupación. Se palpaba que de Yum-Bé el dolor y el llanto fueron exiliados. Martes de Carnaval: el día más esperado. Niño, viejo, joven o mujer ansiaban su llegada. De todos, era el más alegre durante la fiesta carnavalesca del lugar. Martes: noche de risa, música, baile, cerveza y comparsas. Sobre todo las comparsas de osos: osos-hombres, osos-borrachos, osos-niños, osos-jóvenes. Osos y más osos como escapados del monte. Por cualquier lado deambulaban en grupo, solitarios o por parejas. Una pita o saco viejo de henequén servía para confeccionar la piel de estos osos-borrachos, osos-viejos, osos-nilños y osos-hombres que acompañaban a JUAN CARNAVAL en sus últimos minutos de vida.

 
 

(Pero si alguien nos descubre).

(Procuren que no. Además con tanta música y ruido nadien husmeará por aquí.)

(Pero no se olvide luego lo que acordamos.)

(¡Claro, don Chinto! Usted será el mero mero de Yum-Bé. La primera autoridad.

Pero ya saben: No fallen y todo lo tratado será para ustedes.)

(Por qué no mejor adelantamos el día, ¿ja?)

(¡Nada! La ocasión está escogida. Será el martes, que no se olvide. Ustedes saben muy bien que es el día de más gente y bulla durante el Carnaval de Yum-Bé. Eso ayudará para que nadie estorbe.)

(Bueno, así se hará.)

(Si nada hay que aclarar... Bien. Les dejo este "fuertecito" que traje especialmente para cuando llegue el momento.)

 

La tarde chorreaba alegría. El gentío repletaba el pueblo, el palacio municipal y las calles cercanas.

 
 

¡¡VENGAN DIVIERTANSE QUE EL CARNAVAL SE ACABA!! ¡¡HOY ES DIA UNICOOOO!!

 
 
Gritos de comparsas y más de pita henequenera iban y volvían, apretujándose en el mar de gente que inundaba el centro de la población.
 

¡¡A DIVERTIRSE EN ESTE MARTES DE CARNAVAL!!

 
.

¡Déjennos! ¡No estamos borrachos! ¡¿Dónde nos llevan?! ¡Suéltennos! ¡Miren, no puede ser! ¡Están chumados los Suaste! ¡Suéltennos...! ¡Suéltennoooosss!

Osos-hombres, osos-niños, osos-viejos piel de pita henequenera cantaban y bailaban.

 
 

¡¡A GOZAR A BAILAR QUE NUESTRA MUSICA VA A DIVERTIRLES!!...

 
 

El ruido era ensordecedor. La noche se hacía más cerrada y fría.

Lisandro..., Lisandro..., ya nos jodieron. Trajeron a casi todos los tíos.

Pues vámonos. Ya me entumí por agacharme tanto tiempo. Estamos bien escondidos aquí en el patio del palacio, pero no aguanto más.

Ya vistes: es el único lugar donde no buscan. Vamos. Ya es noche. Podremos llegar a mi casa sin que nos vean. Párate. En el camino te diré cómo escaparemos...

 

Shtt..., alguien sale, Berto... Son dos señores que se acercaron a orinar.

Pues mételos; a lo mejor oyeron algo.

Son don Arturo Pereira y don Herminio Rodríguez. Están bien chumados y de por sí son calmados.

Nada Chinto. Trailos o la friega será para nosotros.

Bueno..., tienes razón, Venancio.

 
 
Fuente: La noche de los osos y otros relatos. Miguel Ángel Suárez Caamal. Publicación del H. Ayuntamiento de Calkiní, 1988. 128 páginas. Foto: Santiago Canto Sosa.