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La Noche de los Osos / Miguel Ángel Suárez Caamal
       
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Ebrios y fuera de sí, alzaban y dejaban caer sus machetes para detener a cuanto oso-viejo y oso-nilño pasaba cerca, tratando de encontrar a sus perseguidos...

¡Hijue... tastastastastas!... nuestra san... gre cae... rá so... bre... tastastastas... uste... dessss...................................

Silencio. Un enorme silencio llenó aquel juzgado. Sus paredes y el piso se impregnaron de un gran silencio teñido de rojo. Mientras tanto en el exterior la muchedumbre escapaba como ganado en tropel. De los Suaste sólo quedaron pedazos de carne y astillados huesos. Sobre ellos caían, como relámpagos, un sin fin de tajos de machete.

¡¡Chacchacchacchacchacchacchacchac!!

Llovía inesperadamente y el agua se mezclaba con aquella otra agua roja que chorreaba de los cuerpirrotos osos-hombres.

¡Chacchacchacchacchacchacchacchac!

Al más leve movimiento de algún nervio no muerto aún de los Suaste, caían unio y dos y tres y más machetazos. Y ahí, bajo la lluvia, Juan Carnaval se quedó solo como testigo mudo de aquella inesperada matanza. La gente corría de espanto y asombro al ver cuánto oso-piel de pita henequenera rodaba por el suelo con una boca más grande en el vientre.

Nadie supo por qué machetearon a tanto oso-viejo y oso-niño esa noche del martes. Sólo nosotros lo supimos. Fue algo que no olvidará el pueblo de Yum-Bé. Todos recordarán esa noche de Carnaval: mi padre... Lisandro, mi primo... y yo que también pude escapar y que le cuento eso que fue la noche... de los osos, señor Presidente Municipal. Usted como Presidente tiene que ir a Yum-Bé, señor... ¡Tiene que ir!...

Fue así como los Suaste venimos a vivir acá en la cabecera municipal. Nunca regresamos a Yum-Bé. Ni los que nacimos después de aquella noche de Carnaval. Así me lo contó mi padre hace algunos años. De cuando en cuando el viento del olvido nos bota en Yum-Bé, pero no tardamos allá y volvemos a caminar lo caminado. Es que la sangre de los tíos-abuelos pide venganza y para los Suaste ya pasaron esos tiempos...

 

Ni siquiera

 

 
Hay lugar
para los recuerdos
 
 
Fuente: La noche de los osos y otros relatos. Miguel Ángel Suárez Caamal. Publicación del H. Ayuntamiento de Calkiní, 1988. 128 páginas. Foto: Santiago Canto Sosa.