|
Escuchamos
bastante hoy en día hablar acerca de las
mujeres de éxito; existe también numerosa bibliografía
dedicada a exaltar los méritos de dichas mujeres, escritos
tanto por hombres como por mujeres.
La
mujer de éxito se concibe como una profesionista,
madre amorosa, y otras virtudes. Pero hay que reconocer también
que existen mujeres de éxito que no tienen profesión
o algún título profesional; en este grupo se
encuentran muchas de nuestras madres... o nosotras mismas,
lectoras.
Podemos
preguntarnos ¿cómo le hicieron estas
mujeres para conservar su matrimonio por tantos años?, ¿cómo
educaron a sus hijos para convertirlos en personas productivas
y con valores?, ¿cómo es que siguen siendo el
pilar de una familia? Las respuestas a estas interrogantes
las podemos encontrar si observamos cuidadosamente la vida
de esas mujeres de éxito con profesión o sin
profesión y encontramos que el regalo más grande
es el hecho de ser mujer... de éxito.
Estas
mujeres nunca han tomado el atajo de la facilidad para llegar
al éxito, ni consideran haber tenido golpes de
suerte, trampas o palancas para lograrlo. Ellas se fijan metas
y han trabajado cada momento de su vida para conseguirla, tal
vez necesitaron ayuda de cuantos pudieron tomarla pero ningún
producto de su esfuerzo lograron disfrutarlo sin haberlo deseado
fervientemente y sin haber sudado por alcanzarlo. La actitud
que tomaron hacia la vida es lo que determinó la actitud
de la vida hacia ellas, es decir, estas mujeres tuvieron una
actitud positiva ante la vida, esperaron de la vida lo mejor
y no lo peor.
Mencionaré algunos tips para triunfar, característicos
de las mujeres de éxito.
Nunca es tarde para triunfar y nunca es demasiado
pronto para empezar. El mundo está lleno de personas
grises e inútiles porque pensaron que todavía
era muy pronto para empezar a luchar por conseguir el éxito.
Cualquier momento es el oportuno para empezar.
Hay
que cultivar un intenso deseo de conseguir lo que te has
propuesto: fijar bien y con precisión
la meta que deseas conseguir elaborando un plan claro y concreto
para lograrlo.
Hay que evitar ser una “persona orquesta”. Aunque
te sientas capaz, es recomendable que te especialices en una
sola cosa y aceptes necesitar de los demás en otros
asuntos porque quien desempeña varios oficios no logra
destacarse en ninguno.
Alguien dijo “la felicidad estriba en que te
guste lo que haces y no hacer lo que te gusta”. Muchas personas
llevan una vida triste porque se han dedicado a un oficio que
les desagrada. Si tú estás dedicada a un oficio
que no te agrada es tiempo de cambiar a otro que sí te
agrade, o bien, aprender a encontrarle gusto a lo que estás
haciendo.
No hay que rendirse a la mitad del camino. Hay
infinidad de personas que han dejado a medias el logro de su
meta: matrimonio, trabajo, investigaciones, etc. Los obstáculos
sí son posibles de vencer. Es cuestión de que
te repitas a ti misma: “hay un medio para resolver esta situación” y
los pensamientos positivos brotarán dentro de tu mente
que es una fábrica de soluciones.
Evita la preocupación. Ésta te
hace envejecer más pronto psicológicamente. Te
hace sufrir de indigestión nerviosa, úlceras
estomacales, tensión muscular y otras enfermedades que
te debilitan. Ocúpate en el momento preciso de las cosas,
un día cada día. No pases el puente antes de
llegar a él.
Búscale el lado bueno a la vida. Este
ejemplo te ayudará: al presentarles un vaso de agua
hasta la mitad a dos personas, el optimista se alegra por ese
medio vaso de agua que le regalan pero el pesimista se entristece
por la otra mitad que le falta.
Para progresar en el avance hacia la meta hay
que sumar realizaciones pequeñas, cada paso, aunque
parezca pequeño, es un acercamiento para lograr el éxito.
No dejes un solo día sin hacer algo a favor de la meta
que te has propuesto y cuando menos te lo esperes la habrás
alcanzado.
A
veces aunque andes por la vida con una actitud optimista,
se te presentan adversidades que tienes que superar. Pero
ten cuidado porque algunas de esas adversidades no son más
que pretextos o excusas:
La excusa de la falta de inteligencia. Subestimas
tu propio poder cerebral y crees que los que triunfan tienen
una inteligencia superior. Renuncias a emprender obras importantes
y luego viene otra persona que no es más inteligente
que tú, pero que si se atreve, que no tiene miedo y
hace esas obras y triunfa.
La excusa de la salud. Es una mala costumbre
hablar mal de la salud. Mientras más hables de tus achaques,
más se te agravan y eso aburre a la gente que te rodea.
Pareces una persona centrada en ti misma; captarás algo
de compasión pero ninguna admiración. Cuando
te pregunten: ¿cómo estás? contesta con
alegría “muy bien, gracias a Dios”. Esto te hará sentirte
sana y ese pensamiento alegre te fortificará.
La excusa de la edad. La edad está en
la mente, tienes la edad que crees tener. Créete joven
y te sentirás joven y actuarás como joven. Solamente
será demasiado tarde cuando tú pienses que ya
es demasiado tarde para actuar.
La excusa de la suerte. La suerte no existe,
sino un trabajo cuidadosamente planeado y pacientemente ejecutado.
No busques suerte en los que han triunfado, busca las causas
que han producido el éxito: preparación, planeación,
optimismo, lucha.
Destruye el miedo. El temor es el enemigo número
uno de tu éxito. Te impide aprovechar las oportunidades
de triunfar. Al miedo lo destruye la confianza y toda confianza
es adquirida. Tú adquieres la confianza haciendo cosas
que van contra lo que temes.
A veces se pierde y a veces se gana. Los que
ahora triunfan, han sido frustrados por situaciones de pérdidas
pero se levantaron y siguieron luchando. Empezaron perdiendo
diez años de ahorros en los primeros meses de negocios,
pero en vez de llorar , se dijeron: “con esto estoy aprendiendo”.
Supieron sacar provecho de las adversidades utilizándolas
como oportunidades para mejorar.
Obtener de cada día lo mejor. Tomás
Moro decía: “nosotros tenemos la costumbre de escribir
en mármol las ofensas que nos hacen, y en arena los
favores que recibimos”. Durante el día recibes más
favores que ofensas y a veces te amargas el día por
un incidente sin importancia y olvidas las cosas maravillosas
que has recibido desde que abriste los ojos esa mañana:
estás viva; y muchas otras cosas que te salen bien.
Perdonar y olvidar. No contentarte con perdonar
y luego pasarte la vida mascullando la ofensa. Quien te ofendió debe
llegar al convencimiento de que olvidaste por completo la ofensa
que te hizo, pero si dentro de ti sigue abierta la herida,
actúa, por lo menos, como si nada hubiera pasado. Recuerda
que tú también pudiste haber ofendido a alguien
y debes reconocer tus errores y tener la suficiente humildad
para decirlo. El pedir perdón es algo que impresiona
a la gente y te atraerá afecto y estima.
Si quieres tener éxito, no debes cansarte
de tratar de conseguirlo. Si después de mil pasos sigues
fracasando, da un paso más, porque el éxito puede
estar escondido ahí en la siguiente curva del camino.
Un paso no cuesta mucho. No te canses de buscar el éxito
porque para ti fue hecho y tienes que alcanzarlo.
Por último, debes tener una total confianza
en Dios y en ti misma, tener conciencia clara, voluntad firme,
corazón bondadoso, modales simpáticos, buen carácter,
ponerte en el lugar del prójimo, cultivar la simpatía,
animar, corregir con cariño, no prescindir de nadie
por sus defectos, dar confianza y mostrarte agradecida. |