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(16 de septiembre de 2006)
 
Cómo ser una mujer de éxito // Alma Sandoval Valenzuela
 

Escuchamos bastante hoy en día hablar acerca de las mujeres de éxito; existe también numerosa bibliografía dedicada a exaltar los méritos de dichas mujeres, escritos tanto por hombres como por mujeres.

La mujer de éxito se concibe como una profesionista, madre amorosa, y otras virtudes. Pero hay que reconocer también que existen mujeres de éxito que no tienen profesión o algún título profesional; en este grupo se encuentran muchas de nuestras madres... o nosotras mismas, lectoras.

Podemos preguntarnos ¿cómo le hicieron estas mujeres para conservar su matrimonio por tantos años?, ¿cómo educaron a sus hijos para convertirlos en personas productivas y con valores?, ¿cómo es que siguen siendo el pilar de una familia? Las respuestas a estas interrogantes las podemos encontrar si observamos cuidadosamente la vida de esas mujeres de éxito con profesión o sin profesión y encontramos que el regalo más grande es el hecho de ser mujer... de éxito.

Estas mujeres nunca han tomado el atajo de la facilidad para llegar al éxito, ni consideran haber tenido golpes de suerte, trampas o palancas para lograrlo. Ellas se fijan metas y han trabajado cada momento de su vida para conseguirla, tal vez necesitaron ayuda de cuantos pudieron tomarla pero ningún producto de su esfuerzo lograron disfrutarlo sin haberlo deseado fervientemente y sin haber sudado por alcanzarlo. La actitud que tomaron hacia la vida es lo que determinó la actitud de la vida hacia ellas, es decir, estas mujeres tuvieron una actitud positiva ante la vida, esperaron de la vida lo mejor y no lo peor.

Mencionaré algunos tips para triunfar, característicos de las mujeres de éxito.

•  Nunca es tarde para triunfar y nunca es demasiado pronto para empezar. El mundo está lleno de personas grises e inútiles porque pensaron que todavía era muy pronto para empezar a luchar por conseguir el éxito. Cualquier momento es el oportuno para empezar.

•  Hay que cultivar un intenso deseo de conseguir lo que te has propuesto: fijar bien y con precisión la meta que deseas conseguir elaborando un plan claro y concreto para lograrlo.

•  Hay que evitar ser una “persona orquesta”. Aunque te sientas capaz, es recomendable que te especialices en una sola cosa y aceptes necesitar de los demás en otros asuntos porque quien desempeña varios oficios no logra destacarse en ninguno.

•  Alguien dijo “la felicidad estriba en que te guste lo que haces y no hacer lo que te gusta”. Muchas personas llevan una vida triste porque se han dedicado a un oficio que les desagrada. Si tú estás dedicada a un oficio que no te agrada es tiempo de cambiar a otro que sí te agrade, o bien, aprender a encontrarle gusto a lo que estás haciendo.

•  No hay que rendirse a la mitad del camino. Hay infinidad de personas que han dejado a medias el logro de su meta: matrimonio, trabajo, investigaciones, etc. Los obstáculos sí son posibles de vencer. Es cuestión de que te repitas a ti misma: “hay un medio para resolver esta situación” y los pensamientos positivos brotarán dentro de tu mente que es una fábrica de soluciones.

•  Evita la preocupación. Ésta te hace envejecer más pronto psicológicamente. Te hace sufrir de indigestión nerviosa, úlceras estomacales, tensión muscular y otras enfermedades que te debilitan. Ocúpate en el momento preciso de las cosas, un día cada día. No pases el puente antes de llegar a él.

•  Búscale el lado bueno a la vida. Este ejemplo te ayudará: al presentarles un vaso de agua hasta la mitad a dos personas, el optimista se alegra por ese medio vaso de agua que le regalan pero el pesimista se entristece por la otra mitad que le falta.

•  Para progresar en el avance hacia la meta hay que sumar realizaciones pequeñas, cada paso, aunque parezca pequeño, es un acercamiento para lograr el éxito. No dejes un solo día sin hacer algo a favor de la meta que te has propuesto y cuando menos te lo esperes la habrás alcanzado.

A veces aunque andes por la vida con una actitud optimista, se te presentan adversidades que tienes que superar. Pero ten cuidado porque algunas de esas adversidades no son más que pretextos o excusas:

•  La excusa de la falta de inteligencia. Subestimas tu propio poder cerebral y crees que los que triunfan tienen una inteligencia superior. Renuncias a emprender obras importantes y luego viene otra persona que no es más inteligente que tú, pero que si se atreve, que no tiene miedo y hace esas obras y triunfa.

•  La excusa de la salud. Es una mala costumbre hablar mal de la salud. Mientras más hables de tus achaques, más se te agravan y eso aburre a la gente que te rodea. Pareces una persona centrada en ti misma; captarás algo de compasión pero ninguna admiración. Cuando te pregunten: ¿cómo estás? contesta con alegría “muy bien, gracias a Dios”. Esto te hará sentirte sana y ese pensamiento alegre te fortificará.

•  La excusa de la edad. La edad está en la mente, tienes la edad que crees tener. Créete joven y te sentirás joven y actuarás como joven. Solamente será demasiado tarde cuando tú pienses que ya es demasiado tarde para actuar.

•  La excusa de la suerte. La suerte no existe, sino un trabajo cuidadosamente planeado y pacientemente ejecutado. No busques suerte en los que han triunfado, busca las causas que han producido el éxito: preparación, planeación, optimismo, lucha.

•  Destruye el miedo. El temor es el enemigo número uno de tu éxito. Te impide aprovechar las oportunidades de triunfar. Al miedo lo destruye la confianza y toda confianza es adquirida. Tú adquieres la confianza haciendo cosas que van contra lo que temes.

•  A veces se pierde y a veces se gana. Los que ahora triunfan, han sido frustrados por situaciones de pérdidas pero se levantaron y siguieron luchando. Empezaron perdiendo diez años de ahorros en los primeros meses de negocios, pero en vez de llorar , se dijeron: “con esto estoy aprendiendo”. Supieron sacar provecho de las adversidades utilizándolas como oportunidades para mejorar.

•  Obtener de cada día lo mejor. Tomás Moro decía: “nosotros tenemos la costumbre de escribir en mármol las ofensas que nos hacen, y en arena los favores que recibimos”. Durante el día recibes más favores que ofensas y a veces te amargas el día por un incidente sin importancia y olvidas las cosas maravillosas que has recibido desde que abriste los ojos esa mañana: estás viva; y muchas otras cosas que te salen bien.

•  Perdonar y olvidar. No contentarte con perdonar y luego pasarte la vida mascullando la ofensa. Quien te ofendió debe llegar al convencimiento de que olvidaste por completo la ofensa que te hizo, pero si dentro de ti sigue abierta la herida, actúa, por lo menos, como si nada hubiera pasado. Recuerda que tú también pudiste haber ofendido a alguien y debes reconocer tus errores y tener la suficiente humildad para decirlo. El pedir perdón es algo que impresiona a la gente y te atraerá afecto y estima.

•  Si quieres tener éxito, no debes cansarte de tratar de conseguirlo. Si después de mil pasos sigues fracasando, da un paso más, porque el éxito puede estar escondido ahí en la siguiente curva del camino. Un paso no cuesta mucho. No te canses de buscar el éxito porque para ti fue hecho y tienes que alcanzarlo.

•  Por último, debes tener una total confianza en Dios y en ti misma, tener conciencia clara, voluntad firme, corazón bondadoso, modales simpáticos, buen carácter, ponerte en el lugar del prójimo, cultivar la simpatía, animar, corregir con cariño, no prescindir de nadie por sus defectos, dar confianza y mostrarte agradecida.

 
 
Fuente: Texto enviado desde Cárdenas, Tabasco