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(9 de mayo de 2006)
 
Ese ser vulnerable llamado madre / Ernesto Rodríguez Moguel
 

Siempre que pensamos en la imagen de una madre, viene a nuestra mente aquella mujer virtuosa, amorosa, benevolente, paciente, prudente, llena de éstas y muchas otras virtudes. Pero me pregunto: ¿Cuántas de estas mujeres cumplen con ése modelo de madre? ¿En verdad las madres son siempre ejemplos a seguir? ¿Cuántas hay que ostentan el título como un trofeo, sin ser merecedoras a ello?

La madre ha sido durante siglos aquella imagen que nadie se atreve a manchar, criticando o juzgando, y si así fuera, se corre el riesgo de ser señalado como el peor de los hijos. Es que la madre, en nuestra sociedad representa aquella figura a la que no le es permitido cometer errores, la que lleva consigo de por vida el estigma de la perfección, olvidando en muchas ocasiones que es una madre humana, y por lo tanto vulnerable.

Recuerdo las palabras que en una ocasión dijera un amigo: "Tú puedes pensar que cualquier persona sea capaz de cometer actos indignos, bajos o perversos, pero tu madre NO, ella es sagrada". La figura materna, por su conducta afectiva (entendida la afectividad como el conjunto de sentimientos e impulsos emotivos que sitúan al hombre ante las cosas y las personas) se refleja casi siempre en los sentimientos del niño. Es ella la que le ayuda a configurar una relación adecuada de rechazo o de aceptación hacia todo lo que le rodea.

La unión del niño con el desconocido mundo en que se encuentra inmerso, se efectúa a través de su todavía incipiente afectividad. Su desarrollo será consecuencia de las relaciones con su madre que es quien lo introduce en el mundo exterior. Imagínense si estas madres son indiferentes, frías, o bien, cargadas de ternura; de ello dependerá que se conviertan en puente de seguridad o de inseguridad para la vida adulta de su hijo.

¡Qué responsabilidad tan grande tiene una madre! Y saber que los problemas emocionales de algunos adolescentes se asocian con el hecho de haber tenido una figura materna inadecuada en los primeros años de la infancia, en especial en los primeros dieciocho meses de vida. Y si ésta falta de amor continúa, el niño puede crecer con raíces de amargura muy fuertes y pueden ser incapaces de sentir felicidad, pena o hasta remordimiento.

La madre “fría”

Existen infinidad de personas que les ha tocado vivir con una madre "fría, distante, incomunicada". Aún cuando parezca inconcebible hay madres que demuestran "frialdad" hacia sus hijos manifestada en conductas de la vida diaria.

Son aquellas que en días fríos y lluviosos prefieren permanecer cómodamente en su hogar, antes que llevar a sus hijos a la escuela (teniendo un coche último modelo a la puerta), las que no acuden al llamado de los maestros porque "la cita coincide con el horario de los aeróbicos", o las que abandonan a sus hijos, viviendo en sitios diferentes. Así, el problema podrá ofrecer distintas modalidades y expresarse de diferentes maneras, pero se concreta como manifestación de falta de afecto.

En algunas oportunidades, esas madres pretenderán explicar su actitud sosteniendo que su hijo o hija "tienen que hacerse hombre o mujer", para lo cual nada mejor que dejarlos arreglarse solos. Es el caso del pequeño que pide de comer y se le niega "para que aprenda", enviándolo a la cocina a preparar "lo que pueda". O el de la adolescente que insinúa una búsqueda afectiva, llamando la atención con conductas inadecuadas en la escuela, recibiendo como respuesta: "ya eres lo suficientemente grande para saber lo que haces".

Otras veces es la ignorancia la que encubre la frialdad de las madres: "yo no sé". Y ese "yo no sé" cae como una pesada cortina que cierra todas las posibilidades de comunicación entre madre-hijo(a).

Algunas madres, que se sienten íntimamente culpables de la falta de afecto hacia el hijo, incurren en la sobreprotección, como una forma de sustituirlo. Aunque inconscientemente, producen así una imagen tremenda y amenazadora del mundo, incompatible con la existencia de relaciones cálidas y amorosas. Existen muchas otras modalidades de desafecto, como las que suelen ocultarse bajo el pretexto de "normas morales", que impiden abrazar y besar a sus hijos, o la que se evidencia en la madre "ocupada", sin tiempo "para esas cosas", que son en realidad el contacto directo, físico y espiritual con ellos.

Una madre capaz

¿Qué hay detrás del comportamiento de una madre? ¿Qué factores determinan la conducta para con sus hijos? ¿Cuántas recuerdan que antes de ser madres eran simplemente mujeres? Si bien es cierto que el papel de madre es irrenunciable, también lo es el hecho de continuar siendo mujer. El simple hecho de aceptarlo, pero sobre todo de asimilarlo, permitirá combinar ambos roles, sin deterioro de alguno de ellos. Cierto es que en la sociedad actual cuesta más lograrlo, debido a las múltiples actividades que hoy en día realiza la mujer.

Formar "buenos hijos", requiere mayor esfuerzo que hace 50 años, mas ello no significa que no sea posible lograrlo. La buena madre no sabe explicar cómo cría a sus hijos; lo hace con el corazón y no sólo con el cerebro.

Algunos de los rasgos que permiten a una madre cumplir con el objetivo de criar hijos física y mentalmente sanos son:

  • No depender de la literatura psicológico-educativa. Resulta innegable aceptar que las investigaciones en torno a la conducta humana han sido de gran ayuda, mas pretender seguirlas al pie de la letra sería un error. Un hijo no es una receta de cocina que se prepara teniendo a la mano los ingredientes y mezclándolos en forma secuenciada. La intuición maternal y el amor nunca podrán ser sustituidos por la literatura más erudita.
  • Haber tenido generalmente una infancia feliz. Quien ha tenido una buena infancia no intenta compensar en sus hijos las deficiencias que sufrió en la propia. Acepta a éstos como entes individuales que cumplen su propio desarrollo y no como una reedición de la madre en la que pretenden implantarse situaciones y costumbres que posiblemente no sientan ni necesiten.
  • Comunicarse con sus hijos en forma fácil y natural. Los hijos requieren pautas claras de conducta. Las madres que se quejan de la incomprensión de los hijos, que se les escucha decir "no te importa todo lo que he sacrificado por ti", suelen ser personas con problemas interpersonales, difíciles de entender y ser entendidas.
  • No sobrevalorar su profesión o trabajo. Ninguna "carrera" es tan importante y valiosa como la de ser madre. Biológicamente no hay quien reemplace, frente al hijo, a quien lo ha engendrado. Poner en primer término el trabajo significará que su cosecha se dará en ese terreno. Si es eso lo que pretende, ¡Adelante! Se puede ser una profesionista o trabajadora exitosa sin renunciar a criar un hijo con amor.
  • Madres buenas igual a hijos sanos. Una madre que no ejerce su rol con amor incondicional encontrará problemas en determinados períodos de sus hijos difíciles y hasta inmanejables.
  • Ser madre es algo que sólo se comprende siéndolo. Es por ello, que sólo quienes poseen este maravilloso don, sabrán penetrar en su interior y juzgar cuál es el papel que están desempeñando frente a la vida.
 
Fuente: Texto enviado por el autor, desde Cárdenas, Tabasco