Siempre
que pensamos en la imagen de una madre, viene a nuestra mente
aquella mujer virtuosa, amorosa, benevolente, paciente, prudente,
llena de éstas y muchas otras virtudes. Pero
me pregunto: ¿Cuántas de estas mujeres cumplen
con ése modelo de madre? ¿En verdad las madres
son siempre ejemplos a seguir? ¿Cuántas hay que
ostentan el título como un trofeo, sin ser merecedoras
a ello?
La
madre ha sido durante siglos aquella imagen que nadie se
atreve a manchar, criticando o juzgando, y si así fuera,
se corre el riesgo de ser señalado como el peor de los
hijos. Es que la madre, en nuestra sociedad representa aquella
figura a la que no le es permitido cometer errores, la que
lleva consigo de por vida el estigma de la perfección,
olvidando en muchas ocasiones que es una madre humana, y por
lo tanto vulnerable.
Recuerdo
las palabras que en una ocasión dijera un
amigo: "Tú puedes pensar que cualquier persona
sea capaz de cometer actos indignos, bajos o perversos, pero
tu madre NO, ella es sagrada". La figura materna, por
su conducta afectiva (entendida la afectividad como el conjunto
de sentimientos e impulsos emotivos que sitúan al hombre
ante las cosas y las personas) se refleja casi siempre en los
sentimientos del niño. Es ella la que le ayuda a configurar
una relación adecuada de rechazo o de aceptación
hacia todo lo que le rodea.
La
unión del niño con el desconocido mundo en
que se encuentra inmerso, se efectúa a través
de su todavía incipiente afectividad. Su desarrollo
será consecuencia de las relaciones con su madre que
es quien lo introduce en el mundo exterior. Imagínense
si estas madres son indiferentes, frías, o bien, cargadas
de ternura; de ello dependerá que se conviertan en puente
de seguridad o de inseguridad para la vida adulta de su hijo.
¡Qué responsabilidad tan grande tiene una madre!
Y saber que los problemas emocionales de algunos adolescentes
se asocian con el hecho de haber tenido una figura materna
inadecuada en los primeros años de la infancia, en especial
en los primeros dieciocho meses de vida. Y si ésta falta
de amor continúa, el niño puede crecer con raíces
de amargura muy fuertes y pueden ser incapaces de sentir felicidad,
pena o hasta remordimiento. La
madre “fría”
Existen
infinidad de personas que les ha tocado vivir con una madre "fría, distante, incomunicada".
Aún cuando parezca inconcebible hay madres que demuestran "frialdad" hacia
sus hijos manifestada en conductas de la vida diaria.
Son
aquellas que en días fríos y lluviosos prefieren
permanecer cómodamente en su hogar, antes que llevar
a sus hijos a la escuela (teniendo un coche último modelo
a la puerta), las que no acuden al llamado de los maestros
porque "la cita coincide con el horario de los aeróbicos",
o las que abandonan a sus hijos, viviendo en sitios diferentes.
Así, el problema podrá ofrecer distintas modalidades
y expresarse de diferentes maneras, pero se concreta como manifestación
de falta de afecto.
En
algunas oportunidades, esas madres pretenderán explicar
su actitud sosteniendo que su hijo o hija "tienen que
hacerse hombre o mujer", para lo cual nada mejor que dejarlos
arreglarse solos. Es el caso del pequeño que pide de
comer y se le niega "para que aprenda", enviándolo
a la cocina a preparar "lo que pueda". O el de la
adolescente que insinúa una búsqueda afectiva,
llamando la atención con conductas inadecuadas en la
escuela, recibiendo como respuesta: "ya eres lo suficientemente
grande para saber lo que haces".
Otras
veces es la ignorancia la que encubre la frialdad de las
madres: "yo no sé". Y ese "yo no
sé" cae como una pesada cortina que cierra todas
las posibilidades de comunicación entre madre-hijo(a).
Algunas
madres, que se sienten íntimamente culpables
de la falta de afecto hacia el hijo, incurren en la sobreprotección,
como una forma de sustituirlo. Aunque inconscientemente, producen
así una imagen tremenda y amenazadora del mundo, incompatible
con la existencia de relaciones cálidas y amorosas.
Existen muchas otras modalidades de desafecto, como las que
suelen ocultarse bajo el pretexto de "normas morales",
que impiden abrazar y besar a sus hijos, o la que se evidencia
en la madre "ocupada", sin tiempo "para esas
cosas", que son en realidad el contacto directo, físico
y espiritual con ellos. Una madre capaz
¿Qué hay detrás del comportamiento de
una madre? ¿Qué factores determinan la conducta
para con sus hijos? ¿Cuántas recuerdan que antes
de ser madres eran simplemente mujeres? Si bien es cierto que
el papel de madre es irrenunciable, también lo es el
hecho de continuar siendo mujer. El simple hecho de aceptarlo,
pero sobre todo de asimilarlo, permitirá combinar ambos
roles, sin deterioro de alguno de ellos. Cierto es que en la
sociedad actual cuesta más lograrlo, debido a las múltiples
actividades que hoy en día realiza la mujer.
Formar "buenos hijos", requiere mayor esfuerzo que
hace 50 años, mas ello no significa que no sea posible
lograrlo. La buena madre no sabe explicar cómo cría
a sus hijos; lo hace con el corazón y no sólo
con el cerebro.
Algunos
de los rasgos que permiten a una madre cumplir con el objetivo
de criar hijos física y mentalmente sanos
son:
- No
depender de la literatura psicológico-educativa. Resulta
innegable aceptar que las investigaciones en torno
a la conducta humana han sido de gran ayuda, mas
pretender seguirlas al pie de la letra sería un error. Un hijo no es una
receta de cocina que se prepara teniendo a la mano los ingredientes
y mezclándolos en forma secuenciada. La intuición
maternal y el amor nunca podrán ser sustituidos por
la literatura más erudita.
- Haber tenido generalmente una infancia feliz. Quien
ha tenido una buena infancia no intenta compensar en
sus hijos las deficiencias que sufrió en la propia. Acepta
a éstos como entes individuales que cumplen su propio
desarrollo y no como una reedición de la madre
en la que pretenden implantarse situaciones y costumbres
que posiblemente no sientan ni necesiten.
- Comunicarse
con sus hijos en forma fácil
y natural. Los hijos requieren pautas claras
de conducta. Las madres que se quejan de la incomprensión
de los hijos, que se les escucha decir "no te importa
todo lo que he sacrificado por ti", suelen ser personas
con problemas interpersonales, difíciles de
entender y ser entendidas.
- No
sobrevalorar su profesión o trabajo. Ninguna "carrera" es
tan importante y valiosa como la de ser madre. Biológicamente
no hay quien reemplace, frente al hijo, a quien lo ha engendrado.
Poner en primer término el trabajo significará que
su cosecha se dará en ese terreno. Si es eso lo que
pretende, ¡Adelante! Se puede ser una profesionista
o trabajadora exitosa sin renunciar a criar un hijo
con amor.
- Madres buenas igual a hijos sanos. Una
madre que no ejerce su rol con amor incondicional encontrará problemas
en determinados períodos de sus hijos difíciles
y hasta inmanejables.
- Ser
madre es algo que sólo se comprende
siéndolo. Es por ello, que sólo
quienes poseen este maravilloso don, sabrán penetrar
en su interior y juzgar cuál es el papel que están
desempeñando frente a la vida.
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