| La
lectura es el instrumento más liberador que pueda existir
en estos momentos; el lector descubre, un espacio privado y
personal para dialogar con el texto y recrear las imágenes
que el autor representa en cada una de las páginas. La
lectura en ningún momento puede sentirse como una imposición
o un acto obligatorio, más bien, la lectura es un acto
libre e individual.
Le
preguntaría ¿cuál fue el último
libro que leyó por decisión propia? ¿Cuántas
horas dedica a la semana para leer? ¿Cuántos libros
ha leído por exigencia escolar? ¿Cuánto
libros compra al año? ¿Cuáles son tus libros
y autores favoritos? ¿Qué tipo de texto lee más:
literarios, periodísticos, científicos o escolares?
Bueno, usted tiene la respuesta.
Lo
importante, es sentir aprecio por los libros y gusto por la
lectura; pues no debemos olvidar que la lectura, proporciona
situaciones interesantes, útiles y placenteras, porque
más que descifrar únicamente códigos, se
trata de mantener viva la imaginación, el ingenio, la
fantasía, la duda y la realidad, para crear y recrear
un mundo fantástico; tal como lo sugiere Dan Brown en
el “Código Da Vinci”, “Caballo de Troya”
de Benítez; “El coronel no tiene quien le escriba”
de Gabriel García Márquez; el canto exaltado,
ardoroso y volcánico de la poesía de Salvador
Díaz Mirón o la magia de la poesía y de
la luna, en los versos de Jaime Sabines en el fascinante libro
“La luna”.
Los
lectores de ahora tienen más libertad, menos prejuicios
para seleccionar una obra, gastar sus ahorros en un libro o
regalar la obra más leída en determinado momento;
sin embargo, tengo la sospecha que son pocos los adolescentes
y jóvenes que toman este tipo de decisiones, quizá
porque aún no encuentran el valor de la palabra en los
libros o simplemente porque la lectura no representa un acto
inteligente y placentero; esto no quiere decir que de niños,
no hayan tenido acceso a los libros, o que en su vida escolar,
los libros hayan sido sólo carga para las mochilas; esas
actitudes tiene su origen, en otras causas; pero, nunca es tarde
para empezar a considerar a los libros como buenos compañeros,
la mejor compañía en la soledad, el mejor oasis
en una isla abandonada o la mejor medicina cuando se tiene un
dolor.
El
libro puede ser un puente para imaginar futuros; es el principal
portador de cultura y al mismo tiempo, el vehículo más
cómodo para viajar; el autor Italo Calvino, en el prólogo
de una de sus novelas, escribió: “adopta la postura
más cómoda: sentado, tumbado, acostado, de espaldas,
en un sillón, sobre la cama…” lee, toma un
libro y desliza con tus dedos cada página, que tus ojos
recorran cada línea y tu mente construya las imágenes
de los sucesos y la vida de cada personaje.
Leer
un libro es una experiencia en la que el tiempo juega del lado
del lector, tú decides, cuándo, qué, cómo
y porqué leer; recuerda que los libros son testigos;
representan y hablan de la intimidad de sus dueños; y
tú eres capaz de ser parte de esas historias; porque
en cada libro, nuevos desafíos y mensajes surgen cuando
lees cada una de sus páginas. No debe intimidarte, ni
causarte temor las obras clásicas o los autores más
leídos, porque en realidad, un clásico es una
obra tan bella y famosa que frecuentemente nunca termina lo
que tiene que decir, porque cada vez que alguien la lee, algo
surge en el interior del lector. Siempre la lectura, será
el instrumento ideal para conocer y a la vez, un escenario para
crear horizontes.
En
verdad, la lectura y escritura son básicas para la adquisición
de conocimientos y para el aprendizaje en general, por ello,
son consideradas habilidades comunicativas básicas; son
urgentes prácticas educativas congruentes con las exigencias
socioculturales, para formar verdaderos “seres alfabetizados”;
mayor orientación a los padres de familia, para que sus
hijos experimenten desde el hogar, prácticas y hábitos
de lectura y escritura. También se necesitan, bibliotecas
y programas estatales para acercar los libros a todos los campechanos;
porque de poco sirve tener muchos libros en las escuelas y bibliotecas,
sino se trabaja a favor de una cultura de lectores.
Desde
mi punto de vista, los libros ayudan a viajar en el tiempo,
a relacionarnos con el pasado, y desde luego, a fortalecer nuestra
identidad y nuestro idioma; seguramente usted encontrará
en los libros nuevas experiencias, conocimientos misteriosos
y paisajes exuberantes en las palabras y en el sentir de cada
escritor; no tema al tener un libro en manos, con seguridad
iniciará alguna aventura, bien sea por lo desconocido
o por el goce de encontrar lo que buscaba; toma en manos un
libro y emprende el viaje por la aventura del conocimiento;
porque a través de la lectura, la imaginación
permite ver las cosas amplificadas y bajo una luz distinta;
como dice la escritora Cristina Pacheco “... leer humaniza,
el lenguaje hermana”.
San
Francisco de Campeche. Noviembre de 2006.
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