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(10 de noviembre de 2006)
 
La lectura, una aventura en la vida // Teresita Durán Vela
 

La lectura es el instrumento más liberador que pueda existir en estos momentos; el lector descubre, un espacio privado y personal para dialogar con el texto y recrear las imágenes que el autor representa en cada una de las páginas. La lectura en ningún momento puede sentirse como una imposición o un acto obligatorio, más bien, la lectura es un acto libre e individual.

Le preguntaría ¿cuál fue el último libro que leyó por decisión propia? ¿Cuántas horas dedica a la semana para leer? ¿Cuántos libros ha leído por exigencia escolar? ¿Cuánto libros compra al año? ¿Cuáles son tus libros y autores favoritos? ¿Qué tipo de texto lee más: literarios, periodísticos, científicos o escolares? Bueno, usted tiene la respuesta.

Lo importante, es sentir aprecio por los libros y gusto por la lectura; pues no debemos olvidar que la lectura, proporciona situaciones interesantes, útiles y placenteras, porque más que descifrar únicamente códigos, se trata de mantener viva la imaginación, el ingenio, la fantasía, la duda y la realidad, para crear y recrear un mundo fantástico; tal como lo sugiere Dan Brown en el “Código Da Vinci”, “Caballo de Troya” de Benítez; “El coronel no tiene quien le escriba” de Gabriel García Márquez; el canto exaltado, ardoroso y volcánico de la poesía de Salvador Díaz Mirón o la magia de la poesía y de la luna, en los versos de Jaime Sabines en el fascinante libro “La luna”.

Los lectores de ahora tienen más libertad, menos prejuicios para seleccionar una obra, gastar sus ahorros en un libro o regalar la obra más leída en determinado momento; sin embargo, tengo la sospecha que son pocos los adolescentes y jóvenes que toman este tipo de decisiones, quizá porque aún no encuentran el valor de la palabra en los libros o simplemente porque la lectura no representa un acto inteligente y placentero; esto no quiere decir que de niños, no hayan tenido acceso a los libros, o que en su vida escolar, los libros hayan sido sólo carga para las mochilas; esas actitudes tiene su origen, en otras causas; pero, nunca es tarde para empezar a considerar a los libros como buenos compañeros, la mejor compañía en la soledad, el mejor oasis en una isla abandonada o la mejor medicina cuando se tiene un dolor.

El libro puede ser un puente para imaginar futuros; es el principal portador de cultura y al mismo tiempo, el vehículo más cómodo para viajar; el autor Italo Calvino, en el prólogo de una de sus novelas, escribió: “adopta la postura más cómoda: sentado, tumbado, acostado, de espaldas, en un sillón, sobre la cama…” lee, toma un libro y desliza con tus dedos cada página, que tus ojos recorran cada línea y tu mente construya las imágenes de los sucesos y la vida de cada personaje.

Leer un libro es una experiencia en la que el tiempo juega del lado del lector, tú decides, cuándo, qué, cómo y porqué leer; recuerda que los libros son testigos; representan y hablan de la intimidad de sus dueños; y tú eres capaz de ser parte de esas historias; porque en cada libro, nuevos desafíos y mensajes surgen cuando lees cada una de sus páginas. No debe intimidarte, ni causarte temor las obras clásicas o los autores más leídos, porque en realidad, un clásico es una obra tan bella y famosa que frecuentemente nunca termina lo que tiene que decir, porque cada vez que alguien la lee, algo surge en el interior del lector. Siempre la lectura, será el instrumento ideal para conocer y a la vez, un escenario para crear horizontes.

En verdad, la lectura y escritura son básicas para la adquisición de conocimientos y para el aprendizaje en general, por ello, son consideradas habilidades comunicativas básicas; son urgentes prácticas educativas congruentes con las exigencias socioculturales, para formar verdaderos “seres alfabetizados”; mayor orientación a los padres de familia, para que sus hijos experimenten desde el hogar, prácticas y hábitos de lectura y escritura. También se necesitan, bibliotecas y programas estatales para acercar los libros a todos los campechanos; porque de poco sirve tener muchos libros en las escuelas y bibliotecas, sino se trabaja a favor de una cultura de lectores.

Desde mi punto de vista, los libros ayudan a viajar en el tiempo, a relacionarnos con el pasado, y desde luego, a fortalecer nuestra identidad y nuestro idioma; seguramente usted encontrará en los libros nuevas experiencias, conocimientos misteriosos y paisajes exuberantes en las palabras y en el sentir de cada escritor; no tema al tener un libro en manos, con seguridad iniciará alguna aventura, bien sea por lo desconocido o por el goce de encontrar lo que buscaba; toma en manos un libro y emprende el viaje por la aventura del conocimiento; porque a través de la lectura, la imaginación permite ver las cosas amplificadas y bajo una luz distinta; como dice la escritora Cristina Pacheco “... leer humaniza, el lenguaje hermana”.

San Francisco de Campeche. Noviembre de 2006.

 
 
Fuente: Texto enviado por su autora, desde la ciudad de San Francisco de Campeche; 6 de noviembre de 2006.