| El
ser humano es eminentemente social, su naturaleza le permite
pertenecer a un grupo, interrelacionarse, comunicar y convivir
con los demás; aunque cada individuo
tiene sus propias características físicas y cognitivas,
también tiene capacidades para desarrollar sus habilidades
sociales y comunicativas. La vida en comunidad permite a los
niños y niñas, aprender conocimientos, adquirir
hábitos, normas sociales y morales de la conducta social
en familia, escuela y comunidad
La
familia y la escuela, son dos instituciones corresponsables
de la formación de la persona; cada una de ellas, desde
su contexto inmediato, ofrece experiencias de aprendizaje de
la vida cotidiana y de los conocimientos escolares, respectivamente.
Sin embargo, cada uno de esos escenarios, son el mejor espacio
para el desarrollo moral; descubrir y aprender los valores,
para una sana convivencia, según los patrones culturales,
ideologías y principios de la comunidad.
En
los últimos años, la UNESCO ha planteado,
la importancia de considerar cuatro pilares de la educación,
como soporte para el desarrollo del ser humano y el aprendizaje;
estos son: aprender a conocer, aprender a hacer,
aprender a ser y aprender a convivir; todos ellos,
conllevan una intención filosófico-humanista,
que apunta a una ética del género humano; es
decir, partir de la conciencia de que el ser humano, es al
mismo tiempo individuo, parte de una sociedad y parte de
una especie. La comprensión
de estos principios, reafirma la necesidad de una educación
en valores, favoreciendo el desarrollo de los educandos;
al mismo tiempo, reconocer que existe una concepción
más
amplia de la educación, que no se limita, al aprendizaje
de los contenidos escolares, señalados en el programa
de estudios. Los cuatro pilares, son la base para adquirir
el pasaporte de la vida: “la educación”.
Cada
persona, durante su vida, puede aprovechar al máximo
los contextos educativos donde se desenvuelva, apropiarse de
los modelos y actitudes positivas en la búsqueda de
la autorrealización y del desarrollo de habilidades
sociales para una mejor convivencia; es decir, aprender
a ser y a convivir, como recursos personales para integrarse
y participar en grupos cooperativos, ser solidarios y respetuosos.
Confianza,
respeto y apoyo mutuo, tejen un lazo afectivo muy fuerte
en la vida de las personas, ese lazo es la amistad. Más que una forma de establecer relaciones interpersonales,
es un valor clave en la convivencia de las personas. La amistad
es un medio para aniquilar barreras entre los seres humanos,
facilita la comunicación, fortalece el respeto e impulsa
una conducta solidaria en comunidad. Por eso, en este día
de la amistad, comparto a través de estas notas, algunas
reflexiones sobre alguno de los sentidos del valor de la amistad,
no como simple sentimiento, ni mucho menos como, como motivo
comercial, sino más allá del significado; quizá,
una forma particular de apreciar la belleza de la amistad,
como vínculo de afecto que une a las personas y enriquece
la espiritualidad de quien la practica.
La
amistad es un valor necesario para la convivencia y solidaridad,
es fortaleza para una vida en sociedad; quien confía
en la amistad, asegura la comunicación y vence el egoísmo;
por eso, bien vale la pena, procurar desde el hogar, el nacimiento
de la amistad entre hermanos y generar circunstancias familiares,
para alimentar día con día el deseo de compartir.
En
la escuela, las diversas formas de organización
del grupo, el tipo de actividades escolares, la libertad de
expresión de ideas, sentimientos y emociones, son estrategias
efectivas que el educador, puede emplear para fortalecer redes
de ayuda mutua entre alumnos, respeto, confianza y aceptación
del prójimo. La vida estudiantil durante la infancia
y adolescencia, son de las mejores épocas para cultivar
la amistad.
Ojalá estas
ideas, permitan encontrar cuan generosa es la amistad, sin
dejarse llevar, por la mercadotecnia, usted es un ser tan
valioso, como sus sentimientos.
La
amistad es la voz del alma, no se conquista, ni se impone;
nace del corazón.
San
Francisco de Campeche, Cam., 12 de febrero 2007. |