| Una
de las disposiciones constitucionales en México, establece
que el Presidente de la República
Mexicana, tiene la obligación civil de informar a los
ciudadanos, acerca del estado actual que guarda la administración
federaly el país. Un acto cívico-político,
que congrega los tres poderes en el Congreso de la Unión,
Secretarios de Estado, partidos políticos, gobernadores
y la élite de la nación; digamos un encuentro
de las más altas jerarquías gubernamentales,
en donde, bajo un marco protocolario y solemne, se realiza
uno de los actos canónicos de la nación: el mensaje
del Ejecutivo a la nación.
Durante
más de 70 años, el formato de dicho
acto solemne, se ajustaba a las disposiciones impuestas y al
interés del Ejecutivo Federal; un evento al que
asistían además de los legisladores, los secretarios
de Estado; este evento, obligaba a los representantes
de los sectores populares, líderes sindicales y otros
grupos afines al partido del poder, a asistir y aplaudir el
discurso presidencial, aunque éste estuviere lejos de
la realidad o de la transparencia de la administración
pública. Bajo esas condiciones, la cita en el Congreso,
se convertía así, en una reunión pasiva,
en donde el auditorio, se limtaba a seguir –con o sin
atención- el discurso presidencial; así, poco
o nada importaba, la ceremonia del inicio de sesiones ordinarias
de la Cámara, eso, era secundario; lo más importante
del 1° de septiembre, desde que era niña, era el “informe”.
Desde
hace unos atrás, aquella ceremonia de total respeto,
a la investidura presidencial, fue cambiando: los grupos parlamentarios
de oposición, empezaron a manifestarse, mediante rechiflas,
pancartas, gritos, insultos, empujones, “escándalos”,
etc…los ánimos, cambiaron de color y el intercambio
verbal entre legisladores, fue subiendo de calibre y de tono;
olvidaron principios de civilidad y patriotismo, su comportamiento,
reflejaba inmadurez política y la democracia, era un
fantasma.
Basta
recordar las interrupciones de grupos de diputados y senadores,
durante la lectura del informe del Presidente o los actos
vandálicos de algunos legisladores en el recinto
de San Lázaro; al fin, el poder legislativo, evaluó el
comportamiento de las últimas legislaturas y se animó,
a imponer su condición de soberanía. La pluralidad
y en plena construcción de la democracia, las bancadas
de los partidos, demandaron, discutieron y propusieron modificar
el protocolo de la ceremonia del 1° de septiembre; fueron
días de discusión, desgaste anímico, enfrentamiento
ideológico, agresiones, difamaciones…que traían
en vilo a los medios de comunicación, a los ciudadanos
y a las instituciones gubernamentales.
Finalmente,
a pocas horas del inicio de la apertura de sesiones, ya habían acuerdos. No hay duda, el evento fue singular;
quizá, la vieja forma, la de costumbre, cambió de
forma, nada más. El Presidente Calderón, cumpliendo
lo señalado en la Constitución Política,
entregó a la Presidencia de la Cámara, el informe
por escrito, de las condiciones y estado actual de la nación;
se presentó bajo el estricto protocolo acostumbrado
y llegó a la mesa directiva, para entregar un volumen
del documento final del informe, de los primeros meses de gobierno;
un texto extenso cuyo contenido, seguramente será “blanco” de
futuros enfrentamientos entre las bancadas del PRI, PAN
Y PRD.
La
adminitración de Felipe Calderón, empieza
a experimentar cambios; al no poder dirigir un mensaje a la
ciudadanía desde San Lázaro, se limitó a
invitar públicamente a los legisladores a un diálogo
abierto; no presenció los honores a la bandera, arribó después;
cuando la diputada del PRD –Presidenta en turno- se disculpó y
se retiró, para no recibir el texto del informe, dizque
iba en contra de sus principios.
Ante
tales circunstancias, el Presidente, no le quedó más
que acatar y respetar los acuerdos parlamentarios. Sin embargo,
el mensaje a la ciudadanía, lo emitió desde Palacio
Nacional, un día despúes de haber acudido a la
Cámara de Diputados y ante la oposición, agresión
e inconformidades de muchas personas; el discurso oficial y
la ceremonia, se transmitieron en cadena nacional, a todos
los rincones del país.
El
mensaje del Presidente posterior a la entrega del informe,
siempre será un acto cívico-político,
sea en San Lázaro o en Palacio Nacional, es deber de
comunicar a los mexicanos, conminar a la nación entera
y a sus organizaciones, a ser parte del proyecto nacional;
es la ocasión que tenemos, los ciudadanos comunes, a
enterarnos del balance, del rumbo del país, de la situación
y el compromiso de nuestro gobierno con el pueblo y el mundo. |