| En
la vida de los seres humanos, la adolescencia es una etapa
crucial para el desarrollo de la persona; estudiosos del
crecimiento, comportamiento y psicólogos,
han explicado -desde distintos enfoques- qué sucede
con el desarrollo socioafectivo, físico e intelectual,
a esas edades. Independientemente de las teorías, lo
singular, es que las y los adolescentes, experimentan cambios
físicos importantes, modifican sus esquemas de pensamiento,
se vuelven sensibles, vulnerables y hasta impredecibles en
sus actos.
Durante
la adolescencia los cambios hormonales tienen sus efectos
en el crecimiento y desarrollo físico, y éstos,
en la construcción del autoconcepto del ser hombre o
mujer; en la sexualidad y en el género. Pero, eso no
es todo, ¿qué ocurre con los aspectos emocionales? ¿el
pensamiento lógico y el desarrollo moral..? Seguramente,
los expertos tienen respuestas para estas interrogantes, aunque
claro, sus investigaciones fueron realizadas, en el siglo XX;
hoy, los adolescentes del siglo XXI, están sorprendiendo
a todos: especialistas, investigadores, padres, maestros, religiosos,
etc…
La
interacción de los adultos con ellos, no siempre
es de armonía, a veces resulta compleja; no porque,
hablen idiomas diferentes, sino por los códigos de comunicación,
valores morales adquiridos o tan simple, por la falta de respeto
e intolerancia, a sus formas de expresión y comportamientos. ¿Qué hacer
entonces? Comprender la situación, mantener la cercanía
afectiva –sin presiones- establecer vínculos y
medios para el diálogo, inventar espacios comunes y
proponer situaciones para la convivencia. Parece fácil,
sin embargo, los adultos debemos entender que esa etapa es
transitoria, pero determinante en la construcción de
la identidad personal, la autoestima y el yo; por eso, es indispensable,
que padres y maestros, mantengamos las vías abiertas,
las alertas encendidas, los sentidos en “power”,
la inteligencia activada y el corazón en actitud de
espía.
A
diario se ve alrededor de las escuelas secundarias o preparatorias,
-tanto de la capital como de los municipios- grupos de chavos
y chavas, tomando el vuelo a la calle, como parvadas sin destino;
unos más ordenados que otros manifiestan su cultura
vial, otros ni en cuenta, avanzan con rapidez para encontrarse
con su media naranja o buscando con ansiedad un oasis, para
mitigar la sed o el antojo. Esos comportamientos libres, después
de muchas veces, se vuelven conductas –positivas o negativas-
según el contexto sociocultural de la comunidad; actuares
sin freno, lejos de la verdad y el respeto.
Por
otra parte, existen centros educativos sin responsabilidad
social, que poco o nada les interesa, lo que pasa alrededor
de su territorio; cruzando la reja, maestros y alumnos, dejan
de preocuparse de las buenas maneras; así vemos, muchachitas
con el informe escolar abrazadas “apretadamente” con
los pretendientes; jovencitos de diferentes “tribus urbanas” atemorizando
el ambiente, tiendas, puestos, venteros de dulces, cigarros,
refrescos y sustancias tóxicas, sin vigilancia y con
prepotencia, dominando su zona libre. Tal situación
está generalizándose, y las autoridades educativas,
la policía, el sector salud, los padres y maestros,
a todos bien, gracias. Se ha hablado del programa Escuela Segura,
campañas de prevención de la adicciones, lucha
contra el narcomenudeo, noviazgo sin violencia, prevención
del SIDA, entre otros… ¿y los resultados?
Ojalá ante
el incremento de los factores nocivos para la salud y la
integridad de la persona, padres de familia, maestros
(que muchos también tienen hijos) autoridades
educativas y de seguridad pública, compartan esfuerzos
verdaderos y hagan alianzas, para hacer frente a las adicciones,
narcomenudeo, embarazos en adolescentes, deserción escolar,
enfermedades de transmisión sexual, violencia, pornografía… El
fantasma del peligro está creciendo a pasos agigantados;
las vías de comunicación en los hogares están
oxidándose, los hábitos buenos y valores de los
profesores están en peligro de extinción; la
vida de los adolescentes está en riesgo, su vulnerabilidad,
los pone en el blanco de las bandas y delincuentes; urge atender
a los y las adolescentes, porque según la calidad de
su presente, dependerá su futuro; serán la fuerza
joven de la nueva generación, los futuros padres de
familia de los niños que habitarán nuestro estado;
por ellos, hagamos más a favor del cuidado, protección
y prevención de los derechos humanos.
Hoy
como adultos, podemos defender la ley de protección
de los niños adolescentes; crear mejores
condiciones para que tengan una vida digna y disfruten a plenitud,
la adolescencia, una etapa de sueños, rodeada
actualmente de células nocivas en una sociedad de alto
riesgo.
San Francisco de Campeche, Campeche. 4 de abril de 2008. |