| Esta
vez, dejaré a mis dedos
seguir el ritmo de los recuerdos y moverse al compás
de la música del grillito cantor; despojarme de
las tristezas y saltar de alegría, como brincan las
ranas en las tardes de verano. Dejaré a mis ojos
mirar la belleza de las mariposas, volar prendida de
la cola de un papagayo, llegando casi al cielo y tocar
con la punta de mis dedos las estrellas; sentir
el calor del sol, descansar sobre las nubes y dormir en la
luna, ¡qué maravilla!
Jugar
con los amiguitos, esconderse en la casa de la vecina, subirse
a los árboles, recoger ciruelas, huayas, tamarindos,
mangos o flores de mayo; guardarse de los abuelos, ponerse
los collares y zapatos de las hermanas, pintarse los
labios, usar el colorete de la tía y el perfume
de mamá –ese era el glamour cuando niña-.
Durante
la niñez, el corazón late tan rápido,
no se fatiga, ni se cansa de tanto jugar; ríe a carcajadas
con los chistes de los payasos o las caricaturas, llora si
alguien lo reprende y se emociona, cada navidad. Así de
especial es el corazón de los niños.
Ahora,
en este siglo, las niñas y los niños
tienen otros juegos, se divierten de otra manera; sí juegan
y se divierten viendo películas o caricaturas japonesas,
no escuchan a Cri-crí, ni juegan a las “cintas”, “pepino
vecino”, “cuanta-cuenta”, sus los juguetes
son electrónicos o industriales ¡Cómo cambian
los tiempos! Esa es la infancia muchos de niños
del siglo XXI…
¿Dónde quedó la niñez?
¿Alguien ha visto la sonrisa de un niño mientras llueve?
¿Por qué la noche se quedó con el llanto de los niños?
¿Acaso los años mataron el corazón del niño que
habita en su ser? ¿Quién se llevó la inocencia?
La
etapa mágica de la vida, el tiempo de las sorpresas,
aventuras y los sueños, corre el riesgo de verse amenazada;
en manos de los padres, abuelos, educadores y adultos en general,
está la posibilidad de conservar el encanto de la niñez;
proteger a cada uno de los pequeños, construirles
un espacio de amor y convivencia, un hogar sano, en donde el
respeto y la paz, sean la clave para ayudarlos a crecer con seguridad.
Ahora más que antes, necesitamos crear una
alianza a favor de la protección de los niños
y sus derechos.
Cada
vez, son más los niños y las niñas
que viven rodeados de mentes negativas, manos explotadoras
y miradas peligrosas; el veneno de las drogas se
esparce muy cerca, el abuso sexual y maltrato infantil, atrapa
a más criaturas inocentes.
Este
día del niño, miremos la mirada triste
de los niños pobres, sintamos el dolor de los pequeños
enfermos y hagamos un mundo mejor para ellos. Cuando fuimos
niños, alguien –seguramente- cuidó de nosotros;
ahora nos corresponde cuidar a los pequeños.
La
niñez es por naturaleza una época mágica:
la luna camina y nos sigue, el sol no deja de brillar, el mar
moja los pies, papá es fuerte, mamá es tan linda
como las flores y los abuelos dan la mano. No importa cuantos
años tengas hoy, sigue siendo el niño o la niña
de antes, porque sólo así comprenderás
a los niños que están cerca de ti.
Esta
vez… subiré al tren de los recuerdos, para
ir de viaje con los niños del pueblo y la ciudad;
les contaré una historia, pintaremos mariposas,
jugaremos en la playa, buscaremos caracoles en la arena… ¿Quisieras
acompañarme?
San
Francisco de Campeche, Campeche. 30 de abril de 2008. |