| En
la actualidad, las celebraciones del día
del maestro en México, se han diversificado; aquella
figura de respeto, ejemplo de buenos hábitos y principios,
poco a poco se ha ido transformando. El maestro de ayer ocupaba
un lugar de importancia en las comunidades, su palabra era
de sabios y sus actos, reflejo de responsabilidad y educación.
Hoy, poco queda de ese concepto. ¿Qué ha pasado?
Sin
duda, amable lector, usted tiene respuestas y argumentos
para emular esa profesión, como para descalificar a
algunas personas que la ejercen. La diversidad de concepciones,
experiencias, recuerdos escolares y la realidad, se han encargado
de modificar el concepto; su fragilidad es tal, debido a los
comportamientos, prácticas y actitudes que se observan
cotidianamente. Sin embargo, no es válido generalizar,
ni afirmar que en un gremio, todos son iguales ¡hay excepciones!
El
maestro –ante todo- es un ser humano, tiene libertad
y responsabilidad; en sus manos están las herramientas
del saber y los valores para dignificar su profesión.
Urge romper con prácticas conformistas, rutinarias y
de pasividad. Las maestras y los maestros han de colocarse
del lado de la esperanza, creer en su profesión e impulsar
una cultura por la paz, no violencia, respeto y una vida con
los más altos valores universales. Los valores profesionales
del maestro, orientan acciones, forman actitudes, moldean sentimientos,
enriquecen saberes y guían el aprendizaje; su quehacer
no debe limitarse al espacio físico del salón
de clases, sino trascender, más allá del contexto
escolar. En verdad, no es una labor simple.
Ser
maestro no es una tarea sencilla, requiere conocimientos,
habilidades y actitudes positivas; significa asumir con ética
los principios y valores profesionales del ejercicio de una
carrera de vida, en donde el ejemplo refleja el aprendizaje;
una labor social a favor de la formación integral de
las personas –ciudadanos del mañana-, con proyectos
hacia la comunidad; es también, formador de conciencias
y promotor del desarrollo.
Ser
maestro no es desempañar cualquier tarea para obtener
un salario y nada más. Es una profesión compleja,
exigente, gratificante y en constante cambio; más que
un trabajo, es vocación de servicio, pone de manifiesto
sentimientos y valores; no sólo conocimientos teóricos
o métodos para la enseñanza; los saberes adquieren
verdadero significado, cuando con ellos, se resuelven situaciones
de la vida diaria.
En
estos tiempos “modernos” el acecho de
la violencia, el peligro de las adicciones, el fantasma de
la desintegración familiar, el cáncer de la corrupción
y la falta de una formación cívica y ética,
se apoderan del ambiente escolar y éste, en escenario
poco favorable para el ejercicio docente; tales condiciones
aumentan las llamadas SOS a los maestros, a ser más
sensibles y comprensivos con los educandos, más humanos
para comprender el desarrollo y las emociones de los demás,
más tolerantes a las diferencias y más responsables
para cumplir cabalmente los principios éticos en la
formación de los infantes y adolescentes.
Si
bien es cierto que la situación política
y económica también son una amenaza; los padres
de familia siguen confiando en las escuelas, los alumnos tienen
expectativas positivas hacia sus maestros, entonces ¿los
maestros qué esperan de su profesión?¿a
qué están dispuestos? ¿qué están
haciendo para construir una sociedad mejor? La docencia es
un acto creador.
Las
celebraciones del día del maestro sirvan para elogiar,
homenajear, agradecer y honrar a quienes con su actuar, impactan
positivamente en la vida de los estudiantes. De los maestros
y maestras aprendemos muchas cosas, siempre serán personajes
valiosos, merecen respeto.
Ser
maestro es una oportunidad en la vida para crecer junto con
los demás; una profesión
altamente humanista.
Felicidades Maestras, Maestros de ayer y de hoy.
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