| En
el mundo de las letras hispanoamericanas, el legado de uno
de los mexicanos más renombrados del
modernismo, fue sin duda, Amado Nervo; extraordinario literato,
creador de una extensa obra en verso y prosa.
Amado
Nervo nació en Tepic, Nayarit en el año
de 1870. Falleció el 24 de mayo de 1919, en Montevideo,
Uruguay, en pleno ejercicio de funciones diplomáticas
en aquel país sudamericano. A más de 80
años de su muerte, su vocación por las letras
sigue brillando en las estrofas; la sensibilidad del ser humano,
amante de la vida, la naturaleza y el amor, vive en los versos
románticos, de soledad y desesperación; perdura
en miles de páginas impresas.
La
versatilidad y productiva vida literaria de este
mexicano, ha trascendido en el tiempo, desde aquellas notas
periodísticas en “El correo de la tarde”, “Revista
azul” dirigida por Manuel Gutiérrez Nájera;
su trabajo al frente de la “Revista moderna”,
convirtió a esa publicación, en órgano
de difusión del modernismo hispanoamericano y obras
europeas; críticas literarias, narrativa y poesía,
fueron símbolo de una reconciliación con
la vida, más allá de su intelectualidad.
Las
creaciones literarias de Nervo, siguen siendo motivo de estudios
diversos y objeto de numerosas ediciones, como por ejemplo,
el trabajo de Alfonso Reyes, en la obra “Antología
de Amado Nervo. Poesía y prosa”, una producción
de CONACULTA (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes)
publicada en el año 2001; cuyo contenido está organizado
en dos partes: poesía y prosa. Cada apartado, incluye
las composiciones más representativas del fecundo trabajo
literario del nayarita.
Afortunados los hablantes de la lengua española
que saboreamos en silencio, la plenitud del pensamiento del
hombre sensible; la riqueza metáforica bordada en innumerables
composiciones, la transparencia de la naturaleza y la
fuerza del espíritu, de quien ama todo lo que le
rodea.
A
continuación,
algunos fragmentos:
Perlas negras (Perlas negras, 1896)
Cuando me vaya para siempre, entierra
con mis despojos tu pasión ferviente;
a mi recuerdo tu memoria cierra;
es ley común que a quien cubrió la tierra
el olvido lo cubra eternamente.
A
nueva vida de pasión despierta
y sé dichosa; si un amor perdiste,
otro cariño tocará a tu puerta…
¿Por qué impedir que la esperanza muerta
resurja ufana para bien del triste?
Libros (El estanque de los lotos, 1919)
Libros, urnas de ideas;
libros, arcas de ensueño;
libros, flor de la vida
concientes; cofres místicos
que custodiáis el pensamiento humano;
nidos trémulos de alas poderosas;
audaces e invisibles;
atmósferas del alma;
intimidad celeste y escondida
de los altos espíritus.
Libros ¡ay!,
sin los cuales
no podemos vivir;
sed siempre, siempre
los tácitos amigos de mis días.
En paz (1922, La
amada inmóvil.
Edición póstuma)
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
¿que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
… Cierto, a mis lozanías
va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin
duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas,
y en cambio tuve algunas santamente serenas…
Amé, fui amado, el sol acarició mi
faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
Descansa
en paz Amado Nervo, en la Rotonda de los Hombres Ilustres;
mientras su lirismo reposa tímidamente en
las páginas de los libros y en la historia.
San Francisco de Campeche, Cam. 21 mayo de 2008. |