| La
educación en el siglo XXI, representa uno de los desafíos
sociales de primer orden; es también, uno de los pilares
básicos para edificar el futuro de la humanidad. La educación
es un derecho universal y constitucional; por tanto, factor
de justicia y equidad, fundamento para el desarrollo integral
del ser humano, que permita desarrollar las competencias necesarias
para mejorar la manera de vivir y convivir en una sociedad cada
vez más compleja; sólo así, a través
de la educación, las personas podrán acceder a
una vida de oportunidades.
México,
al igual que otros países, habrá de reorientar
su modelo económico, fortalecer las políticas
públicas y transformar el Sistema Educativo Nacional,
tareas prioritarias para el gobierno federal, los estados y
la participación del gremio magisterial, a través
del Sindicato Nacional de Trabajadores para la Educación;
sin duda, con la participación razonada y comprometida,
podrán modificar y poner al día al sistema educativo.
La
modernización de la educación mexicana, no se
limita a la adquisición de mejores instrumentos tecnológicos,
materiales de importación, aulas climatizadas o lo último
en informática; la modernización, va más
allá de las condiciones materiales. Requiere de otras
variables: fortalecimiento curricular en todos los niveles,
formación, capacitación y actualización
docente, políticas institucionales basadas en la gestión
y participación social, techo financiero sólido
que garantice la seguridad del empleo, con mejores prestaciones
y garantías a los maestros, que genere las condiciones
para minimizar el desempleo, pero al mismo tiempo, fortalezca
la educación pública e invierta el presupuesto
necesario para dar respuesta a la diversidad étnica,
social y cultural de los pueblos de mexicanos.
“La
educación es la fuerza del futuro, porque constituye
uno de los instrumentos más poderosos para realizar el
cambio” (Mayor, 1999); por eso, es necesario derribar
las barreras burocráticas entre las instituciones, mejorar
las relaciones y la coordinación SEP-SNTE; reformular
políticas y programas educativos, dar continuidad a programas
y proyectos, con base a resultados alcanzados; realizar reformas
y ajustes –necesarios- en los niveles educativos, buscando
siempre la congruencia en la formación integral del ciudadano
y el perfil de egreso de los educandos, desde la educación
inicial hasta la educación superior. En la antesala de
los cambios, la educación es una prioridad. El proceso
iniciado desde 1992, para la modernización de la educación
básica, no debe detenerse; cada iniciativa o programa,
es un paso hacia el futuro, hacia la educación del siglo
XXI, por eso, debemos avanzar.
La
evolución de las sociedades, atienden a cambios naturales
en la vida de nuestra país, las condiciones de cada momento
histórico y sus exigencias, demandan transformaciones
profundas en las políticas de los gobiernos, en la administración
de las instituciones y en el funcionamiento de organizaciones
sindicales; en la educación misma, en las familias y
las personas, son fenómenos dinámicos, en constante
evolución; por tanto, apostemos al cambio, preparándonos
para asumir los retos de la educación actual.
Recientemente,
pasos importantes se han dado en busca de la transformación
de la educación mexicana, por ejemplo, el SNTE ha planteado
“Un nuevo modelo educativo para el México del siglo
XXI”, documento que contiene las conclusiones y propuestas
del IV Congreso Nacional de Educación y del 2° Encuentro
Nacional de Padres de familia y Maestros; mismo que bajo el
lema “Educar es el camino”, sostiene líneas
básicas para la actualización del sistema educativo
y la calidad de la educación, la formación y profesionalización
de los docentes, equidad, participación social, vinculación
entre educación, economía y mercado laboral, por
citar algunas. Cabe señalar, que con la puesta en marcha
de la Alianza por la calidad de la educación (mayo 2008),
se abren nuevos horizontes, ante el desafío de este siglo;
se han propuesto cinco ejes estratégicos: modernización
de centros escolares, profesionalización de los maestros
y autoridades educativas, bienestar y desarrollo integral de
los alumnos, formación integral para los estudiantes
y evaluar para mejorar. Cada uno de ellos, plantea también,
los acuerdos para operar la tarea compartida entre la SEP y
el SNTE, una alianza estratégica.
Una
disposición emanada de dicha Alianza, por ejemplo, corresponde
al “Ingreso y promoción de docentes, directores,
supervisores”, para tal efecto, el ingreso y promoción
de las nuevas plazas y vacantes será por la vía
de un concurso nacional público de oposición convocado
y dictaminado en cada entidad federativa. Esta medida, es valorada
en forma positiva por los aspirantes; criticada tal vez, por
la disparidad entre el número de solicitantes y la cantidad
de plazas disponibles; sin embargo, es una estrategia para contrarrestar
el desempleo en los maestros, trasparentar la asignación
de los recursos, evitar el tráfico de influencias, venta
de plazas, el amiguismo y el cáncer de la corrupción
que tanto daño a hecho a instituciones y organizaciones
sindicales.
La
aplicación de dicho procedimiento –en su primera
edición- rebasó las expectativas, tan sólo
en el estado de Campeche, más de dos mil profesores,
tramitaron la solicitu correspondiente, con el anhelo de obtener
una plaza inicial y ser parte de la nueva generación
de docentes; otros, acudieron, en busca del incremento de horas,
para completar su tiempo y/o mejorar su percepción salarial.
Aunque el número de vacantes es muy inferior a la demanda,
sirva esta medida para modificar los proyectos en la formación
de maestros, disminuir la matrícula en las escuelas normales,
optimizar los recursos financieros, asignar al personal docente
en la escuela y comunidad que se requiera, evaluar las competencias
profesionales para ejercer la docencia y valorar que tener un
plaza de maestro para desempeñarse en escuelas públicas,
es una responsabilidad social, no un patrimonio familiar heredable.
La
Alianza por la calidad de la educación, es la plataforma
que este momento, se ha construido para repensar el proyecto
educativo y transformarlo; más allá de una firma
protocolaria, están las bases del futuro de la educación
mexicana, los medios para cimentar los conocimientos, valores
y habilidades para la vida de las nuevas generaciones. La educación
es responsabilidad de todos y todos son protagonistas y agentes
del cambio.
San
Francisco de Campeche, Campeche. 14 de agosto de 2008. |