| Después
de la segunda mundial, la búsqueda insistente de la paz,
fue un gran esfuerzo de los gobiernos para iniciar la reconstrucción
de pueblos y ciudades; el nacimiento de una época difícil
a mediados de siglo, el establecimiento de acuerdos y pactos
intercontinentales, para sostener la fragilidad del progreso
y la tranquilidad. Sin embargo, intereses políticos y
tecnológicos, afectaron indirectamente los convenios
internacionales y establecieron sistemas económicos para
dar paso a la guerra fría. Las armas cambiaron, en lugar
de tanques de guerra, se expandió el comunismo y el capitalismo;
el bloqueo comercial se consolidó y la exploración
del espacio, fue el principal reto científico.
En
las últimas décadas del siglo XX, el muro de Berlín
cayó; vino la desintegración de la URSS, Japón
despertó, China renació, Estados Unidos amplió
su poderío; América Latina hasta hoy, se ahoga
entre la corrupción de sus gobiernos, la dictadura y
la pobreza; África sobrevive entre hambrunas y SIDA,
Medio Oriente vive en el caos, terrorismo y fanatismos. ¿Y
México? ¿Qué hicieron los mexicanos con
los Sentimientos de la Nación, los principios de la Carta
Magna, la Cartilla Moral y los Derechos Universales del Hombre?
Hoy
día, la República Mexicana no está en paz.
Reina la inseguridad, las redes del crimen organizado, narcotráfico
e impunidad, minan los territorios estatales y dañan
las instituciones; desde la familia –célula básica-
hasta corporaciones de justicia y seguridad. La vida de los
mexicanos experimenta una etapa de caos e inestabilidad. Los
tiempos de paz familiar, empiezan a extinguirse en varios hogares;
la relación de ternura entre los novios, poco a poco
se está convirtiendo en “noviazgos con violencia”;
las diferencias ideológicas entre partidos políticos,
aumenta con movilizaciones, atentados a las instituciones; la
figura del Presidente de la República es blanco de insultos
y descalificativos, ¿y los valores dónde quedaron?
¿Desaparecieron en el siglo anterior? ¿Alguien
los prohibió?
Estamos
en medio de escenarios inimaginables; la juventud es vulnerable
a las adicciones; los padres y madres es escudan en el trabajo
–y sin querer se ha roto la comunicación con los
hijos- , la escuela ha perdido la brújula de la disciplina,
las autoridades matan la confianza de sus gobernados y algunos
policías son cómplices de los delincuentes. Entonces
¿cómo volver a vivir en paz? ¿Dónde
han quedado los valores morales? ¿Podrá la familia
recobrar su función educadora? Una tarea pendiente. Cada
individuo, puede empezar a escribir su historia personal y la
de su familia.
Ante
lo incierto que parece el presente, nuestros sentidos están
atentos a los estímulos del entorno; también los
sentimientos impulsan actitudes positivas y buenas acciones,
tanto en la vida personal como en la de los demás; por
eso, sí vale la pena, apostar una educación en
valores en el hogar, que refleje buenos hábitos y costumbres,
en la calle y la comunidad. Si bien, el peligro ronda y las
personas han perdido el valor a la vida y el respeto, es necesario
impulsar acciones positivas, ¡es hora de la prevención!
¡Tiempo de unidad! ¡Tiempo de paz! Aún cuando
los hechos negativos atentan contra la estabilidad social, sus
repercusiones hacen un presente incierto.
La
convivencia, fraternidad, solidaridad, respeto y amistad son
normas básicas para las relaciones humanas, entre pueblos
y naciones; principios para la vida social y desarrollo mundial.
Con base a esos postulados, la Asamblea General de las Naciones
Unidas, propuso a los países integrantes del Consejo
y demás civilizaciones, la declaración del Día
Internacional de la Paz, una disposición que alienta
a fortalecer los ideales de la paz en todos los órdenes
sociales; por lo que a partir del año 2002, cada 21 de
septiembre, se procura una plegaria colectiva para el cese al
fuego: así como el respeto entre hermanos, territorios
vecinos, grupos religiosos, comunidades enteras y familias.
Ya
lo decía Juárez “El respeto al derecho ajeno
es la paz”, un postulado vigente en pleno Siglo XXI; sentencia
el respeto, como valor fundamental para el logro de la paz,
condición para una verdadera vida en armonía y
garante de seguridad para la humanidad. No dejemos al olvido,
el “Día de la Paz”… hagamos lo posible
para vivir con ella siempre.
San
Francisco de Campeche, Campeche. 8 de septiembre de 2008.
|