| La
población femenina representa poco más del 50%
en el mundo, una cantidad importante que aun no recibe el trato
justo por su condición, ni vive el respeto a sus derechos
humanos. En el plano internacional y nacional, en materia legislativa,
se han dado pasos significativos, pero no suficientes ni mucho
menos en todas las esferas de la vida social y democrática.
Si
bien, las mujeres mexicanas tenemos reconocimiento legal en
términos de igualdad –así lo asienta la
Constitución Política – existe también
la Ley general para la igualdad entre hombres y mujeres (2006)
y la Ley general de acceso de las mujeres a una vida sin violencia
(2007), instrumentos para promover la equidad de género
y consideración a los derechos universales. Sin embargo,
algunas entidades –como Campeche-, los códigos
penales, no tipifican con castigos severos la violencia cometida
hacia las mujeres: maltrato físico, abuso sexual, explotación,
castigos, homicidios, otros tipos de agresión como la
psicológica o económica ejercida contra ellas;
aun no se cataloga como causales de condenas mayores; libertad
condicional o pago mínimo de fianza, son tan sólo
medidas simuladas en contra de los agresores, o en su caso,
procesos judiciales inconclusos, imparciales e injustos, que
en lugar de endurecer las sanciones, provoca el incremento de
estas faltas en nuestro estado.
Según
estudios del Banco Mundial, cada 15 segundos una mujer es agredida,
la ONU en México (Arie Hoekman) estima que una de cada
cinco mujeres será víctima de violación
o de intento de violación a lo largo de su vida. Una
de cada tres habrá sido golpeada, forzada a tener relaciones
sexuales o habrá sido víctima de abuso por parte
de familiares o conocidos, que en general, no serán castigados.
Precisamente en la víspera del “Día internacional
de la eliminación de la violencia contra las mujeres”,
en una colonia de la capital campechana, un hombre dio muerte
a su mujer, quien es madre de un hijo procreado por ambos. Todos
los días en algún ejido, poblado o ciudad de nuestro
pacífico Campeche -en este momento-, alguien es víctima
de violencia. ¿Acaso ser mujer es condición de
discriminación, violencia o maltrato. En el seno de los
hogares, se encuentra el principal escenario de violencia; las
relaciones de pareja –en unión libre, noviazgos
o matrimonios- las caricias se han sustituido por los golpes,
palabras tiernas por insultos, encuentros amorosos por enfrentamientos;
esos modelos van en aumento, en consecuencia, la violencia intrafamiliar
o en el noviazgo, se convierte en un ciclo vicioso que crece
como la espiral; en tanto, no se decida terminar con él.
Una
mirada a los rostros de las niñas violadas, mujeres maltratadas
y ancianas abandonadas, invita a reflexionar sobre las necesidades,
temores, riesgos, problemas e inseguridad a la que se enfrentan.
Una mujer analfabeta, con discapacidad, de origen maya no castellanizada,
golpeada por una pareja alcohólica o con problemas de
adicciones; sufre en silencio el dolor y la impotencia de no
poder defenderse, de no saber a quién, dónde recurrir
a pedir ayuda; y si a esto agregamos, una familia disfuncional,
sin hábitos buenos y valores sólidos, padres insensibles,
agresivos y violentos antes las los pequeños tiende a
empeorar el entorno, haciéndolo más perjudicial
para los que habitan en él.
La
violencia hacia las niñas y adolescentes es una práctica
que vulnera el adecuado desarrollo humano; afecta lo psicológico
e impacta en el aspecto socioafectivo; el abuso sexual a una
menor de edad, crea conflictos internos en su yo, daña
el potencial de estima y detona cambios en su conducta. Mancillar
la pureza de una pequeña, significa acabar con la ingenuidad
y los sueños fantásticos de su edad.
Desde esta tribuna, solicitó especialmente a las diputadas,
magistradas, legisladores, funcionarios de la Procuraduría
de la defensa del menor y la familia y autoridades correspondientes,
a actualizar el código penal local; modificar las penas,
otorgando condenas inflexibles a violadores y homicidas de niñas
y mujeres. ¡Ya basta! Quien sea responsable de un acto
cobarde, agresivo, de sometimiento y poder, merece castigo y
no libertad; así sea, el padre, abuelo, patrón,
maestro, familiar, anciano, médico o servidor público,
el violador –sin excepción- es un delincuente.
La
violencia y el maltrato infantil permea la vida de los menores,
ronda por el ambiente familiar –incluso a veces el aula
escolar- y la comunidad; ni un paso atrás para prevenir
estas amenazas, al contrario, es tiempo de intensificar las
acciones de sensibilización, información y orientación,
que la escuela y el hogar, sean sitios seguros donde se eduque
a las niñas y niños, conoczcan los valores para
defenderse.
La
no violencia contra las mujeres es una batalla vigente, hagamos
un alto para defender a las que no pueden hacerlo, porque el
silencio de una, es el grito de muchas.
¡Cero
tolerancia a las agresiones contra las mujeres!
¡Alto
a la violencia de niñas y adolescentes! |