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Columna de Teresita

Lenguas indígenas. Herencia

15 de febrero de 2013)
 
Portadas de dos libros de Domingo Dzul Poot
 

La diversidad lingüística en el mundo es un bien cultural de pueblos y culturas, su uso ha sido vehículo de comunicación entre los habitantes de una comunidad. Cada lengua tiene su propio origen, riesgos y transformaciones, según las necesidades, número de  hablantes e influencias extranjeras de otros idiomas. En México, hoy día, las lenguas indígenas prevalecen en núcleos poblacionales ubicados en zonas con altos índices de marginalidad; cada vez disminuyen las familias cuya lengua materna no es el español.

Con el propósito preservar el pluralismo lingüístico, la UNESCO estableció el 21 de febrero como Día Internacional de la Lengua Materna. La vitalidad de las lenguas, depende de sus usuarios, del interés de las políticas de los gobiernos para conservarlas; por ello, el apoyo internacional para conservar el patrimonio de los pueblos, la pérdida de una lengua representa un empobrecimiento para las culturas.

La adquisición de lenguaje oral atiende a una predisposición biológica y a la interacción social; la lengua materna que se aprende en el hogar, no solamente es el medio para comunicarse, también es un lazo que une emociones y sentimientos. Posteriormente, aprender a leer y escribir el mismo sistema de lengua, atiende a conocimientos formales, convencionales en el empleo de signos y reglas.

En esta región peninsular, la lengua maya ha sido motivo de conservación en las comunidades, el interés de algunas instituciones educativas, dependencias gubernamentales e investigadores. Escribir, leer y hablar en maya,  atienden a procesos de aprendizaje social,  relaciones interpersonales en el seno familiar y al contexto de la colectividad. En los últimos años, el estudio, análisis, sistematización, divulgación de conclusiones respecto a reglas fonológicas, sintácticas, semánticas ha permitido a filólogos y usuarios de la lengua, crear más textos escritos. La oralidad sigue siendo un aspecto primario, en tanto que, la producción y tipología de textos escritos requiere del estudio, constancia y consolidación. En consecuencia, es mayor el número de hablantes que de personas que escriben y leen.

El rescate de los relatos orales, narraciones y publicación de cuentos de la abuela, son prácticas poco cultivadas; escuchar historias contadas por los adultos, leyendas en lengua indígena deja percibir los sonidos del habla, la entonación en cada expresión, la pronunciación y sutileza para expresar los mensajes, son experiencias únicas.

En la geografía peninsular yucateca, el Decano de los narradores en lengua maya –Don Domingo Dzul Poot- es de los pocos campechanos, cuya labor ha sido reconocida por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, CONACULTA e instituciones especializadas en el rescate y promoción de la oralidad en las lenguas indígenas. Su experiencia como escritor, paleógrafo, narrador, traductor y conocedor de la lengua maya, aunado a la sabia orientación del doctor Alfredo Barrera Vásquez y el señor Ernesto D. Mathews, sus conocimientos se ampliaron, mismos que lo motivaron a escribir  relatos orales de su madre y de su abuela. Han sido publicados sus textos, con los títulos: Tradiciones literarias (1983), Cuentos mayas I (1985 y 2010), Cuentos mayas II (1986 y 2010), Leyendas y tradiciones históricas mayas (1987), Leyendas mayas (2002), Relatos que la abuela contaba (2010). Personas como Don Domingo, valen mucho; sus habilidades lingüísticas lo distinguen como narrador y escritor. Con su voz hace renacer la oralidad de historias infantiles, fábulas y leyendas. También ha participado en recitales, encuentros de narradores, festivales, en Universidades, teatros, Ferias de libro.

Gracias a la escritura, los textos orales  permanecerán en el tiempo; de la memoria del hombre, a la fuente del saber. Don Domingo comparte la grandeza de su lengua materna, no la esconde, al contrario la muestra a propios y extraños. Su sencillez y humildad, sostienen el silencio de su andar; no pide, él ofrece su creatividad. A sus ochenta y seis años, descansa en casa, trenzando más historias, tejiendo las palabras como los hilos del jipi para dibujar jícaras, pozos, milpas, campesinos, sombreros… Deja a la posteridad  el legado de su primera lengua.

Su trayectoria literaria, aportaciones a la cultura, firme compromiso a favor del fomento y difusión del maya; son algunas razones para que Bécal, Calkiní y Campeche, reconozcan la generosidad de su sabiduría, y aprecien el amor a la tierra. En mi opinión, tiene méritos suficientes, para recibir el homenaje de su pueblo.

Sirva el marco de la celebración de las lenguas maternas, para elogiar la labor de escritores en  maya, reconocer su interés por preservar las raíces de un sistema de lengua heredado por generaciones pasadas. Afortunados los que aprendieron desde pequeños el idioma de los abuelos, orgullosos de la riqueza de su origen y custodios del tesoro filológico guardado en las primeras palabras de su madre, en  frases escondidas en consejos.

Desde este espléndido periódico, quien esto escribe, brindo un reconocimiento a los artesanos de la palabra; no importa si sus nombres no figuran en los catálogos nacionales o internacionales de escritores, sus huellas marcarán el paso a nuevas generaciones. Que la fama no apague la sensibilidad del hombre, al contrario la ilumine para compartir el esplendor de su lengua materna.

San Francisco de Campeche, Cam. 15 de febrero 2013.

 
 
 
Texto y fotos (combinadas por SACS): Teresita Durán Vela, 15 de febrero de 2013