Inicio de la página
Comentarios, artículos, columnas...
 
Columna de Teresita

Soñadores de hoy, creadores del mañana

(30 de abril de 2014)
 
 

Los niños son seres excepcionales que encantan con la imaginación, sorprenden con su curiosidad insaciable y sus palabras denotan la lógica del pensamiento. Durante la niñez, la verdad transparenta los secretos de la abuela, de papá o la hermana; es difícil pedir silencio cuando traen una sinfónica en su interior.

La espontaneidad es el sello de sus movimientos, la alegría se viste con sonrisas y algunas veces, la inesperada tristeza deja brotar lágrimas. Los infantes son dueños de un mundo fantástico, tienen sueños, actúan como héroes o heroínas; las pequeñas se visten como princesas, los chicos se tornan  valientes jinetes que derrotan a los malvados. Carcajadas a todas horas, carreras por los parques, volteretas en el piso o en la cama, requiebros en hamacas y hasta una que otra acrobacia en los árboles.  No se fatigan, ni se cansan de tanto jugar, ríen a carcajadas con los chistes de los payasos o las caricaturas, lloran si alguien lo reprende y se emocionan, el día de su cumpleaños, en navidad o para el día de Reyes
El encantamiento de un cuento de hadas o la emoción de la  carrera de autos, aflora en el juego simbólico y en los personajes imaginarios de su mundo real. Es sorprendente escuchar los diálogos con la bruja, las largas discusiones para servir el té, escoger las zapatillas o el carro más veloz. Ellos son creadores del cosmos de la fantasía. Sus sentidos ávidos por indagar el entorno real: escuchar el canto de los grillo, melodía de aves, sentir la tersura de las corolas de una flor, oler el aroma de un jazmín, tocar la rugosidad del tronco de los árboles, paladear la dulzura de un dulce de algodón, cerrar los ojos y suponer el color del bosque en el invierno…

Mientras perdura la niñez, la curiosidad y la imaginación, son armas poderosas para maquinar batallas en el espacio, organizar elegantes bailes en el castillo de la montaña, hacer deliciosos pasteles para servir en el banquete de bodas de los príncipes. Sin duda,  cuando niño,  viajas más allá del horizonte, el sol puedes iluminarlo con el color que más te gusta, coronar a la catarina  como alteza del jardín y al grillo, como director de una filarmónica.

La niñez es efímera durante el desarrollo humano pero puede perdurar durante la vida, es cuestión de nutrir al corazón de niño que llevamos,  maravillarse de la naturaleza, alimentar la mente con experiencias y pensamientos positivos, manifestar con libertad las emociones, reír, reír, llorar sin pena, cantar, saltar, correr, aprender, soñar, jugar… porque la vida es un juego, como una aventura en el desierto, larga travesía por los océanos, un recorrido por el espacio, el gran combate con la maldad, una sorprendente hazaña que no acaba mientras persistan los sueños. Es tiempo de volver a sentirse niño, soñar como gigante,  engrandecer las manos para arropar un polluelo, tomar una escoba como cohete, hacer con plastilina un corazón para mamá, escribir las primeras letras del nombre de papá, pintar con un trozo de carbón las rayas de la cebra o del tigre de bengala; reír a carcajadas por la caída de una foca o llorar por la desaparición del abuelo.

La niñez es por naturaleza una época mágica: la luna camina y te sigue, el sol no deja de brillar, el mar moja los pies, papá es fuerte, mamá es tan linda como la primavera y los abuelos consentidores. No importa cuántos años tienes  hoy, sigue siendo el niño o la niña de otras épocas, porque sólo así comprenderás a los  chiquitines que están cerca de ti, que vale más la sonrisa de un pequeño, el abrazo fuerte o el beso con caramelo que un celular.

Felicidades a las niñas y los niños, porque ellos son la continuidad de la especie; la esperanza de los pueblos, los soñadores de hoy que trabajarán para un mañana mejor.

San Francisco de Campeche, Cam. 29 de abril de 2014.

 
 
 
 
Texto y fotos: enviados por Teresita Durán Vela, 30 de abril de 2014