Inicio de la página
Comentarios, artículos, columnas...
 
Columna de Teresita

Euforia futbolera

(17 de junio de 2014)
 
 

Entre gritos, faltas, goles y disturbios en Brasil, la Copa Mundial de Futbol es el motivo que une razas, ideologías, religiones y países, millones de personas en el planeta se concentran en torno a un esférico de colores. En unas pocas semanas, las miradas de gobernantes y gobernados se posan en los movimientos y jugadas de las selecciones nacionales, con la ilusión de ver su bandera en el partido final y levantar la copa de campeones.

El futbol goza de la aceptación social en todos los continentes, grupos de población desafían el tiempo, los problemas económicos y de seguridad; pero ante la convocatoria del deporte de masas, las federaciones del orbe se juegan todo para acudir a la cita cada cuatro años. La copa de futbol se ha convertido en la celebración mundial que rompe fronteras geográficas, la singularidad de los idiomas y las barreras culturales en cada encuentro de noventa minutos en la cancha.

Fiesta multicolor en donde se crea rápidamente un ambiente intercultural, cantos, consignas en lenguas y dialectos, himnos y rituales ancestrales para invocar la fuerza y la victoria. Conforme avanza el calendario de partidos, durante los procesos eliminatorios, la magia espiritual se apodera de técnicos, jugadores, árbitros, aficionados, apostadores e inversionistas, detrás de cada gol y de cada jugador, el fantasma del dinero ronda las mentes de los poderosos que han hecho del deporte una cantera generosa.

Desde el país económicamente más estable hasta la nación con severos problemas de corrupción y crisis financiera, acuden a la justa deportiva; portan orgullosos los colores nacionales, la devoción por los ídolos, el aliento patrio impulsa el coraje para vencer al adversario. Los espectadores que acuden a ver a su equipo, gritan emocionados (y alcoholizados en una buena parte del público), cada segundo del partido equivale a un instante de gloria o coraje. Así de humano y controversial resulta el futbol.

¡Qué decir de la selección mexicana! Clasificó y está ahí. Apostando el talento juvenil, tolerando la impulsividad del entrenador, jugando a veces sin la pasión ni la esperanza de los niños que les aplauden. Creando instantes de emoción para la nación entera, corriendo a veces detrás del balón sin mirar al otro, en fin… ya en el campo de juego, cansados o lesionados, intentan avanzar a la siguiente ronda, para que al menos los seleccionados y el equipo técnico conquisten una nota favorable para su curriculum personal. ¿Y el país que? ¿Ganamos o perdimos? ¿Quiénes ganan? ¿Todos pierden? Así de polémico es el juego.

 

En los rincones de la república mexicana, temporalmente se olvida la escasez de alimentos, homicidios, suicidios, secuestros y las decisiones institucionales de las autoridades federales. Si bien el país está representado en ese encuentro deportivo, su presencia no impacta las reformar hacendarias ni las estrategias contra la impunidad, la corrupción y la delincuencia organizada.

Tal es el caso del país sede. La violencia en las calles, robos a toda hora, prostitución, inseguridad y brotes de inconformidad hacia las políticas públicas de la administración de la Señora Dilma. Lo han dicho críticos, políticos, analistas económicos y hasta periodistas, el gran país sudamericano con mayor diversidad en el planeta, el futbol y la samba son tan sólo símbolos culturales del pueblo; en sus entrañas aún se mantiene la injusticia social.

Mientras los gobiernos desatiendan las necesidades sociales, desestimen la educación como palanca de desarrollo, se aferren a conservar la desigualdad en la distribución de la riqueza, acrecienten los polos entre los sectores de extrema pobreza y los acaudalados, los países americanos seguiremos estando en desventaja ante el resto de países con altos índices de desarrollo humano, competitividad y productividad.

En estos días, difícilmente una persona puede permanecer ajena al entorno mundialista. Semanas de goles, días de ansiedad y hasta noches de preocupación, ¿pasarán los mexicanos a la siguiente ronda? ¿Quién será el rival más cercano? ¿Quién anotará más goles Oribe o Chicharito? ¿Quedará la copa en América? Tantas interrogantes que en este momento quizá no se puedan responder.

Campeche también vive el mundial. Los lugareños se divierten, celebran y hasta se olvidan de los baches, el caos vial, los cambios en el gabinete estatal y las inundaciones a causa de las lluvias. Total, es tiempo de futbol. Sí, pero la FIFA no soluciona los problemas ni mejora lo servicios públicos de los asociados, las televisoras monopolizadoras aumentan ganancias –muchas de ellas son evasoras fiscales- los futbolistas habilidosos esperan jugosos contratos, los patrocinadores ávidos para nuevas campañas publicitarias; en torno al futbol se esbozan sueños, fincan ganancias multimollinarias y ¿quiénes apuestan por la convivencia sana y pacífica en los pueblos del orbe? ¿Cuánto aporta la FIFA para programas de educación y deporte en los países con bajo índice de desarrollo humano?

Del espectáculo futbolístico a la realidad social la brecha es abismal. ¡Qué gane el mejor y la paz florezca en las familias de los jugadores y sus países.

San Francisco de Campeche, 17 de junio de 2014.

 
 
 
Texto: enviado por Teresita Durán Vela, el 17 de junio de 2014 / Imágenes: es.m.fifa.com / www.seleccionmexicana.com.mx /