Escribir acerca de las mujeres siempre es interesante. La historia las ha colocado en diversos escenarios, su participación en los diferentes ámbitos sociales ha sido motivo de reconocimiento a sus capacidades y habilidades. Sin embargo, a 20 años de la Conferencia sobre los derechos humanos de las mujeres, aún quedan deudas con ese sector. Siguen siendo víctimas de las guerras, utilizadas como armas por los extremistas, mutiladas, explotadas, violadas, abandonadas… mujeres de todas las edades –especialmente niñas y adolescentes - son blanco perfecto de ataques y feminicidios.
Desde la aprobación de la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing, más niñas han logrado un mayor acceso a mayores niveles de educación. El número de mujeres que mueren al dar a luz se ha reducido prácticamente a la mitad. Más féminas están al mando de empresas, gobiernos y organizaciones mundiales. Celebramos estos avances. Sin embargo, de Beijing (1995) a la fecha, los gobiernos y la humanidad entera tienen tareas pendientes con la dignidad y respeto a los derechos de las mujeres. Miles en el orbe, han sido atacadas por intentar ejercer su derecho a la educación y a los servicios básicos; han sido ultrajadas y convertidas en esclavas sexuales; entregadas como trofeo a los combatientes, o intercambiadas como mercancía entre grupos mediante redes de trata. Doctoras, enfermeras y otras mujeres han sido asesinadas por intentar ejercer su profesión. Los defensores de los derechos de las mujeres que tienen valor para oponerse a esas atrocidades ponen en peligro su vida —y a veces la pierden— en su lucha por la causa.
¿Qué celebrará el mundo el 8 de marzo?
En el rostro de centenares de pequeñas se desdibuja la sonrisa, en las manos de las jovencitas se esfuma la esperanza de la paz, las jóvenes madres claman por la vida de sus vástagos, y en las ancianas, aflora el abandono. Un horizonte incierto, una realidad inmerecida.
No todo es moda, joyas, bolsos, fragancias… la belleza femenina irradia no por el color de las sombras en los ojos ni por el brillo de los bordados en los trajes de noche, sino por la espiritualidad, su talento y esencia de su ser. Ya lo decía Malala, “la educación liberará a las mujeres”.
En el marco de esa fecha simbólica, rindo un homenaje a las ancianas porque después de varias décadas, siguen vivas en este planeta y son merecedoras de la celebración. Sí para ellas, son mis palabras.
Mujeres ancianas que empiezan a perder velocidad en la libertad de su vuelo, sus pasos se vuelven pausados y el brillo de sus ojos empieza a opacarse, quizá presienten la cercanía a la última estación del viaje. La vejez llegó, colmada de recuerdos, tiempo de cuidados, amor y protección. La fase de mayor riesgo a caídas, enfermedades o abandono. Tiempo sentir mucho frío, necesitar abrigo y calor familiar. El capítulo de su propia historia invita a devolver algo de lo mucho que en vida, entregaron a los hijos, la pareja, familia y trabajo. ¿Por qué lastimar la alegría las damas ancianas? ¿Quién eres tú para castigar a las mujeres longevas? ¿Para qué regañarlas? ¿Por qué la discriminación hacia ellas?
A esas zagalas coquetas, aguerridas en su juventud, valientes, luchadoras, perseverantes que ahora están enfermas, con demencia senil o Alzaheimer, esperando pacientemente para abordar su viaje. A las abuelitas cuya fragilidad impide el gozo del sol o la lluvia, aquellas cuya condición mental las aleja de la realidad, son muestra viva de la grandeza del Creador, ejemplo de vacío en la memoria pero del corazón necesitado de ternura.
A esas extraordinarias mujeres, un elogio a su grandeza.
Desde este sitio, te invito apreciado lector a sentir la quietud de su reposo, a reír con ellas, pintar los labios que tantas veces fueron besados, tocar sus manos arrugadas ya sin fuerzas para abrazar, vestirlas con la pijama de algodón y ponerles calcetines de colores, peinar los cabellos canos que muchas veces lucieron peinetas y sofisticados prendedores de la época; perfumar su piel, regalarles un instante de compañía que pronto olvidarán.
Sí ellas, viejecitas de hoy, que fueron lozanas ayer, volvieron a ser traviesas como niñas, robarse las galletas del cajón, curiosas y a veces bravas. Por un momento, siente como mujer, piensa como mujer… y a lo mejor, comprendas que el privilegio de cada década tiene su recompensa.
Mujeres de ayer,
ejemplo de constancia y laboriosidad.
Mujeres de siempre,
de todas las edades
almas que vuelan,
espíritus incansables
cuerpos de vida.
Por ellas, uno mi voz a su silencio. Comparto con mi género, la libertad para seguir construyendo sueños, y la dignidad, para avanzar con firmeza en el respeto a las mujeres, sin importar edad, raza ni condición social. Por la vida y dignidad de las mujeres… oraciones de paz.
Marzo de 2015. |