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Columna de Teresita

Fiesta religiosa. Devoción popular

(12 de agosto de 2015)
 
 

Cada pueblo tiene su encanto, costumbres y creencias. Dzitbalché no es la excepción. Un  lugar con  historia, trascendental por los manuscritos prehispánicos traducidos por el lingüista Alfredo Barrera que dan cuenta de la sensibilidad artística y espiritual del pueblo maya, en los textos de los Cantares de Dzitbalché. Tierra de agricultores, orfebres, bordadoras, carpinteros, maestros, vendedores y gente hacendosa que a diario cifra su presente en labores tradicionales para obtener el sustento familiar.

En esta ocasión, apreciado lector, está usted invitado a un viaje imaginario por ese pueblo pintoresco convertido en ciudad hace apenas unos cuantos años. Pertenece al municipio de Calkiní, entre las poblaciones circunvecinas destacan Bacabchén, Santa Cruz, San Antonio Sahcabchén, Concepción; su ubicación geográfica lo convierte en punto obligado para trasladarse a Mérida o Campeche. Su localización permite el arribo permanente de los habitantes de lugares aledaños, ya sea por cuestiones comerciales, de servicios o simplemente con motivos de recreo, quizá por eso, en las calles del primer cuadro siempre observará decenas hilvanadas de ciclistas y tricicleros, ¡por cierto con cuidado si usted transita en su auto o a pie!

Para los lugareños, el mes de agosto tiene su encanto; especialmente para los creyentes católicos, pues es el mes de las fiestas en honor a la Asunción de María. Casi todo el mes, los grupos religiosos, gremios, familias y devotos de la Virgen, consagran su tiempo y oraciones para venerar la imagen de la Patrona del lugar. Es una celebración centenaria, religiosa y popular que se transmite de padres a hijos, pues es común observar que desde edades tempranas, los niños son presentados a la iglesia y educados para postrarse ante el altar principal donde descansa la imagen femenina ataviada con elegante vestido azul y velo blanco de fino encaje. ¡Una figura hermosísima cuya mirada trasluce emociones!

 
 

El novenario mariano es una auténtica tradición, las festividades inician con el cambio de vestido y atavíos de la virgen que  ofrenda alguna persona o familia; la “bajada” es un ritual con cánticos y alabanzas para situar la imagen al alcance de los peregrinos, prosiguen los gremios, cada uno siguiendo el protocolo litúrgico que inicia con las mañanitas en el pórtico del templo; por la tarde, la entrada de estandartes y pabellones, rosario y misa. Al término de ésta, el espectáculo de fuegos artificiales, globos, toro petate… entretenimiento para el público de todas las edades. Si las finanzas son abundantes del gremio en turno, organizan bailes y vaquerías. ¡Un verdadero festín popular! Así, mi apreciado lector, una escapada a Dzitbalché lo transportará al folclor de los pueblos del Camino Real.

Pareciera que mi memoria se alegra al evocar esas imágenes, convertidas ahora en recuerdos. ¿Cómo olvidar esas vivencias si son parte de mi adolescencia y primeros años juveniles?

Aquellas alboradas frescas, acompañada de amigas y familiares para acudir a cantar las mañanitas a la virgen y después ir a la tamalada (comer tamales) en la casa donde saldría el gremio. Por la tarde, al llamado de voladores y al compás de la charanga, iniciar el cortejo por las calles del pueblo rumbo al atrio del santuario mariano; banderolas, flores y velas en las manos de mujeres, son un verdadero espectáculo. Las damas católicas lucen coloridos ternos, la cabeza cubierta con finos rebozos. Decenas de personas vestidas especialmente para ese recorrido, llevando entre manos la ofrenda para la Patrona del lugar. Ya en el templo, cantos, misterios, rosarios y la misa. Después de lo religioso vendrá otro tipo de celebración: el colorido de luces, pólvora y música para bailar.

 

 

El novenario y la procesión de la Virgen de la Asunción convocan a la comunidad, cada 15 de agosto; pobladores del lugar, feligreses y visitantes, se reúnen para postrarse ante la inmaculada Madre de Jesús; efigie maternal que desborda amor y a quien se solicita protección para las familias. Cada misterio del rosario profesa devoción. Ante ella, miles de rostros se han acercado, miles de manos han sentido el impulso del poder de la reina, a ella han dedicado rogativas para sanar, proteger y pedir amparo. No hay duda, la fe alimenta esperanza; la oración, bálsamo espiritual.

Durante varios veranos, participé en esa festividad católica. Hoy por hoy, hago votos para que año con año, la presencia y bendiciones de la Virgen, esparzan su luz para seguir creyendo, reafirmando el misticismo de la Asunción. Pasará el tiempo, sacerdotes vendrán, los ancianos fundadores de los gremios partirán, sin embargo, los valores familiares, creencias religiosas y tradiciones serán raíces para afianzar la herencia y el patrimonio intangible para las generaciones venideras.

No quisiera concluir estas reflexiones, sin antes manifestar mi solidaridad con sus habitantes para demandar a las autoridades, el cuidado, atención y vigilancia en la plaza principal, pues el conjunto arquitectónico y único espacio abierto para el  recreo, ha perdido su encanto por la proliferación desordenada de puestos ambulantes, establecimientos comerciales, negocios y juegos mecánicos que están dañando aceras, monumentos públicos y, al mismo tiempo, invadiendo calzadas y áreas para peatones, pues no se puede pasear por el parque ante tal cantidad de puestos de láminas, mesas y sillas, cables, recolectores de basura, etc… ¡Ojalá los regidores, protección civil y supervisores sanitarios de los expendios de alimentos realicen sus funciones para evitar accidentes o posibles incendios!

 
 

El desarrollo urbano de una ciudad se acompaña de orden, competencias ciudadanas, educación vial, infraestructura, limpieza de áreas públicas. La inmemorial iglesia, el palacio municipal con su arcada, el edificio colonial de la antigua escuela, el kiosko, son emblemas de Dzitbalché; pronto tendrá un Centro Cultural en pleno centro. La categoría de pueblo quedó atrás desde hace muchas décadas, es tiempo de reorganizarse como sociedad para mostrar la imagen citadina que le corresponde y el nivel cultural de sus habitantes; el hecho de tener un grado significativo de rezago o de riesgo por la existencia de pandillas en los barrios, las autoridades locales se nieguen a impulsar la modernización y desarrollo social.

Aunque no nací en ese lugar, guardo admiración por su historia, respeto por las familias, aprecio por los amigos y condiscípulos, con quienes comparto lazos indisolubles de amistad. Es el lugar donde nacieron mis sobrinos y aprendieron que por ese pueblo deberán trabajar para prosperar, porque sus hijos crecerán aprendiendo a proteger y preservar la riqueza de sus ancestros.

¡Alegre novenario Dzitbalché! ¡Día de fiesta para todos!

Agosto 2015.

 
 
 
Texto: Enviado por Teresita Durán, 09/08/2015 // Fotos: Santiago Canto Sosa, 2005, 2010 y 2013