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Columna de Teresita

Educación. Tarea compartida de padres y maestros

(7 de diciembre de 2015)
 
 

Los cambios vertiginosos de las últimas décadas han impactado la vida de las personas. El avance tecnológico, la expansión de los servicios digitales, la migración, violencia familiar, pobreza, desempleo, desigualdad económica y entornos agresivos causados por la delincuencia organizada, aunado a la no satisfacción de necesidades básicas humanas,   han modificado prácticas de crianza en el hogar,  formas de comunicación, los estilos de enseñanza en la escuela.

El progreso espectacular de las conexiones a internet, el acceso a las tecnologías móviles y medios digitales, son algunos de los factores que han impactado el contexto familiar y social, aunado a esas condiciones nuevas, la intolerancia y la violencia, alcanzaron a la comunidad escolar. La escuela – es quizá- el sitio donde se aprecia esa complejidad. La  educación de esta época tiene que replantearse desde la familia y en la escuela.

Cada vez aumentan casos de alumnos agresores con sus compañeros y maestros, niños agredidos físicamente y/o verbalmente, o estudiantes con algún trastorno conductuales; la mayoría de los casos, son infantes cuyos padres los exponen constantemente a escenas violentas, desatendidos  y abandonados; otros más, están inmersos en familias disfuncionales o experimentan procesos de ruptura entre sus padres (divorcio, separación) aumentando carencias afectivos, las cuales se manifiestan en indisciplina, desorden, agresividad.

La mayoría de las veces, los adultos (padres o tutores) rechazan el comportamiento de sus hijos, culpan a otros y no son capaces de aceptar la situación, lo cual se complica, pues no tienen disposición para participar en un programa de ayuda, argumentando falta de tiempo o que el director, el maestro o alguno de los compañeros de la escuela no puede ver a su hijo.

Cuando la situación no es atendida desde el principio y se sale de control, el rechazo y la negación son mecanismos de defensa que usa la familia, perjudicando más a los hijos. Antes  de acudir a la Procuraduría, Comisión de Derechos Humanos, medios masivos de comunicación o ventilar los casos a través de las redes sociales, es recomendable gestionar ayuda con los profesionistas, autoridades educativas; acercarse a personas confiables que seguramente escucharán y atenderán la problemática. Si bien, no todas las escuelas tienen psicólogos, está el director y los docentes,  conocedores de la situación podrán intervenir para atender el conflicto. Algunos  aspectos fundamentales  en la familia,  son la aceptación del problema, la voluntad para reconocer la necesidad de apoyo y disposición para superar esas dificultades que están afectando el aprendizaje escolar, el desempeño social de su vástago y la dinámica familiar.

La transformación social de estos tiempos dirige toda su intensidad en el desarrollo humano y la educación, ¿será la capaz la escuela de este milenio atender esa complejidad del comportamiento de los educandos? De entrada, es un enorme desafío. No depende únicamente del marco legal vigente apegado a las disposiciones internacionales macro o microeconómicas, ni a reformas estructurales educativas que conservan los procesos de formación inicial y continua de los docentes con otra intencionalidad pedagógica, también, es primordial reforzar las formas de participación de los padres, madres y tutores de los estudiantes, valdría la pena, ofrecerles programas permanentes de sensibilización para reforzar las formas de comunicación en la familia, tipos de apoyo  en tareas escolares, vigilancia, supervisión, hábitos de estudio, disciplina, construir instantes afectivos libres de violencia en casa.

La generalización de ese tipo de cuestiones inquieta al magisterio, el empoderamiento de los padres de familia como contralores en los centros escolares tiene que redireccionarse hacia el apoyo escolar a sus hijos, asistir a talleres de sensibilización, participar en programas de apoyo psicológico, acudir frecuentemente o cuando sean invitados a reuniones informativas, pláticas con profesionistas invitados (médicos, terapeutas, psicólogos, etc…). Los hijos son reflejo de los padres, es en el hogar donde aprenden a convivir y a comportarse de acuerdo a  valores que la familia  transmite. La escuela es un escenario donde se evidencian las enseñanzas de los padres.

La inclusión, convivencia sana, pacífica y la permanencia de los alumnos en las aulas son tareas compartidas entre escuela y familia; trabajar colaborativamente, unir acciones para y por el bienestar de los estudiantes es un acto de corresponsabilidad.

 
 
 
 
Texto: Enviado por Teresita Durán, 7 de diciembre de 2015 / Fotos: Padres de familia y alumnos de escuelas "Vicente Castro Bacallao" y "Mateo Reyes", década de 1970; autores anónimos