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Columna de Teresita

Carnavales estudiantiles

(4 de febrero de 2016)
 
Estudiantina del jardín de niños "Lilia Reyes de López Hernández"
Calkiní, década de 1950. Foto: González
 

El  carnaval es una fiesta de colores, ritmos, algarabía y diversión. En algunas familias, desde edades tempranas, los niños participan en bailes, veladas, comparsas, desfiles, carros alegóricos, cortes reales y hasta son elegidos reyes o reinas escolares durante las fiestas carnestolendas.

Como olvidar tantos días de ensayos para aprender los pasos, el movimiento de cadera o de hombros, la coreografía y hasta la sonrisa. Recuerdo que desde el jardín de niños, si tus padres autorizaban participar (comprar traje, asistir a los ensayos y estar en las veladas) como niña o niño, formabas parte casi instantánea del ingenio y habilidades artísticas de la maestra. ¡Qué tiempos! A veces sin dormir lo suficiente, con cansancio y ya con pocas ganas de bailar, tenías que continuar hasta el martes de carnaval. Los familiares orgullosos aplaudían y consentían, eran los primeros seguidores de las comparsas  infantiles. Era el principio de una vida escolar carnavalesca.

 
Estudiantina "Las Viejas Verdes". Calkiní 1962. Foto: Autor anónimo
 

En las comunidades de los municipios del interior del estado, principalmente en la región del Camino Real, cuando el niño o adolescente participa en la elección de los reyes, familias enteras se vuelcan a apoyar, venden votos, organizan kermeses, realizan ventas de panuchos, mondongo, dulces tradicionales, etc… para recaudar fondos para el día del cómputo. Aunque esta práctica prevaleció años anteriores, actualmente, la reina y el rey son escogidos mediante bailes, por simpatía entre sus compañeros o son designados, según sus condiciones económicas para pagar trajes, peinadores o hasta coreógrafos. No deja de ser emocionante el día de la elección: pancartas, maracas, porras, confeti, batucadas, todo por demostrar apoyo al chico o a la chica favorita.

Las veladas de coronación de las majestades estudiantiles se vuelve una noche cultural, brillante, colorida y de aplausos. Padres de familia, maestros y alumnos invitan al público a “prenderse” con los ritmos, admirar la creatividad de los maestros en el escenario, ovacionar el esfuerzo y talento de los pequeños. Después de la coronación, sigue el corso infantil, sábado de bando, vaquería, comparsas, estudiantinas en calles y casas, bailes de máscaras y disfraces, hasta terminar el martes, con la noche de batalla y baile de gala. En las Juntas y cabeceras municipales, el recinto principal es el palacio municipal, un verdadero espectáculo público que reúne a familias enteras de todos los barrios.

 
Estudiantina de la escuela primaria "Benito Juárez". Calkiní, 1984
Foto: Olegario Bacab Cimé
 

La simpatía de los infantes, picardía de los chicos, hazañas de adolescentes, energía juvenil, entusiasmo de los adultos y el espíritu bullanguero de los abuelitos de la edad dorada, son encargados de crear un ambiente contagioso. Personas animosas  de todas las edades, y dispuestas a divertirse, se esmeran en ensayos para afinar coreografías; niñas, jóvenes y adultas, procuran lucir su belleza y elegancia, enfundadas en telas radiantes, la magia de las fiestas  corona el júbilo popular. Un  verdadero festín.

Durante los días de la celebración más colorida del año, los bailes expresan toda combinación de movimientos corporales al ritmo de cumbias, merengue, salsa, reguetón, samba. La representación imaginaria de alguna época de la historia, luce en los disfraces, aunque también, se usan para emular o en forma sarcástica, hacer alusión a alguna figura pública o personaje. Debajo de los ropajes, mujeres y hombres –de todas las épocas– se atreven a cubrirse el rostro y alguna parte del cuerpo, con vistosos modelos, producto del ingenio de diseñadores y modistas. Así, se aprecian bordados brillantes de lentejuelas, pedrería, telas transparentes, gasas, plumas, sombreros, coronas, tocados, capas, penachos, entre tantos estilos de vestuario, confeccionados por manos creativas de los artesanos de la tela y zares de las tijeras.

 
Bando Infantil de Carnaval. Calkiní, 2000. Foto: Francisco Cauich Pat
 

Los carnavales escolares son muestra viva del folclor local, hoy día, los niños siguen siendo alegres participantes, ya sea que se presenten con academias de baile, grupos independientes, clubes o cortes reales, son parte encantadora de la fiesta, su simpatía suaviza la rudeza del león, su mirada encanta al príncipe, su coqueta sonrisa embelesa y su inocencia engrandece la admiración hacia ellos.

El carnaval en los municipios de Campeche forma parte de las fiestas tradicionales, si en tu infancia, alguna vez participaste o tus hijos bailaron en alguna comparsa, es imborrable el recuerdo aunque el traje termine en el ropero o en el mejor de los casos en el closet, guardará tantas horas de diversión. Lo valioso de esa tradición popular, no radica en la contratación del artista de moda, sino en el júbilo para participar con entusiasmo en las comparsas, veladas de coronación de los reyes, bailes y espectáculos para toda la familia. ¡Viva la alegría y el color del carnaval!

San Francisco de Campeche, febrero de 2016.

 
Reyes Infantiles del Carnaval. Calkiní, 2014. Foto: Santiago Canto Sosa
 
 
Texto: Enviado por Teresita Durán Vela, 4 de febrero de 2016 / Fotos: Varios autores