La palabra es creación de las civilizaciones, herramienta que materializa el pensamiento y pone de manifiesto el poder de la inteligencia. Existen representaciones para comunicar las ideas, estilos individuales para convertir los pensamientos en significados. La palabra es maravillosa.
Una forma universal de seducir a través de la palabra es precisamente la poesía. Ella existe y se desviste en los versos, navega afianzada en las rimas, sostenida en cada estrofa, esmaltada con metáforas e incendiada por el fuego humano.
Todo cuanto el hombre crea, se vuelve cercano. Ningún verso mancilla la pureza del significado, al contrario, cautiva con su música al intrépido cazador que se pierde en la oscuridad de la madrugada, bajo la niebla del alba. La poesía es un canto de esperanza. En cualquier lengua, su belleza exalta los sentimientos, elogia las cosas de la naturaleza, es vida. De la mente del hombre emana un torrente inacabable de imágenes, surgen figuras, paisajes, personajes, vivencias y emociones revestidas con la galanura de la fineza estética del lenguaje.
Si bien es cierto, que la poesía es una manifestación artística, su creación revitaliza al hombre, porque su esencia transforma lo real, imagina lo inimaginable, contempla la finitud y la continuidad del tiempo. Mientras haya vida, habrá poesía.
Es tal su magnificencia que la UNESCO, la arropa mundialmente dedicando una fecha para celebrarla, precisamente el 21 de marzo. Año con año, está vigente la invitación para los habitantes del mundo, para enaltecer con la palabra escrita, la sensibilidad humana que grita la desesperación del sediento y calla la pasión; desnuda en estrofas la fragilidad del tiempo, contempla la brillantez de la luna en el otoño, arrebata la fuerza de las olas y exclama entre suspiros el sonido de los caracoles.
Ante un escenario perverso para la humanidad, la voz de la poesía mitiga épocas sedientas de paz, alimenta la gratitud, exclama libertad y renace en el alma de los individuos de buena voluntad. Entre versos y estrofas interminables, los poetas no agotan su creatividad; al contrario, se revitaliza en cada palabra. |
Artistas de la palabra
Una vasta lista de nombres, personajes y autores han compartido sus saberes y composiciones poéticas. Infinidad de textos líricos han mostrado a la humanidad la generosidad de la palabra, desde las culturas prehispánicas, el canto del hombre ha sido la creación viva; la naturaleza, fuente de inspiración. Proveniente de una lengua originaria, de raíces latinas o anglosajonas, la poesía enamora. Tantos han sido los artistas de la palabra, algunos aprendices; otros, poetas consumados y más apasionados de la poesía, en sus entrañas se regocijan la musicalidad y las voces.
Épocas, tendencias, grupos literarios diversos en los idiomas contribuyen al florecimiento eterno de la lírica, algunas plumas reconocidas, otros noveles se atreven a despegar las alas hacia al mundo fascinante de la versificación. Millares de estrofas transitan en vetustas y recientes páginas, es inagotable la inspiración como infinita la inmensidad del espacio.
Voces hispanas, extraordinarios latinoamericanos, escritores mexicanos, poetas del terruño acuñan con humildad en sus versos la brillantez del pensamiento. En sus diversas estructuras estróficas son capaces de traspasar los sentidos: sonetos, décimas, haikús, redondillas, tercetos, versos libres que matizan los tejidos de la palabra se convierten en piezas artesanales; manuscritos y textos sin límites en las figuras. Generosos literatos cuyo latir hace latir, cuyo canto es concierto de emociones y en cuyas manos florecen los sentimientos.
A los artesanos de la palabra, gracias por iluminar con su luz, por musicalizar las pulsaciones y hacer vibrar en cada verso las cuerdas del pensamiento. Sin duda, su obra apasiona. A ustedes, mi admiración y gratitud.
¡Poeta de mi tierra!
En el mar reposa
el encanto de tu lira,
donde la vida y el amor
acarician emociones
que naufragan en el alma.
Amigo del sol,
el hombre y las estrellas,
tus ojos, desnudan el brillo de la luna,
cuán silenciosos se ocultan en el cielo.
Amo tus cantos juveniles,
soledad de soledades,
rebeldías otoñales
desvistiendo el ropaje de las letras.
Boca mía que no es mía cuando calla,
sedienta de la lumbre de tu canto,
endulza mi decir
con el néctar de las rimas,
la música del soneto
al compás de la guitarra.
Regálame una copa de versos
para mitigar el fuego que arde en las arterias
y enciende el palpitar del corazón.
¡Gracias por regalar a cada verso
la grandeza de tu espíritu,
y dejar en estas manos,
la flor de la poesía!
Teresita Durán. Marzo 2016 |