Indiscutiblemente,
la ley divina y la sociedad, señalan que el hombre
“ganará el pan con el sudor de su frente”
y que procurará tener lo necesario en su hogar y la
mujer se encargará de que todo se aproveche en el hogar.
Pero ¿qué pasa cuando tu pareja no acepta esta
responsabilidad?
En la
historia podemos encontrar muchos casos de hombres flojos,
y sabemos que son personas que sobreviven por mucho tiempo,
debido a que nunca se estresan y mientras que a algunos no
les preocupa tener más de lo necesario, otros exigen
buena comida, buena ropa y hasta buenos tragos y tabacos y
aprenden a vivir explotando a los demás. Siempre consiguen
a alguna persona de la cual depender, se convierten en parásitos
y saben manejar los sentimientos de las personas que están
a su alrededor. Si alguna vez consiguen un trabajo, llegan
quejándose de dolor de espalda, de cabeza, de estómago,
etcétera; manifiestan coraje contra sus jefes, maldiciéndolos
porque “los explotan”; en fin, hacen todo un drama,
chantajean sentimentalmente a su pareja, renuncian al trabajo
y pasan días buscando uno que “les acomode”,
de preferencia sin salir de su casa.
Hay hombres
flojos que llegan a manipular de tal forma a su mujer para
explotarla, que hasta les exigen dejar un trabajo y conseguir
otro mejor pagado, hacen planes que más parecen “sueños
guajiros”, imposibles de realizar, sobretodo que en
sus planes no entra la acción de ellos, sino que empiezan
a manejar a los miembros de la familia como en un tablero
de ajedrez y donde el mayor provecho será para ellos,
“si ellos tuvieron la gran idea”, son flojos pero
inteligentes y además “evitan la fatiga”.
Pero lo peor no es que tengan esas ideas, sino el hecho de
que los demás les hagan caso y les sigan creyendo,
a pesar de los catastróficos resultados de otras ideas
previas.
En esta
situación de codependencia es donde tienes que tener
cuidado, porque es como la enfermedad del alcohólico,
el alcohólico debe tener alguien que le siga fomentando
el vicio y alguien que le esté diciendo siempre “deja
de tomar”; así el flojo, mientras tenga comida,
ropa limpia y donde dormir, no le preocupará otra cosa
y tú también te pasas la vida diciéndole
“busca trabajo”.
Empiezas
a buscar respuestas y encuentras que una de las causas puede
ser la forma como lo educaron, tal vez tuvo unos padres demasiado
protectores que no inculcaron en él la competitividad
que todo ser humano debe tener para ser alguien productivo.
O tuvo unos padres autoritarios que dejaron su autoestima
por los suelos y él no se siente capaz de realizar
ningún trabajo por sí mismo.
¿Cómo
hacerlo trabajar?
Hazle
ver que en tu trabajo, también tienes que pasar las
de Caín para seguir adelante, tal vez tengas un jefe
gruñón, un ambiente de trabajo difícil,
o si vendes algún producto, tienes que soportar malas
caras de tus deudores que te hacen dar vueltas y vueltas para
pagarte, cuéntale tus experiencias diarias y analiza
con él, que todo trabajo requiere de sacrificios y
riesgos; que es necesario responsabilizarse y dedicarle el
tiempo necesario ya que es de ese trabajo de donde van a subsistir.
Así que, cuando él trabaje, haz caso omiso de
sus quejas, evita que te chantajee. Una buena respuesta sería:
“¿quieres que yo vaya a hablar con tu jefe?”
o si se queja de un dolor: “tómate una aspirina”.
Pero,
para grandes males, grandes remedios. Debes tomar medidas
drásticas. Si él no trabaja, no te desvivas
tú por solventar los gastos del hogar, cuando pida
algo, simplemente dile que no hay, pues tu salario no alcanza
para tanto. No le compres ropa, ni zapatos, ni mucho menos,
le mantengas vicios que pueda tener. Muchas veces las mujeres
que trabajan son las culpables de esta situación, pues
les dan todo a esos maridos flojos, que ni siquiera dan un
golpe, cuando menos, en los quehaceres domésticos.
Si no
te atreves “a tanto”, te sugiero que lo ayudes
a encontrar un trabajo, lo animes a continuar, reconociéndolo
y valorando su actitud responsable. Algunas veces el hecho
de no ser reconocidos en su hogar, es lo que provoca que este
tipo de hombres no acepte su responsabilidad de mantener una
familia. Si trabaja, procura que al llegar a su casa encuentre
un ambiente de paz y relajación.
De estos
dos métodos, aunque son opuestos totalmente uno del
otro, puede ser que alguno funcione y también es posible
combinarlos.