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(19 de junio de 2005)
 
Cómo ganarse la confianza de los hijos // Alma Sandoval Valenzuela
 

Educar a un hijo es una de las tareas más gratificantes que existen. Pero, también, una de las más complicadas y que mayor responsabilidad implica. Mantener una actitud de confianza en las relaciones entre padres e hijos facilita enormemente esta labor. La confianza asume el papel de cualidad en la relación educativa y comprende ciertos modos de actuación, que pueden llegar a constituir un determinado estilo de comportamiento.

En muchas ocasiones hemos tenido que aceptar que nuestro hijo, sabía lo que teníamos que decirle, no obstante, ignorábamos sus intenciones. Asimismo, nos sentimos sorprendidos al escuchar que nuestro hijo practica algunas conductas que, dentro de nuestros cálculos, no le damos la menor oportunidad de llevar a cabo, pero que nuestras amistades se encargan de evidenciar lo contrario. Muchos padres de familia, nos confían preocupados sus problemas porque no saben "cómo llegar a sus hijos"; que hacen lo posible por darles confianza, pero son vanos sus esfuerzos; en la mayoría de los casos fracasan y el resultado agrava más la situación original.

Debemos aceptar, aunque nos sintamos frustrados, desencantados y desengañados, que ha fallado algo que hasta ahora no habíamos hecho consciente: la comunicación con ellos. Que adolecemos de uno de los males que caracterizan a muchas familias y cuyas repercusiones pueden ser serias si no actuamos con la madurez que el caso lo requiere. La falta de confianza, la ausencia de diálogo, que son otras formas de designar al mismo fenómeno, apuntan hacia lo mismo: crear una barrera entre ellos y nosotros. Un obstáculo que poco a poco va cogiendo fuerza y dimensión y que más tarde nos debilita tornándose casi imposible superar por sus repercusiones en la vida familiar y social.

La falta de confianza y sinceridad que nos impide comunicarnos con nuestros hijos es algo que se va formando a partir de la niñez, agudizándose en la adolescencia, etapa en la que toma ribetes dramáticos de problema de conducta.

¿Qué factores impiden la comunicación entre padres e hijos? o ¿qué es lo que hace posible que la comunicación se vaya perdiendo a medida que nuestro hijo se desarrolla?

No existe una sola respuesta a estas interrogantes. Lo que resulta cierto en la mayoría de los casos, es que ello depende de nuestro estilo de llevar a la familia, de nuestro estilo de autoridad, de nuestra forma cómo concebimos la disciplina y la tolerancia. Como ocurre en todo aquello que concierne al ser humano, cada escenario, cada ambiente configura nuestra forma de ser. Nuestra actuación es primordial en la formación de la personalidad de nuestros hijos. Ellos se van formando y modelando con las garantías que le ofrecemos en las etapas críticas de su desarrollo. Cuando el niño atraviesa la etapa de la dependencia y de la confianza básicas, debemos estar presentes para ofrecerles nuestro apoyo; cuando se encuentran en la etapa de la independencia, ya adolescentes, debemos estar atentos a sus primeros intentos por adquirir seguridad. En los momentos que ocurren sus primeras manifestaciones de amor compartido, nuestra presencia y consejo les da la confianza en cómo viven sus emociones y hacia dónde se dirigen sus sentimientos, y como no podía ser de otro modo, también en las desilusiones y frustraciones que experimentarán. Todos estos momentos van construyendo un puente de comprensión con nuestros hijos que tarde o temprano inclinarán la balanza hacia la confianza y el respeto, ingredientes necesarios para el entendimiento y la búsqueda de canales de comunicación. Así, se va forjando la confianza que es enriquecida a través del diálogo y el entendimiento. Mientras los padres tengamos el interés de construir en cada hijo un modelo de virtudes, pensaremos que todo momento es oportuno para sacarle provecho, y toda experiencia ganada es un aporte a la construcción de este ser.

Se espera que la confianza y seguridad de nuestros hijos se fundamente en el buen ejemplo que irradiamos, en nuestra diaria forma de demostrar nuestros afectos y resolver nuestros problemas, en la transparencia de nuestras intenciones y la facilidad con que interpretamos las cosas complicadas de la vida.

Por último: mamás, papás... busquen la empatía con sus hijos porque el tiempo hará más difícil las relaciones con ellos y nos quedaremos solos... sin su cariño.

Recomendaciones para papás:

1. Educa la voluntad de tus hijos y sus sentimientos.
2. La cólera es nociva para la educación de los hijos. Evítala.
3. El secreto que un hijo confíe en ti debe ser como una piedra lanzada al mar. Se esconde en el fondo, nadie la ve, descubre, conoce.
4. Da siempre testimonio de tu palabra.
5. Entiende que la misión de ustedes es de orientar, esclarecer, amar, comprender, incentivar.
6. Tu hijo muchas veces está psicológicamente agobiado y siente la necesidad de desahogarse. Entiéndelo.
7. Escúchalo. Antes de contradecir a tu hijo, escucha, analiza y trata de comprender lo que él quiere decir. Y después habla, pero con amor.
8. Tu hijo precisa consejos y recomendaciones, pero deben ser bien dosificados, dados con amor y bondad.
9. Ama a tus hijos. El amor siempre trae unidad y conlleva a hacer obras de bien. Una vida sin amor es una vida vacía y sin sentido.
10. Evita la crítica. El exceso de críticas y de censuras elimina el incentivo y el deseo del bien.
11. Señala con amor los errores de tu hijo, aprecia sus virtudes, incentiva el bien y valoriza sus buenas acciones.

 
Fuente: Texto enviado por Ernesto Rodríguez Moguel, desde Cárdenas, Tabasco