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(31 de julio de 2005)
 
¿Rebelde o sumisa? // Alma Sandoval Valenzuela
 

“...ni princesa ni esclava,
simplemente mujer...”
Canción popular

Desde la antigüedad, se han separado las acciones propias de los hombres y las mujeres. La mujer no tenía la libertad que ahora tiene, y este cambio se dio a partir de la época en que surgió el feminismo. Esta corriente aunque ha tenido muchos aciertos, ha despertado en las mujeres un espíritu de rebeldía.

Las mujeres se rebelaron e iniciaron el movimiento feminista, tal vez en esa lucha no pensaron que pudieran ser malinterpretadas, ellas buscaban la igualdad en el aspecto laboral y de otros derechos, pero su lucha más fuerte fue la liberación de la mujer del yugo masculino. Bien por ellas.

Pero desgraciadamente, esa libertad se ha confundido con libertinaje en el que la mujer pierde toda dignidad y es manipulada fácilmente como objeto de placer. Es más, los hombres se aprovechan de esa “libertad” y les exigen que se ocupen también de labores propias de los hombres y ellos consecuentemente perdido el respeto y la caballerosidad de los años de oro de la sociedad: ya no ceden el lugar a las damas, hablan improperios delante de las mujeres, se comportan como patanes delante de ellas, y todo esto resulta en detrimento del sexo femenino.

Hoy en día este concepto ha traído confusión: muchas mujeres han abanderado el feminismo en aras de la libertad o de la rebeldía, pero ¿en qué sentido?

Las mujeres de este tipo, que se dicen libres o rebeldes, abandonan su responsabilidad de esposas y madres, las solteras se desnudan en público imitando a las profesionales y para deleite de los hombres y degradación de las mujeres; además tratan de imitar e igualarse al hombre utilizando un lenguaje vulgar cuando se reúnen con ellos, ¿es eso libertad? ¿es eso rebeldía? No es en ese sentido que debe ser tomada la libertad o rebelión en el movimiento feminista; es la libertad de mente, espíritu, pensamiento, palabra y decisión, sin perder nuestra condición de mujer; es rebeldía con causa y por razones que valen la pena.

Es cierto que hombres y mujeres somos diferentes, aunque sabemos que el hombre tiene una parte femenina y la mujer una parte masculina en su configuración genética; por eso no es posible afirmar que uno sea más inteligente que la otra o viceversa. La capacidad intelectual es la misma. Sin embargo, hay que hacer hincapié en la diferencia de fuerza física que es obvia y es un campo donde la mujer no podría desarrollar, con el mismo rendimiento, las labores de un hombre. Es bueno rebelarse del yugo masculino; porque sabemos que en nuestra sociedad machista, algunos hombres sojuzgan a las mujeres y no les permiten ni siquiera la libertad en el buen sentido que mencioné anteriormente.

Sabemos y reconocemos que el hombre es la cabeza de la familia, es la autoridad. Y esta autoridad es la que algunos hombres no entienden muy bien; creen que tener la autoridad es ser dueño de las voluntades de quienes lo rodean y es cuando se manifiesta el machismo; y éste sería un tema aparte para comentar. En este caso podemos preguntarnos ¿quién es la persona responsable de esta situación? ¿la mujer sumisa? o ¿el hombre macho?

La mujer sumisa vive amenazada y asustada, no hay mucho qué decir de ella, es sólo una sombra del hombre que está a su lado, no tiene ni voz ni voto; y no estoy hablando de las talibanes; esto lo observamos también en nuestra sociedad. La mujer sumisa no se acepta a sí misma como un ser pensante, funciona como robot manipulada por su hombre y a veces hasta por los hijos. Son cobardes y son las eternas víctimas; y a veces les conviene estar así, pero no es sano, por el bien de la familia.

Y la verdadera mujer rebelde es aquella que se permite ser ella misma, que es el eje de su familia, que sugiere de manera sutil, que lleva el timón o dicta las coordenadas, que sabe utilizar su astucia para simular sumisión cuando convenga y rebeldía en el momento adecuado y de forma discreta; la que lucha por ideales propios y ajenos que tengan un fin común y de beneficio, no sólo para ella, sino para la humanidad entera. Es la que lucha por la justicia desde dentro de su hogar educando a los hijos y desde su trabajo cumpliendo con excelencia.

En nuestra cultura, nosotras las mujeres somos el pilar de la familia (matriarcado disfrazado de patriarcado) y ello nos pone en una situación muy especial puesto que las decisiones más importantes de la familia pueden ser tamizadas por nosotras -si así lo queremos-, pero también puede ser que hagamos caso omiso a este atributo y entonces solamente estemos viviendo a través de los hombres y nuestras vida se convierta en la robotización de la mujer, tú eliges.

Nosotras tenemos el poder de decidir y eso nos hace importantes. Somos madres, hermanas, esposas, hijas y sin la fuerza de nuestra presencia no existe nada.

 
Fuente: Texto enviado desde Cárdenas, Tabasco