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(2 de enero de 2005)
 
Los propósitos de Año Nuevo // Ernesto Rodríguez Moguel
 
El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre
que sabe adónde va.

De Saint- Exupery


Entre otros significados, el año nuevo significa muerte de lo antiguo y renovación. Comienza un nuevo año y con él, un mundo de oportunidades se abre ante ti. Es el momento propicio para que reflexiones internamente sobre experiencias pasadas, situaciones presentes y el porvenir. Para aprender del pasado, disfrutar el presente y construir un futuro mejor.

Si te detienes por un momento y haces una pausa para mirar hacia atrás, puedes darte cuenta que te encuentras exactamente donde te han traído tus acciones pasadas. El ser humano construye su futuro día a día mediante sus pensamientos, palabras y acciones, y estas a su vez van moldeando el presente. Al estar consciente de esto, quizá empiezas a considerar la posibilidad de hacer propósitos para el Año Nuevo. Si no has cumplido los de años anteriores, tal vez veas esta tradición como un doloroso proceso que acaba por mermar tu confianza en ti mismo. Sin embargo, puedes recobrar la esperanza en un mejor futuro si pones en perspectiva tu experiencia y cobras ánimo.

Cuando tienes claros tus propósitos de nuevo año y tu corazón está lleno de entusiasmo (Dios en ti), tu voluntad se fortalece y te sientes cada vez más capaz de lograr lo que te propones; y no sólo eso, sino que también sientes la necesidad de hacer algo por aquellos que hasta ahora no se han propuesto lograrlo por si mismos, y comienza entonces un proceso de crecimiento en el cual te vuelves consciente de que eres dueño de tu destino y capaz de utilizar tu voluntad en forma cada vez más creativa y constructiva. A partir de ese momento verás los obstáculos sólo como situaciones a superar y de las cuales aprender, el contento se abre paso entre los lamentos, la alegría vence a la tristeza y la esperanza, la seguridad y la confianza reinan donde antes se encontraba el temor.

Siempre puedes escoger entre vivir el mundo como lo conoces o cambiarlo en el que deseas, la decisión al final es tuya, según decidas ejercitar tu libre albedrío.
Puedes notar a diario cantidad de personas que fácilmente logran prácticamente cualquier cosa que se proponen, algunas veces hasta sin esfuerzo aparente. Si pudieras conversar con alguna de ellas, podrías darte cuenta que tienen una visión amplia de la vida, están claros respecto de que esperan de ella, tienen idea de como obtenerlo, y sus metas son en general elevadas. La naturaleza de este propósito puede ser variada y aún cambiar con el pasar del tiempo, pero indudablemente está allí como una brújula que dirige el rumbo de sus vidas.

Por lo anteriormente expuesto puedes darte cuenta que el tener un propósito claro en la vida es no sólo deseable, sino realmente necesario si quieres obtener de ella algo más que el simple trajinar del día a día. Es importante tomarte un tiempo para ver si vas en la dirección en que realmente quieres ir, si tienes claro lo que esperas obtener de la vida, cómo lograrlo, y principalmente si lo que te has propuesto es lo que realmente deseas.

Una vez que inviertes un poco de tiempo en satisfacer esta necesidad interna, te darás cuenta que el propósito principal de la vida es mucho más amplio de lo que hasta ahora podrías percibir, que es un propósito que va más allá de lo aparente. El alcanzarlo se convierte en un reto individual que te motivará a ser cada día mejor y a encontrar maneras de mejorar lo que te rodea. Todo esto te lleva a replantearte tus metas en función de esta nueva percepción de la realidad por medio de la cual la vida adquiere un sentido más amplio, vivirla se vuelve interesante, disfrutarla se convierte en algo natural y deseable de compartir con cada vez más personas y mejorarla es simplemente un efecto secundario de tu diario obrar en armonía con tu nuevo propósito.

Para plantear tus propósitos del nuevo año necesitas:

Decisión: Porque toda gran obra ha empezado con un sueño y la actitud por conquistarlo. Primero tienes que entender que no puede haber vida sin riesgo; y cuando tú te sientes fuerte, todo lo demás es secundario, incluso los riesgos. Tienes antes que nada, que aceptar el reto de ser diferente, de tener por lo menos la decisión de ir más allá de tus propios límites y de conquistar lugares que nadie ha conquistado.

Responsabilidad: No hay mayor dirigente de tu vida, que tú mismo. Eres el actor principal y por ende, hay que tomar con valentía, fortaleza y compromiso las consecuencias de tus actos. No puedes engañarte pensando que alguien más trabajará o cambiará por ti. Así como tienes el carácter para hacer propósitos, deberás tener la responsabilidad de cumplirlos, sin afectar a nadie, y de la forma más eficaz posible.

Trabajo: Hay que romper todas las puertas que creas que están cerradas. 1% de inspiración y 99% de transpiración. Sin acción no hay resultados, sin resultados no hay cambio, sin cambio no hay esperanza en que el mundo puede ser diferente. Actúa con todo el entusiasmo, la energía y la fuerza de voluntad posible. Trabaja y pon en marcha todas las cualidades que te otorgaron, no se pueden quedar dormidas, ahí no sirven de nada. En lugar de sentarte a ver cómo “se rompen el lomo” los demás por sobrevivir, ponte de pie y sé parte activa y presencial de lo que vive el mundo. Agentes de cambio que sean luchadores incansables, que actúen y no prometan, es lo que pide Dios y necesita el mundo.

Si estas características o motivadores de cambio los haces vida de tu vida, junto con una esperanza puesta en Dios, muy probablemente transformarás esas propuestas de año nuevo, en palpables realidades y tu destino de ser “marionetas” se tornará a ser arquitectos de la historia: Tu historia.


Cómo plantear sus propósitos:

Establece sus propósitos como objetivos. La diferencia entre los objetivos y los buenos deseos es que los primeros son medibles, realistas y se establecen para ser logrados en un tiempo determinado, mientras que los buenos deseos son genéricos, vagos y aparentemente no tienen límite. Te quedas a nivel de "buenos deseos" cuando dices: "ya no me voy a enojar”, entonces tu mente tiende a verlo como algo irrealizable. En cambio, cuando dices: "voy estar contento todo el tiempo", ves con claridad el final del camino, tanto en cantidad como en tiempo, y eso te permite enfocar mejor tus esfuerzos.

Define metas intermedias. Si alguien quiere correr un maratón, primero puede establecerse como meta el correr cinco kilómetros, después puede aspirar a correr los diez kilómetros en un tiempo determinado, cuando lo logre puede aspirar a los 21 kilómetros y así sucesivamente. De esta manera, el logro de cada meta intermedia te anima a seguir luchando para llegar al final del camino, pues ves esos avances como logros concretos.

Hazlo por escrito. Es difícil acordarte de lo que dijiste hace un mes. Tu mente te puede jugar tretas haciéndote olvidadizo, o acomodando tus propósitos al momento emocional que estas viviendo. Al escribir tus propósitos puedes plasmar en el papel lo que quieres lograr, el cuánto y el para cuándo, además puedes leerlos a menudo para recordarlos o ponerlos en un lugar accesible para tenerlos presentes.

¿Cómo evaluar resultados?

Califica tus resultados. De preferencia maneja calificaciones periódicas. Por ejemplo si tu propósito es: "Dedicar por lo menos media hora diaria a platicar o a jugar con mis hijos", todos los días puede calificar tu desempeño y registrar si dedicaste o no ese tiempo a tus hijos. Estas calificaciones te dirán si vas por el camino correcto o si tienes que hacer algunas modificaciones al rumbo.

Haz evaluaciones trimestrales. Al menos cuatro veces al año, dedica unos minutos para ver que tan bien has cumplido con tus propósitos y sobre todo para detectar el porqué. Si has tenido éxito al saber el porqué, contarás con elementos para hacer que ese éxito se repita. Si has fallado, podrás tomar medidas que ataquen directamente las causas, pero como apenas ha transcurrido un trimestre o dos todavía tiene tiempo de lograr lo que te propusiste antes de que termine el año.

Da reconocimiento a tu esfuerzo. Lograr lo que te has propuesto, es en sí mismo una fuente de satisfacción, pero el éxito personal también se puede convertir en energía impulsora para lograr nuevos éxitos, si refuerzas ese éxito a través del reconocimiento. Cuando hayas logrado lo que te propusiste, prémiate. No se requieren premios sofisticados o caros, sino el hecho de que tú mismo reconozcas tu éxito, como por ejemplo: realizar esa actividad que querías llevar a cabo, cómprate eso que deseabas, haz el paseo de tu agrado, etc.

Si pones en práctica estas ideas, sin lugar a dudas sus propósitos de Año Nuevo tendrán muchas más probabilidades de convertirse en realidades.


Estas recomendaciones te ayudarán a lograr tus propósitos:

• Es mejor concentrar tus esfuerzos en un solo objetivo. Asegúrate que sea una meta que realmente quieres lograr. Divídela en pasos pequeños y fáciles de lograr. Así empezarás a progresar hacia tu objetivo sin demora.

• Comparte tu objetivo con personas cercanas, pero sólo si tienes la certeza que te brindarán ánimo y apoyo. Pide que te ayuden a perseverar hasta lograr el éxito. Entre más personas tengas en tu equipo, mayores tus probabilidades de éxito.

• Se ingenioso para recordarte la meta que persigues, ya sea con una nota pegada a un espejo en la recámara o baño, un símbolo de su objetivo colgado en la puerta del refrigerador o una liga floja en un dedo.

• Para en seco cualquier pensamiento negativo. Si surge alguno, distráete para no pensar en él ni tan sólo un segundo. Escoge en su lugar contemplar pensamientos de felicidad y éxito.

• Busca algún pensamiento o frase positiva que te inspire. Dila a ti mismo, como: “Sé que en mi interior está la sabiduría y la fuerza para lograr mi objetivo. Puedo lograr todo lo que decida hacer”. Repítelo una y otra vez con convicción y optimismo.
• Invierte tiempo de manera regular en imaginarte logrando tu objetivo. Mírate mentalmente en movimiento, a todo color, como si vieras una película, no una fotografía. Usa los cinco sentidos para sentir plenamente que llegas a su meta.

• Si eres creyente, reza para pedir ayuda, fortalece tu fe y graba bien en tu interior tu imagen del éxito.

• Recuerda que tu compromiso es hasta cumplir el objetivo. No asumas que desistirás, pero estate preparado en caso de fallar temporalmente. De ser así, tan pronto puedas, levántate y ¡sigue adelante! No pierdas ni un segundo en recriminarte. Ten la certeza que ha sido bendecido con el poder de lograr sus objetivos nobles.

Que este nuevo año nos brinde paz, amor, salud, armonía, unión, felicidad y prosperidad.

 
Fuente: Texto enviado por el autor