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(27 de febrero de 2005)
 
Sanando al niño herido // Ernesto Rodríguez Moguel
 
La madurez del hombre es haber
recobrado la serenidad con la
que jugábamos cuando éramos niños.

Frederich Nietzsche

Recuperar tu vida es un proceso, y éste empieza con actividades tan sencillas como hacer una reflexión acerca de tu vida. Recuerda los detalles de tu niñez, las fortalezas y debilidades de tus padres, de las posibles consecuencias de la relación con ellos. Te invito a que veas la película de tu infancia, sin censuras (no es aconsejable compartir la información con tus padres o parientes cercanos). En esta etapa te invito a que vayas a la playa o a un lugar apartado y piérdete todo un día y así tendrás oportunidad de reflexionar sobre quién eres y quién deseas elegir ser.

Si posees una foto de cuando eras un niño, llévala; si todavía conservas algunos juguetes de tu infancia, te aconsejo que sean parte de tu equipaje en este viaje, además de una libreta y un lapicero. Al ver la foto, advertirás la alegría que emanaba de tus ojos cuando eras un niño. Verás a un pequeño inocente, maravilloso, que sólo desea la oportunidad de vivir su propia vida. Este niño no pidió nacer. Todo lo que querías como niño era un poco de alimento y amor.

Inicia conociendo a tu niño desde el momento de su nacimiento. Cierra los ojos y recrea cada detalle de lo que creas que haya pasado en ese momento. Toma a tu niño en tus brazos y háblale, arrúllalo, mímalo y dile que lo vas a proteger el resto de tu vida.

Algunas veces, es conveniente que compartas la historia de tu vida con uno o varios amigos. Cuando te revelas, se crea un efecto casi mágico en los que te escuchan. Se crea un efecto de empatía. La revelación cambia a quien lo hace, como a quien lo recibe. Cuando yo me abro a ti, estoy siendo yo realmente; y al ser yo mismo en tus ojos, lo soy también en los míos, y con ello me revelo a mí mismo. Me veo en mis palabras y en tu rostro; descubro mis fallas y mis aciertos en tus expresiones y voy gradualmente leyendo mi propia experiencia en tus ojos y en tus reacciones. Y también tu cambias al oírme, al escucharme, tus propias experiencias afloran y vas pensando en ellas y vas construyéndote junto conmigo.

La autorrevelación tiene el poder de cambiar el pasado en presente. Si te cuento parte de mi vida pasada, no es para hacer evidente mi pasado y comportarme como una víctima. Es para que mi pasado obre sobre mi presente, como yo lo veo y lo siento y así, al contarte hechos dolorosos de mi vida que me sucedieron en el pasado, te estoy revelando sentimientos presentes. La reacción que tu tengas de mi relato, es la medida de mi sinceridad. Si me pierdo en vaguedades, se pierde tu interés como oyente y de eso fácilmente me doy cuenta que te estoy platicando un cuento chino, que difícilmente me esté ayudando a construirme. Hay que tener presente que cuando el fuego arde, las chispas brillan; y esto lo aplico en mi autorrevelación, porque a medida que el relato se acerca a la realidad, el interés que te cause será mayor y tu expresión descubrirá las chispas que del cincel y del martillo emanan al moldear mi vida.

Vale la pena soñar.

Si ya has recuperado la tranquilidad, si el niño que llevas dentro ya ha resuelto parte de su dolor y convive armoniosamente contigo; entonces vale la pena empezar a soñar.

Muchos de nosotros tenemos sueños muy complejos. No sabemos a dónde vamos, entonces ¿por qué nos sorprendemos si no llegamos? Pensamos en cosas grandiosas, pero sin detalles. Necesitamos ser específicos. Otras veces no tenemos ningún sueño. Vivimos a la defensiva. Cada mañana nos levantamos sin meta alguna y luego nos extraña mucho irnos a dormir por la noche, sin haber realizado nada. De esta manera, la vida se convierte en una aburrida rutina. Hacemos lo que nuestros padres nos exigen, lo que los maestros nos asignan, lo que nuestro jefe nos ordena, lo que nuestra familia o amigos esperan de nosotros y lo que la iglesia o el gobierno requieren. Dejamos que la ley determine nuestra moralidad y que los impuestos deducibles condicionen nuestras obras de caridad. El escritor, actor y productor filántropo, Bill Cosby, lo dice así: Yo no sé cuál es la llave del éxito, pero sé que la llave del fracaso está tratando de agradar a todo el mundo.

Recuerda que decir: Yo quiero ser algo más, o yo quiero hacer algo mejor, es solamente el principio de un sueño. El autor americano Ben Sweetland escribió: El éxito es un viaje, no un destino. Soñar es el primer paso de una jornada que te aleja de la mediocridad y del fracaso, te lleva hacia un mundo inimaginable, lleno de oportunidades. Solamente es necesario que cambies tus pensamientos y cambiará tu mundo.

Se vale soñar, porque al soñar estás permitiéndote iniciar el proceso de la creación del resto de tu vida. Anímate a soñar y notarás las posibilidades que tienes de ser cada día mejor.

 
Fuente: Texto enviado por el autor