La
madurez del hombre es haber
recobrado la serenidad con la
que jugábamos cuando éramos niños.
Frederich
Nietzsche
Recuperar
tu vida es un proceso, y éste empieza con actividades
tan sencillas como hacer una reflexión acerca de tu vida.
Recuerda los detalles de tu niñez, las fortalezas y debilidades
de tus padres, de las posibles consecuencias de la relación
con ellos. Te invito a que veas la película de tu infancia,
sin censuras (no es aconsejable compartir la información
con tus padres o parientes cercanos). En esta etapa te invito
a que vayas a la playa o a un lugar apartado y piérdete
todo un día y así tendrás oportunidad de
reflexionar sobre quién eres y quién deseas elegir
ser.
Si
posees una foto de cuando eras un niño, llévala;
si todavía conservas algunos juguetes de tu infancia,
te aconsejo que sean parte de tu equipaje en este viaje, además
de una libreta y un lapicero. Al ver la foto, advertirás
la alegría que emanaba de tus ojos cuando eras un niño.
Verás a un pequeño inocente, maravilloso, que
sólo desea la oportunidad de vivir su propia vida. Este
niño no pidió nacer. Todo lo que querías
como niño era un poco de alimento y amor.
Inicia
conociendo a tu niño desde el momento de su nacimiento.
Cierra los ojos y recrea cada detalle de lo que creas que haya
pasado en ese momento. Toma a tu niño en tus brazos y
háblale, arrúllalo, mímalo y dile que lo
vas a proteger el resto de tu vida.
Algunas
veces, es conveniente que compartas la historia de tu vida con
uno o varios amigos. Cuando te revelas, se crea un efecto casi
mágico en los que te escuchan. Se crea un efecto de empatía.
La revelación cambia a quien lo hace, como a quien lo
recibe. Cuando yo me abro a ti, estoy siendo yo realmente; y
al ser yo mismo en tus ojos, lo soy también en los míos,
y con ello me revelo a mí mismo. Me veo en mis palabras
y en tu rostro; descubro mis fallas y mis aciertos en tus expresiones
y voy gradualmente leyendo mi propia experiencia en tus ojos
y en tus reacciones. Y también tu cambias al oírme,
al escucharme, tus propias experiencias afloran y vas pensando
en ellas y vas construyéndote junto conmigo.
La
autorrevelación tiene el poder de cambiar el pasado en
presente. Si te cuento parte de mi vida pasada, no es para hacer
evidente mi pasado y comportarme como una víctima. Es
para que mi pasado obre sobre mi presente, como yo lo veo y
lo siento y así, al contarte hechos dolorosos de mi vida
que me sucedieron en el pasado, te estoy revelando sentimientos
presentes. La reacción que tu tengas de mi relato, es
la medida de mi sinceridad. Si me pierdo en vaguedades, se pierde
tu interés como oyente y de eso fácilmente me
doy cuenta que te estoy platicando un cuento chino, que difícilmente
me esté ayudando a construirme. Hay que tener presente
que cuando el fuego arde, las chispas brillan; y esto lo aplico
en mi autorrevelación, porque a medida que el relato
se acerca a la realidad, el interés que te cause será
mayor y tu expresión descubrirá las chispas que
del cincel y del martillo emanan al moldear mi vida.
Vale
la pena soñar.
Si
ya has recuperado la tranquilidad, si el niño que llevas
dentro ya ha resuelto parte de su dolor y convive armoniosamente
contigo; entonces vale la pena empezar a soñar.
Muchos
de nosotros tenemos sueños muy complejos. No sabemos
a dónde vamos, entonces ¿por qué nos sorprendemos
si no llegamos? Pensamos en cosas grandiosas, pero sin detalles.
Necesitamos ser específicos. Otras veces no tenemos ningún
sueño. Vivimos a la defensiva. Cada mañana nos
levantamos sin meta alguna y luego nos extraña mucho
irnos a dormir por la noche, sin haber realizado nada. De esta
manera, la vida se convierte en una aburrida rutina. Hacemos
lo que nuestros padres nos exigen, lo que los maestros nos asignan,
lo que nuestro jefe nos ordena, lo que nuestra familia o amigos
esperan de nosotros y lo que la iglesia o el gobierno requieren.
Dejamos que la ley determine nuestra moralidad y que los impuestos
deducibles condicionen nuestras obras de caridad. El escritor,
actor y productor filántropo, Bill Cosby, lo dice así:
Yo no sé cuál es la llave del éxito, pero
sé que la llave del fracaso está tratando de agradar
a todo el mundo.
Recuerda
que decir: Yo quiero ser algo más, o yo quiero hacer
algo mejor, es solamente el principio de un sueño. El
autor americano Ben Sweetland escribió: El éxito
es un viaje, no un destino. Soñar es el primer paso de
una jornada que te aleja de la mediocridad y del fracaso, te
lleva hacia un mundo inimaginable, lleno de oportunidades. Solamente
es necesario que cambies tus pensamientos y cambiará
tu mundo.
Se
vale soñar, porque al soñar estás permitiéndote
iniciar el proceso de la creación del resto de tu vida.
Anímate a soñar y notarás las posibilidades
que tienes de ser cada día mejor.
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