Remóntate
a tu infancia y recuerda esos momentos en que jugabas placenteramente
en el patio o en rincón preferido de la casa.
¿Con
quién estás hablando? Con mi amigo Luis. ¿Y
dónde está? Aquí, sentado a mi lado.
¿Con quién jugabas en esos momentos?, acaso
platicabas consigo mismo, o competías y compartías
los secretos con un amigo imaginario. Durante algún
tiempo se pensó que si un niño tenía
un amigo imaginario algo andaba mal. Se pensaba que estos
personajes podrían ser indicadores de una fantasía
exacerbada que alejaba al niño de la realidad. También
se decía que reflejaba una situación de aislamiento
social que llevaba al pequeño a buscar compañía
en su imaginación, puesto que no la tenía en
la realidad.
No,
no es que el niño se esté volviendo loco, ni
que tenga alucinaciones. Se trata de un aluvión de
imaginación e ingenio aplicado a la compresión
de un mundo lleno de novedades. Esta creatividad incipiente
y arrebatadora, es un símbolo inequívoco de
que el niño abandona su mundo interior para abrirse
a la socialización y comprensión de un entorno
enorme y fascinante. Con ellos, y mediante juegos, aprenden
a entender las relaciones sociales y todo lo que a su alrededor
acontece.
El
despertar de las inquietudes
Es
increíble observar cómo los niños son
capaces de transformar su cuarto en un castillo, como dan
vida propia a un muñeco e incluso crean seres imaginarios
que sólo ellos pueden ver. Estos derroches de imaginación,
no dejan de ser una señal de pensamiento complejo,
y son frecuentes a la edad de tres o cuatro años.
Los
hijos únicos o los niños con un alto grado de
inteligencia son los que suelen adoptar compañeros
imaginarios, con los que poder practicar y desarrollar habilidades
sociales. Poco a poco los compañeros imaginarios desaparecerán
para dar paso a los amigos reales. Esta amistad ficticia afecta
al 50% de los niños entre los tres y los diez años,
pudiendo ser ese cómplice, una persona o un objeto.
Su
cómplice
La
creación de un ser ficticio, viene originada por la
búsqueda del pequeño de un apoyo y seguridad
para afrontar un mundo incierto. Este nuevo amigo, puede ser
el portavoz de los sentimientos o estados anímicos
que el niño no se atreve a exteriorizar por sí
mismo; sobre todo negativos, como rabia, odio, mentira, envidia
o egoísmo.
Los
diálogos y tratos que el niño mantenga con su
amigo imaginario han de respetarse. Para él este cómplice
de sus pensamientos puede hacer todas las cosas buenas o malas,
incluso puede hablar con él como si fuera real. Si
los padres invaden esta intimidad con preguntas constantes
sobre el amigo imaginario, los niños tenderán
a no volver a hablar de ellos, los convertirán en clandestinos
y perderán todo su atractivo.
Cuando
el amigo es un problema
Gracias
a los amigos imaginarios el niño logra encontrar su
propia identidad y descubrir el mundo por sí mismo.
Pero en ocasiones puede que el pequeño se refugie en
sus fantasías y rehuya el contacto con elementos reales,
como las actividades escolares o familiares. He aquí
cuando debe comenzar la preocupación.
El
niño tiene que aprender a disfrutar de la gente que
le rodea, tanto en casa como con los compañeros de
colegio y juegos. Si se siente discriminado o falto de afecto
y cariño, el vínculo que le une con la fantasía
se hará más fuerte. Soñará con
el cariño y con los amigos comprensivos, creando todo
un mundo de fantasías. Encontrará así
en su amigo imaginario todo lo que le gustaría ser,
pudiendo incluso, identificarse con cada uno de sus padres
bajo el mismo disfraz del amigo imaginario.
La
fantasía y la imaginación son un síntoma
inequívoco de actividad mental y de desarrollo del
niño. Pero cuando ésta se convierte en su única
realidad -y rechaza el contacto con otros niños u otras
actividades- deben tomarse medidas. Habrá que resaltarle
la importancia de unas buenas relaciones para la socialización
y el disfrute de juegos, actividades, sin que para ello tenga
que romper con sus fantasías.
El
amigo imaginario cómplice
El
niño que ha creado un amigo imaginario, en muchas ocasiones
busca un personaje a través del cual mostrarse tal
como él quisiera ser ,o bien que hace la cosas que
él quiere y no puede o bien no se atreve a realizar.
Su
amigo va sólo al baño, es autodependiente, e
incluso puede que goce de algún poder sobrenatural.
En ocasiones, se trata de poner en boca de un tercero las
palabras o actividades que no sabe si son correctas, Mi amigo
ha dicho... viendo la reacción de los padres, el niño
aprende sobre la corrección o prohibición de
la conducta.
Los
amigos imaginarios nos ayudan a crecer
Considero
que tener amigos imaginarios en tu infancia es un indicador
positivo; los amigos imaginarios son una señal que
muestra la capacidad de simbolizar, sin la necesidad de tocar
ni de ver, lo que se constituye en un paso avanzado en su
desarrollo intelectual. En este sentido, es tranquilizador
saber que los amigos imaginarios son inventados por niños
que tienen un buen desarrollo cognitivo y que además,
tienen un mejor desarrollo social. Por lo tanto, tener un
amigo imaginario no es producto de carencias emocionales graves,
sino que obedece a rasgos positivos del niño. Contrariamente
a lo que se pensaba, los niños que tienen amigos imaginarios
son menos tímidos y tienden a tener más amigos
en el Jardín de niños, juegan más con
los otros niños y son más colaboradores con
sus profesores y compañeros. No hay que confundirse
creyendo que los niños piensan que los amigos imaginarios
son reales, simplemente, ellos viven su fantasía como
realidad y juegan con ella. Por esto, no es aconsejable que
los padres interfieran en los juegos, confiriéndoles
realidad a estos amigos imaginarios.
Recuerden
papá y mamá que:
No
es bueno preguntarles mucho por ellos y no se aconseja hablarle
directamente al amigo imaginario, es preferible hacerlo por
medio del niño. Basta escucharlos con atención,
pero no es necesario ni apropiado por ejemplo, ofrecerles
un dulce al amigo imaginario de tu hijo cuando están
sentados en la mesa desayunando, salvo que el niño
le pida uno adicional. Hazlo con naturalidad, pero no le preguntes
al personaje si estaba rico. La idea es que siga el juego,
pero no lo estimules innecesariamente. Si es posible, escucha
con atención la descripción que el niño
hace de este amigo, para que después puedas recordárselo
en el futuro y tener un simpático recuerdo de la infancia.
Los niños que tienen amigos imaginarios también
poseen un mejor desarrollo del lenguaje, porque con un amigo
imaginario se conversa libremente y sin trabas. No hay nada
que estimule más la comunicación que la libertad
emocional y el amigo imaginario, raramente discute y aprueba
todo lo que se dice. Cuando los amigos imaginarios continúan
después de los cinco años y el niño no
quiere jugar con amigos reales, aislándose en sus fantasías,
puede ser motivo de preocupación; pero no antes, ya
que lo habitual es que estos personajes aparezcan entre los
tres y los cinco años. El amigo imaginario es más
frecuente entre los hijos únicos y entre aquellos que
no tienen con quién jugar, porque son hermanos mayores
y los más pequeños no pueden seguirlos en sus
juegos. Si bien es necesario escuchar a los niños,
es importante no promover a estos amigos. Acuérdate
que el niño puede angustiarse si comienzas a hablarle
al compañero imaginario como a un ser real.
Los
niños saben que es una fantasía y cuando tú
le confieres realidad, pueden confundirse y asustarse. Muchas
veces, los amigos imaginarios tienen la función de
acompañar y consolar al niño en sus miedos.
Es importante saber que un amigo imaginario es una ventana
para conocer las preocupaciones y temores de tus hijos.
Recuerda
siempre que en toda actividad en la educación de tus
hijos deberás abrazarlos estrechamente y dejarlos ir.
Esto entiéndelo de la siguiente manera: no trates de
entrar demasiado a su mundo, primero porque no es entendido
por ti y segundo deberás respetar su individualidad
desde temprana edad. Deberás apoyarlo en su desarrollo
con todo el cariño y el amor que tu hijo requiere y
luego deberás soltarlo para dejarlo ser y así
tendrás hijos independientes y saludables mental y
físicamente.