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(5 de junio de 2005)
 
¿Es bueno tener amigos imaginarios? // Ernesto Rodríguez Moguel
 

Remóntate a tu infancia y recuerda esos momentos en que jugabas placenteramente en el patio o en rincón preferido de la casa.

¿Con quién estás hablando? Con mi amigo Luis. ¿Y dónde está? Aquí, sentado a mi lado. ¿Con quién jugabas en esos momentos?, acaso platicabas consigo mismo, o competías y compartías los secretos con un amigo imaginario. Durante algún tiempo se pensó que si un niño tenía un amigo imaginario algo andaba mal. Se pensaba que estos personajes podrían ser indicadores de una fantasía exacerbada que alejaba al niño de la realidad. También se decía que reflejaba una situación de aislamiento social que llevaba al pequeño a buscar compañía en su imaginación, puesto que no la tenía en la realidad.

No, no es que el niño se esté volviendo loco, ni que tenga alucinaciones. Se trata de un aluvión de imaginación e ingenio aplicado a la compresión de un mundo lleno de novedades. Esta creatividad incipiente y arrebatadora, es un símbolo inequívoco de que el niño abandona su mundo interior para abrirse a la socialización y comprensión de un entorno enorme y fascinante. Con ellos, y mediante juegos, aprenden a entender las relaciones sociales y todo lo que a su alrededor acontece.

El despertar de las inquietudes

Es increíble observar cómo los niños son capaces de transformar su cuarto en un castillo, como dan vida propia a un muñeco e incluso crean seres imaginarios que sólo ellos pueden ver. Estos derroches de imaginación, no dejan de ser una señal de pensamiento complejo, y son frecuentes a la edad de tres o cuatro años.

Los hijos únicos o los niños con un alto grado de inteligencia son los que suelen adoptar compañeros imaginarios, con los que poder practicar y desarrollar habilidades sociales. Poco a poco los compañeros imaginarios desaparecerán para dar paso a los amigos reales. Esta amistad ficticia afecta al 50% de los niños entre los tres y los diez años, pudiendo ser ese cómplice, una persona o un objeto.

Su cómplice

La creación de un ser ficticio, viene originada por la búsqueda del pequeño de un apoyo y seguridad para afrontar un mundo incierto. Este nuevo amigo, puede ser el portavoz de los sentimientos o estados anímicos que el niño no se atreve a exteriorizar por sí mismo; sobre todo negativos, como rabia, odio, mentira, envidia o egoísmo.

Los diálogos y tratos que el niño mantenga con su amigo imaginario han de respetarse. Para él este cómplice de sus pensamientos puede hacer todas las cosas buenas o malas, incluso puede hablar con él como si fuera real. Si los padres invaden esta intimidad con preguntas constantes sobre el amigo imaginario, los niños tenderán a no volver a hablar de ellos, los convertirán en clandestinos y perderán todo su atractivo.

Cuando el amigo es un problema

Gracias a los amigos imaginarios el niño logra encontrar su propia identidad y descubrir el mundo por sí mismo. Pero en ocasiones puede que el pequeño se refugie en sus fantasías y rehuya el contacto con elementos reales, como las actividades escolares o familiares. He aquí cuando debe comenzar la preocupación.

El niño tiene que aprender a disfrutar de la gente que le rodea, tanto en casa como con los compañeros de colegio y juegos. Si se siente discriminado o falto de afecto y cariño, el vínculo que le une con la fantasía se hará más fuerte. Soñará con el cariño y con los amigos comprensivos, creando todo un mundo de fantasías. Encontrará así en su amigo imaginario todo lo que le gustaría ser, pudiendo incluso, identificarse con cada uno de sus padres bajo el mismo disfraz del amigo imaginario.

La fantasía y la imaginación son un síntoma inequívoco de actividad mental y de desarrollo del niño. Pero cuando ésta se convierte en su única realidad -y rechaza el contacto con otros niños u otras actividades- deben tomarse medidas. Habrá que resaltarle la importancia de unas buenas relaciones para la socialización y el disfrute de juegos, actividades, sin que para ello tenga que romper con sus fantasías.

El amigo imaginario cómplice

El niño que ha creado un amigo imaginario, en muchas ocasiones busca un personaje a través del cual mostrarse tal como él quisiera ser ,o bien que hace la cosas que él quiere y no puede o bien no se atreve a realizar.

Su amigo va sólo al baño, es autodependiente, e incluso puede que goce de algún poder sobrenatural. En ocasiones, se trata de poner en boca de un tercero las palabras o actividades que no sabe si son correctas, Mi amigo ha dicho... viendo la reacción de los padres, el niño aprende sobre la corrección o prohibición de la conducta.

Los amigos imaginarios nos ayudan a crecer

Considero que tener amigos imaginarios en tu infancia es un indicador positivo; los amigos imaginarios son una señal que muestra la capacidad de simbolizar, sin la necesidad de tocar ni de ver, lo que se constituye en un paso avanzado en su desarrollo intelectual. En este sentido, es tranquilizador saber que los amigos imaginarios son inventados por niños que tienen un buen desarrollo cognitivo y que además, tienen un mejor desarrollo social. Por lo tanto, tener un amigo imaginario no es producto de carencias emocionales graves, sino que obedece a rasgos positivos del niño. Contrariamente a lo que se pensaba, los niños que tienen amigos imaginarios son menos tímidos y tienden a tener más amigos en el Jardín de niños, juegan más con los otros niños y son más colaboradores con sus profesores y compañeros. No hay que confundirse creyendo que los niños piensan que los amigos imaginarios son reales, simplemente, ellos viven su fantasía como realidad y juegan con ella. Por esto, no es aconsejable que los padres interfieran en los juegos, confiriéndoles realidad a estos amigos imaginarios.

Recuerden papá y mamá que:

No es bueno preguntarles mucho por ellos y no se aconseja hablarle directamente al amigo imaginario, es preferible hacerlo por medio del niño. Basta escucharlos con atención, pero no es necesario ni apropiado por ejemplo, ofrecerles un dulce al amigo imaginario de tu hijo cuando están sentados en la mesa desayunando, salvo que el niño le pida uno adicional. Hazlo con naturalidad, pero no le preguntes al personaje si estaba rico. La idea es que siga el juego, pero no lo estimules innecesariamente. Si es posible, escucha con atención la descripción que el niño hace de este amigo, para que después puedas recordárselo en el futuro y tener un simpático recuerdo de la infancia. Los niños que tienen amigos imaginarios también poseen un mejor desarrollo del lenguaje, porque con un amigo imaginario se conversa libremente y sin trabas. No hay nada que estimule más la comunicación que la libertad emocional y el amigo imaginario, raramente discute y aprueba todo lo que se dice. Cuando los amigos imaginarios continúan después de los cinco años y el niño no quiere jugar con amigos reales, aislándose en sus fantasías, puede ser motivo de preocupación; pero no antes, ya que lo habitual es que estos personajes aparezcan entre los tres y los cinco años. El amigo imaginario es más frecuente entre los hijos únicos y entre aquellos que no tienen con quién jugar, porque son hermanos mayores y los más pequeños no pueden seguirlos en sus juegos. Si bien es necesario escuchar a los niños, es importante no promover a estos amigos. Acuérdate que el niño puede angustiarse si comienzas a hablarle al compañero imaginario como a un ser real.

Los niños saben que es una fantasía y cuando tú le confieres realidad, pueden confundirse y asustarse. Muchas veces, los amigos imaginarios tienen la función de acompañar y consolar al niño en sus miedos. Es importante saber que un amigo imaginario es una ventana para conocer las preocupaciones y temores de tus hijos.

Recuerda siempre que en toda actividad en la educación de tus hijos deberás abrazarlos estrechamente y dejarlos ir. Esto entiéndelo de la siguiente manera: no trates de entrar demasiado a su mundo, primero porque no es entendido por ti y segundo deberás respetar su individualidad desde temprana edad. Deberás apoyarlo en su desarrollo con todo el cariño y el amor que tu hijo requiere y luego deberás soltarlo para dejarlo ser y así tendrás hijos independientes y saludables mental y físicamente.

 
Fuente: Texto enviado por el autor