Ten
tus ojos bien abiertos antes del matrimonio; y medio cerrados
después de él.
Benjamín
Franklin
Uno
de los problemas más frecuentes en las familias es
cuando los hijos ya han dejado la infancia y tienen su primer
amor. Ahí empieza el calvario de algunos padres y a
vivir una serie de preocupaciones que sin la buena fe y sin
conocimiento, pueden llevarlos a cometer errores que sus hijos
pagarán muy caro.
Suele
suceder con frecuencia que los papás opinen negativamente
acerca de las amistades y/o noviazgos de los hijos. Las razones
que dan cuando alguien no les cae para sus hijos, tienen que
ver con sus propios gustos, valores y sobre todo con las expectativas
que tienen de que sus hijos se relacionen y se vinculen afectivamente
con personas que estén en una mejor posición
social, cultural y económica o por lo menos igual a
la que tienen. Esto es válido como aspiración,
más no como condición para rechazar injusta
y discriminadamente a personas que puedan valer la pena.
A
veces tienen razón (cuando rechazan a alguien por flojo,
alcohólico, drogadicto, inestable, comprometido previamente
con alguien más, con antecedentes de conducta delictiva,
etc.). A veces no tienen razón (cuando rechazan a alguien
por juicios de valor subjetivos: moreno o negro, feo, bajito
de estatura, obeso, pobre, de familia desconocida, de posición
social baja, etc.). Les sugiero que se fijen muy bien con
quién andan nuestros hijos y luego tomen decisiones
al respecto.
Cuando
los padres viven de cerca la problemática del noviazgo
de los hijos, se enfrentan a una realidad completamente alejada
del concepto correcto del noviazgo; por esta nueva relación
de sus hijos, se sienten amenazados y temen que ante la primera
experiencia de enamoramiento, sus “niños”
no puedan resistir las presiones a las que se ven expuestos
y cedan ante las “tentaciones” del noviazgo. Algunos
padres todavía piensan que sus hijos están muy
pequeños y que no pueden tomar ninguna decisión
solos, sin la ayuda de ellos. Las medidas así tomadas,
la mayoría de las veces, están enfocadas hacia
las necesidades de los padres por satisfacer sueños
que ellos no lograron. Si la decisión está fuera
de los deseos reales de los hijos, esto traerá una
serie de consecuencias que pueden llevarlos al fracaso en
su vida en pareja en la edad adulta. Aunado a esto, algunos
padres se entrometen demasiado en el noviazgo y tal parece
que es noviazgo de cuatro. Les pido a ustedes papás
que aunque tengan muchas tentaciones de hacerlo, se mantengan
al margen de la nueva experiencia de sus hijos, sin descuidarlos
y proporcionándoles orientación adecuada que
contenga valores familiares.
En
la actualidad es bien sabido que las relaciones de intimidad
entre hombres y mujeres jóvenes se dan a edades más
tempranas y si no sabemos manejar las situaciones adecuadamente,
quizá tendremos hijos precozmente frustrados. Durante
la pubertad los jóvenes buscan una imagen idealizada
del amor y del sexo, y además sienten que ello los
afirma como adultos, y esto es peligroso. Desde niños
han observado a través de los medios de comunicación
y de los casos de la vida real, que en su mayoría los
adultos forman parejas, y ellos por el deseo de llegar a la
adultez, también desean tener una pareja, e incluso
en ocasiones tienen comportamientos de intimidad sexual para
los que no están preparados, porque todavía
no alcanzan un crecimiento, conocimiento y maduración
personal.
Ciertos
jóvenes planean utilizar a otra persona para lograr
una experiencia sexual, sin importarles sus sentimientos ni
el daño que le puedan causar, ya que consideran que
a esta edad existe una gran vulnerabilidad. Otros mas, por
sugerencias de su grupo de amigos, de la sociedad y a veces
hasta de su familia, se ven presionados a tener un noviazgo,
pues sienten que si no cumplen lo esperado a su edad, serán
rechazados. Todas estas actitudes contribuyen a deformar la
esencia del noviazgo, cuyo fin es el posible matrimonio.
Los
padres nos encontramos ante el dilema importante al constatar
que la mayoría de la información proporcionada
en la escuela sobre educación sexual de que disponen
los jóvenes ofrecen soluciones a corto plazo y algunas
veces no se está de acuerdo porque no van con los valores
familiares porque sólo buscan prevenir las enfermedades
de transmisión sexual y los embarazos no deseados,
y no precisamente educar en los valores de la sexualidad humana
para un futuro ya inminente; tratan de evitar las consecuencias
naturales del uso del sexo, sin darse cuentan que con ello
están formando personas egoístas e irresponsables.
Pero
la educación en valores empieza en casa. Cuando tus
hijos lleguen a esta edad es conveniente que platiques con
ellos y repacen los valores familiares que de alguna manera
refuerzan la relación que tus hijos pudieran empezar.
Pero
ustedes padres necesitan estar bien informados de lo que el
noviazgo es e implica: El noviazgo es algo natural, no se
escandalicen y confundan los sentimientos de sus hijos. Entiendan
que es un ritual en el que hombres y mujeres experimentan
sus sentimientos amorosos hacia el otro sexo y es una oportunidad
para aprender a reconocer intereses y deseos individuales.
En este juego los jóvenes tratan de ensayar su identidad
sexual y sus futuros roles.
El
noviazgo se inicia con la frescura de la edad, algunas veces
de forma meditada y otras espontáneas, pero no carece
de riesgos y temores para los jóvenes, porque expone
su personalidad. El noviazgo tiene diferentes momentos, la
etapa de atracción y encantamiento, pasando por la
amistad, donde se empiezan a vivir sentimientos de intimidad,
cercanía y se definen las normas y los alcances de
la relación; y finalmente los rituales (una flor, una
frase, un beso robado, etcétera) que dan inicio al
noviazgo. Los jóvenes se enamoran, se vuelven románticos,
e idealizan y buscan la cercanía constante. Con el
tiempo esta etapa concluye porque no cumple con las expectativas
y se termina la relación amorosa; o se trasforma en
un compromiso de mayor duración que finalmente los
puede llevar al matrimonio. Existe muchos tipos de noviazgo,
algunos se viven como un juego, otros son más cercanos
y profundos.
Recomendaciones
para que sus hijos tengan un verdadero noviazgo:
1.
Esperen la edad adecuada. El 75% de las parejas, que inician
una relación amorosa a una edad muy temprana, van al
fracaso. Que ellos entiendan de alguna manera que tienen que
contar con una edad en la cual tengan la capacidad de tomar
decisiones. La edad depende de la madurez de los hijos.
2. Incrementen la autoestima de sus hijos.
Si una jovencita se quiere conseguir a un príncipe,
ella misma debe ser una princesa; y si un joven se quiere
conseguir a una princesa, él primero tiene que ser
un príncipe. Si quiere conseguir para él o ella
a alguien que valga la pena, primero deben valer la pena.
3. Fomenten la amistad a nivel de grupo de
amigos. Es importante a esta edad el sentido de pertenencia.
Pertenecer a un grupo de amigos les da seguridad y aumenta
de alguna manera su autoestima.
4. Cultiven la amistad a nivel personal.
Para hacer una buena elección, escogerán a una
persona para compartir con ella y conocerla. Inicia el proceso
de enamoramiento.
5. Si el noviazgo no funciona, enséñales
a no frustrarse. Desafortunadamente, en la mayoría
de los casos la gente se enamora y después conoce a
la persona de quien se enamoró, y resulta experimentando
decepciones. A raíz de las decepciones se puede cambiar
el enfoque a algunas opiniones son: si son hombres, algunas
veces se llega a la conclusión que "todas las
mujeres son iguales". Y si son mujeres "todos son
lobos de la misma loma", "ya no creo en los hombres,
todos son iguales". En mis conferencias siempre he dicho
lo siguiente: "La mayor parte de gente, primero salta
y después se da cuenta en dónde cayó.
Lo ideal sería que antes de saltar, nos fijemos primero
en donde vamos a caer".
6. Primero los valores familiares y personales.
Enséñeles a vivir con valores y deje de temer
de sus malas decisiones.
7. Déles la libertad y la confianza
suficiente. Es importante que tus hijos sientan que tienen
el apoyo de los padres. Esto les da fuerza para la toma de
decisiones.
8. Cultiven el arte de la comunicación.
Platiquen frecuentemente y dales confianza para que les cuenten
sus preocupaciones. Ayuden a sus hijos a analizar los problemas
y a darles alternativas de solución. No se entrometan.
9. Amor es lo primero. Oriéntenlos
para que vivan el noviazgo en un ambiente de amor y respeto.