El
maestro, es un ser humano, constructor de su propia vida e
identidad profesional, razón suficiente, para que su
profesión no deba perder su esencia, sino direccionar
sus propósitos en ayudar a desarrollar la individualidad
de otras personas, centrarse en el crecimiento personal de
sus alumnos, contribuir al desarrollo de sus potencialidades,
promover experiencias de relación interpersonal, apoyar
a los estudiantes para que se reconozcan como seres únicos
y fomentar sentimientos positivos; bajo estas premisas, la
labor del maestro debe reflejarse en el aprendizaje de sus
alumnos, en las conductas sociales y cívicas que contribuyan
a un mejor desenvolvimiento en la familia, escuela y sociedad;
y en consecuencia, al mejoramiento de la comunidad; ya que
la función de la escuela y la tarea del maestro no
debe limitarse al espacio físico y al edificio de la
institución, debe trascender en la comunidad, impactar
en el desarrollo cultural de las familias y modificar la conducta
de los niños y adolescentes.
Cada
maestra y maestro debe sentirse dispuesto a aprender todos
los días, de otras personas y a partir de cualquier
situación, porque aquel que no reflexiona sobre su
práctica, difícilmente puede apreciar qué
aspectos de su quehacer son efectivos para el aprendizaje
de sus alumnos y cuáles requieren enriquecerse. En
este noble profesión, las satisfacciones son resultado
del esfuerzo, compromiso, dedicación, disciplina, creatividad
y corazón, que se alimenta con el desempeño
de los estudiantes, el respeto y el agradecimiento que se
recibe por parte del alumno y su familia; quizá ellos
sean, los mejores evaluadores, sinceros, honestos y justos.
Sin
duda alguna, la tarea docente, es un desafío, porque
cada día del calendario escolar, existe la posibilidad
de un reencuentro del maestro con los alumnos, la escuela
y la familia. Por eso, con motivo de la celebración
del día del maestro, vale la pensar dedicar unas ideas
a ese personaje, facilitador de aprendizajes, valioso e importante
en la vida de la comunidad; pues una de sus grandes tareas,
es reconocer la función social de la escuela, en términos
de convertirla en una comunidad real de aprendizaje, con una
vigorosa política de desarrollo humano para formar
hombres y mujeres íntegros; por eso, el maestro necesita
participar más, como ciudadano en la construcción
de la sociedad y ante los desafíos de la comunidad;
en estos tiempos se necesitan educadores dispuestos a cambiar
viejos paradigmas por paradigmas que motiven la búsqueda
de estrategias, recursos y apoyos, con propuestas innovadoras,
y que no se conformen con lo establecido, sino por el contrario
aceptar los programas como ejes centrales, cuyas orientaciones
metodológicas, en realidad, son propuestas flexibles,
susceptibles de adecuar para satisfacer las necesidades de
aprendizaje de sus alumnos.
Considero
que una vía de realización en el maestro para
sentirse orgulloso de su profesión y satisfecho de
su trabajo, es una actitud de éxito y el valor de trascender;
de otra manera, difícilmente disfrute su trabajo, y
su vida en la escuela pueda sentirse como un castigo; no hay
que olvidar “Una excelente manera de trascender
es a través de nuestros hijos y nuestros alumnos; pero
también con nuestras obras que día a día
podemos hacer en beneficio de los demás”
(Ramón de la peña M.), con las ideas de este
intelectual mexicano, está implícita la invitación
para valorar la función del maestro y su responsabilidad
social en la educación de las nuevas generaciones.
Este día del maestro, es ocasión para reflexionar
sobre la labor de las maestras y maestros, revalorar su función
educadora y fortalecer su compromiso como educadores, porque
en sus manos está la esperanza de una mejor educación
para los ciudadanos del mañana.