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(16 de enero de 2005)
 
La revaloración del maestro. Un desafío social // Teresita Durán Vela
 

El maestro, es un ser humano, constructor de su propia vida e identidad profesional, razón suficiente, para que su profesión no deba perder su esencia, sino direccionar sus propósitos en ayudar a desarrollar la individualidad de otras personas, centrarse en el crecimiento personal de sus alumnos, contribuir al desarrollo de sus potencialidades, promover experiencias de relación interpersonal, apoyar a los estudiantes para que se reconozcan como seres únicos y fomentar sentimientos positivos; bajo estas premisas, la labor del maestro debe reflejarse en el aprendizaje de sus alumnos, en las conductas sociales y cívicas que contribuyan a un mejor desenvolvimiento en la familia, escuela y sociedad; y en consecuencia, al mejoramiento de la comunidad; ya que la función de la escuela y la tarea del maestro no debe limitarse al espacio físico y al edificio de la institución, debe trascender en la comunidad, impactar en el desarrollo cultural de las familias y modificar la conducta de los niños y adolescentes.

Cada maestra y maestro debe sentirse dispuesto a aprender todos los días, de otras personas y a partir de cualquier situación, porque aquel que no reflexiona sobre su práctica, difícilmente puede apreciar qué aspectos de su quehacer son efectivos para el aprendizaje de sus alumnos y cuáles requieren enriquecerse. En este noble profesión, las satisfacciones son resultado del esfuerzo, compromiso, dedicación, disciplina, creatividad y corazón, que se alimenta con el desempeño de los estudiantes, el respeto y el agradecimiento que se recibe por parte del alumno y su familia; quizá ellos sean, los mejores evaluadores, sinceros, honestos y justos.

Sin duda alguna, la tarea docente, es un desafío, porque cada día del calendario escolar, existe la posibilidad de un reencuentro del maestro con los alumnos, la escuela y la familia. Por eso, con motivo de la celebración del día del maestro, vale la pensar dedicar unas ideas a ese personaje, facilitador de aprendizajes, valioso e importante en la vida de la comunidad; pues una de sus grandes tareas, es reconocer la función social de la escuela, en términos de convertirla en una comunidad real de aprendizaje, con una vigorosa política de desarrollo humano para formar hombres y mujeres íntegros; por eso, el maestro necesita participar más, como ciudadano en la construcción de la sociedad y ante los desafíos de la comunidad; en estos tiempos se necesitan educadores dispuestos a cambiar viejos paradigmas por paradigmas que motiven la búsqueda de estrategias, recursos y apoyos, con propuestas innovadoras, y que no se conformen con lo establecido, sino por el contrario aceptar los programas como ejes centrales, cuyas orientaciones metodológicas, en realidad, son propuestas flexibles, susceptibles de adecuar para satisfacer las necesidades de aprendizaje de sus alumnos.

Considero que una vía de realización en el maestro para sentirse orgulloso de su profesión y satisfecho de su trabajo, es una actitud de éxito y el valor de trascender; de otra manera, difícilmente disfrute su trabajo, y su vida en la escuela pueda sentirse como un castigo; no hay que olvidar “Una excelente manera de trascender es a través de nuestros hijos y nuestros alumnos; pero también con nuestras obras que día a día podemos hacer en beneficio de los demás” (Ramón de la peña M.), con las ideas de este intelectual mexicano, está implícita la invitación para valorar la función del maestro y su responsabilidad social en la educación de las nuevas generaciones. Este día del maestro, es ocasión para reflexionar sobre la labor de las maestras y maestros, revalorar su función educadora y fortalecer su compromiso como educadores, porque en sus manos está la esperanza de una mejor educación para los ciudadanos del mañana.

 
Fuente: Texto enviado por su autora