El corazón de Ah-Canul 1

No. 1

Letras provincianas...

 

Nuestros maestros los animales

 

Jorge Jesús Tun Chuc

 

Todas las cosas tienen su belleza pero, no todos pueden verla. Confucio.

Recuerdo con alegría aquel buen día de hace cinco años, cuando llegué a casa. El aspecto que tenía era el de un delicado ejemplar de peluche.  Pero no era tal cosa, era real, de carne y hueso.  Con curiosidad observé sus atributos de género, así como sus grandes orejas semejantes a ocres hojas del otoño, anchas patas y fino pelaje como el terciopelo que atesora una joya. Entendí que su origen era el producto de una afortunada cruza de razas caninas.  La madre de ella, era una humilde malix sin dueño, pues la cachorra nació en una vieja casona abandonada de nuestro vecindario. Sin duda alguna, su progenitor fue un sabueso temporalmente descarriado a causa del impulso hormonal.

Ese mismo día mi esposa Guadalupe le puso el nombre de “Canela”, haciendo honor al color de su pelaje. Así se convirtió en la mascota estrella de nuestro hogar. Periódicamente recibe un buen baño con shampú y abundante agua. Lleva puestas todas las vacunas recomendadas por el veterinario. Con esmero la alimentamos con lo mejor posible a nuestro alcance. Prácticamente se convirtió desde el primer día en un miembro más de nuestra familia.

De pequeña era juguetona, pues recuerdo que no habían sandalias que no llevara al patio y luego mordisquearlas entre gruñidos, simulando una pelea. Su comportamiento no tenía mucha diferencia con el de una niña traviesa, pero sin embargo, “Canela” tenía un don que no deja de sorprenderme.

En aquellos días en los que mi tiempo era condicionado por la responsabilidad laboral, cuando llegaba a casa, “Canela” me recibía con entusiasmo desbordante, y por qué no; contagiante.  Lo primero que hacía era correr a mi encuentro y adoptar la posición vertical, tendiéndome sus patas delanteras como si fuesen los brazos de un viejo amigo que me saludaba efusivamente.

Sin poderme resistir a esa burbuja de alegría, me ponía a bailar con ella.  Mirando sus ojos de transparente ámbar, percibo la energía positiva que su naturaleza irradia, semejante a una luz en la oscuridad.  En ellos puedo ver y palpar la lealtad y la fidelidad a toda prueba.  No sé si por obra de la madre naturaleza o del Gran Dios, en su alma blanca no existen las tenebrosas sombras del odio, la venganza, la envidia, la ambición y la intriga que, tanto corroen el corazón de la humanidad.

Las peleas que ha sostenido con otros seres de especie, así como ha mantenido a raya a tlacuaches y gatos ajenos, no es señal de que desempeñe celosamente su labor de vigilancia, sino que defiende y delimita su territorio.

Solamente reclama lo que justamente le pertenece.  En esa mente llena de insondables misterios no germina jamás la semilla de la maldad.  Estoy sencillamente maravillado por el indescifrable Universo interior animal, rebosante de virtudes que mucha gente ya quisiera poseer.

El ser más dañino que habita sobre la Tierra, es el hombre.  El género humano es el único responsable de los daños irreversibles causados al ambiente a nivel global.  En el fondo de la mente del hombre se han gestado las guerras y genocidios más vergonzosos de la Historia.  Sólo el hombre es capaz de esclavizar a otros hombres.  ¿En qué condiciones heredaremos este planeta a las nuevas generaciones? ¿Qué valores morales podemos enseñar hoy a la niñez, si vivimos en una sociedad egoísta, ambiciosa y excluyente? Mientras más ahondo mis reflexiones sobre las acciones del hombre en este planeta, más admiro y quiero a mi mascota.

“Canela” nunca lo sabrá, así como tampoco mucha gente jamás, por causa de la “miopía de su mente”. En la conducta animal hay muchas  enseñanzas que podrían servirle  a la humanidad para guiar su vida cotidiana pero, muy pocos  pueden descifrarla y asimilarla.  El hombre debería hacer a un lado su enfermizo egocentrismo y volver la mirada hacia nuestros hermanos los animales a quienes llama “inferiores” y, aprender de ellos. Por obra de un Ser Supremo, llevan en su propia naturaleza la escuela de la vida que, la sociedad necesita con desesperación. Con toda esa sombra negra que nos sigue a todas partes, todavía así nos jactamos al afirmar que los humanos, somos los reyes de la Creación. Como se ve, tenemos una deuda con la discreción.  Pero, el tiempo se nos acaba.  ¿Seremos capaces de reencontrar el sendero correcto?

“Canela” no sabe que sabe pero, mientras ella imparte sabias enseñanzas, yo aprendo.

REFLEXIONES DE DON SEBASTIÁN

Las palabras sinónimas son aquellas que tienen significados semejantes; pero que sin embargo tienen algo distintivo.
Empleamos como sinónimos: burro, asno, jumento y pollino; y con cualquiera de estas palabras nos referimos al animal cuadrúpedo respectivo.

En nuestra casa, como uno de los enseres, podrá  haber un “burro de planchar”; pero no un asno, jumento o pollino de planchar. Aquí esta lo distintivo.

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MIGUEL ANGEL, Da VINCI, NEWTON, GALILEO, MOZART, BETHOVEN; ninguno de ellos tenía más neuromas que el otro..., pero tampoco más que alguno de nosotros.