El corazón de Ah-Canul 1

No. 1

Hacia un nuevo paradigma

Carlos Suárez Arcila

 

Les invito a que se enteren y reflexionen sobre un experimento efectuado por la psicóloga Hellen Langer de la Universidad de Harvard.

Convocó a un grupo de personas mayores de 75 años, con buena salud, para que participaran durante una semana en un retiro campestre. A los participantes se les indicó que podrían llevar consigo periódicos, revistas, fotografías, etc. Pero referentes a cuando menos 20 años anteriores a la fecha del experimento. El lugar donde se hospedarían había sido acondicionado como se vivía 20 años antes: música, películas, programas televisivos, revistas, vehículos, etc. Otro requisito fue que los temas de conversación, así como sus comportamientos, fueran como lo hacían en los 20 años anteriores, o sea, cuando tenían 55 años. Cuando se refirieron a su familia, a sus ocupaciones o entretenimientos lo harían como cuando eran de esa edad. En concreto, se le pedía volvieran a crear en todo lo posible como vivían hacía 20 años. Lo que se pretendía era producir en estas personas cambios en sus conciencias; pues sentirse viejo o joven, según pensaban los investigadores, influye en el proceso de envejecimiento.

Fueron sujetos a exámenes y mediciones de energía física, postura corporal, agudeza auditiva y visual, memoria a corto plazo, etc.

Al término de la semana del retiro los resultados fueron de llamar la atención. Hubo cambios de actitudes y también los hubo en aspectos que se consideraban irreversibles. Al comparar fotografías de antes y después se detectó un rejuvenecimiento de alrededor de 3 años en promedio; las articulaciones antes rígidas, ganaron flexibilidad, la postura corporal mejoró, así como la fuerza muscular, el oído y la vista. Los dedos de las manos que se encogen conforme la edad avanza, se alargaron nuevamente. Un porcentaje (más del 50%) tuvo un incremento en su capacidad intelectual, etc.

¿Se les dio algún medicamento o dieta especial? No; sencillamente se les había inducido a “vivir” como lo hacían 20 años antes.

Este experimento demostró que ciertos signos de envejecimiento, que se suponían irreversibles, se pueden revertir con la influencia del pensamiento.