El corazón de Ah-Canul 1

No. 1

Ser mujer

Estela Hernández Sandoval

 

En las últimas décadas las mujeres han logrado, tras largos y tenaces esfuerzos, le sean reconocidos sus más elementales derechos de igualdad, de justicia y de desarrollo, los cuales, pese a encontrarse normados en documentos tales como La declaración universal de los derechos humanos o en nuestro caso de ciudadanos mexicanos en nuestra propia Carta Magna, no dejaban de ser simples declaraciones y  prácticamente letra muerta para ellas.

Simples ficciones. Sin embargo, las luchas pluriseculares han fructificado proporcionando mayores espacios y oportunidades a las mujeres.

El mundo está empezando a comprender y reconocer que no hay política más eficaz para promover el desarrollo, la salud y la educación que el empoderamiento de las mujeres, así es como, las mismas, cada vez con mayor presencia incursionan en campos que antes les eran vetados.

Se han logrado avances dignos de celebración en lo que respecta a la representación de las mujeres en el mundo, pero el número proporcional de ellas es muy reducido por lo que aún queda mucho por hacer; los progresos generales son lentos, muchísimas mujeres siguen siendo marginadas, discriminadas, excluidas, explotadas, violentadas, en flagrante desprecio de su ser persona.

Aún en pleno siglo XXI, hay culturas ancestrales que niegan el valor de la mujer, e incluso esta infravaloración les hace ser víctimas de abusos de todo tipo, de agresiones físicas y psicológicas, de ser tratadas como simples objetos de placer sexual o de realizar trabajos sin reconocimiento laboral y todavía peor, consideradas inferiores al hombre  en todos los aspectos.

Es incuestionable que todas las mujeres  del  mundo  tienen   derecho    a vivir dignamente, sin carencias y sin temores y así se reconoce en la Declaración de Bejing (2005) la cual establece que “la potenciación del papel de la mujer y la plena participación de la mujer en condiciones de igualdad en todas las esferas de la sociedad, incluidas la participación en los procesos de adopción de decisiones y el acceso al poder, son fundamentales para el logro de la igualdad, el desarrollo y la paz".

Sin embargo, no basta con que se declare, la mujer tiene que seguir buscando la promoción de la igualdad de género. En esta tarea la responsabilidad en su logro debe ser compartida por el hombre, también es necesaria e imprescindible su participación. Para el cumplimiento de lo anterior, ambos tienen que ser atendidos, reeducados para respetar promover y defender constantemente sus recursos, derechos, límites y necesidades; necesitan adquirir competencias que les permitan exigir consideración, para expresar sus derechos y necesidades, y para respetar y ser respetado. Esto exige autoestima, valor y perseverancia.

Todas las mujeres del mundo tienen derecho a vivir dignamente, sin carencias y sin temores.

Todas las mujeres del mundo tienen derecho a ser escuchadas y a contar con espacios para ello.

Todas las mujeres del mundo tienen derecho a participar en la construcción de un mundo mejor.

Todas las mujeres del mundo tienen derecho a ser reconocidas como seres humanos íntegros, con potencialidades y limitaciones.

Es justo y verdaderamente necesario que las mujeres participen en todos los ámbitos, con el vigor que les caracteriza y en condiciones de igualdad.