| Valladolid,
22 de diciembre de 1809. Las autoridades de la Intendencia
de Valladolid apresaron esta noche a un grupo de conjurados
militares y civiles encabezados por el teniente de regimiento
de la corona José Mariano Michelena. De buena
fuente se supo que eran varias las denuncias contra
los conspiradores; sin embargo, todas ellas anónimas.
Al momento de la aprehensión algunos de los conjurados
tuvieron tiempo para huir. Uno de ellos, el licenciado
Antonio Soto Saldaña, intentó, infructuosamente,
dirigir un alzamiento popular.
Se
calcula en unos 18 el número de los conspiradores.
Entre ellos destacan los nombres de José María
García Obeso, Mariano Quevedo y Ruperto Mier.
Por las declaraciones preliminares del fraile Vicente
de Santa María, el cura Manuel Ruiz de Chávez
y el abogado José Nicolás de Michelena
se sabe que las reuniones tenían como pretexto
comentar los acontecimientos políticos que conmueven
en la actualidad a España y la Nueva España.
Aun, hubo quien llegó a afirmar la disposición
de los conjurados para ofrecer resistencia para conservar
fiel a Fernando Vll la Nueva España en caso de
que España sucumba por completo a las fuerzas
napoleónicas.
Ha
causado inquietud en algunos medios conocer lo extenso
de la conspiración: se ha mencionado, por ejemplo,
el apoyo de los capitanes Ignacio Allende a Ignacio
Aldama y Mariano Abasolo en el Bajío. Se asegura
que en diferentes regiones de la Nueva España
los conjurados tienen cómplices dispuestos a
llevar a cabo sus planes en cualquier momento.
Dadas
las características de la conjura, se ignora
el destino de los prisioneros. La política suave
del nuevo Virrey, arzobispo Francisco Javier Lizana
y Beaumont, permite suponer que no habrá un castigo
ejemplar contra los conspiradores debido a que no hay
en el programa de los detenidos infidelidad alguna hacia
el rey Fernando Vll. (RECOPILACIÓN)
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