El corazón de Ah' Canul - 10
 
No. 10
Los tricicleros
Andrés Jesús González Kantún
 
 

Para ser triciclero, si se quiere sobrevivir, no se requiere más que voluntad para trabajar. Es el último recurso que les queda a todos aquéllos que por desidia o jugarretas de la vida no tuvieron oportunidad de conseguir trabajo en la profesión que escogieron o no terminaron sus estudios o de por sí no les gustó la escuela.

En el Camino Real, el oficio predominante es la albañilería y le sigue en importancia la actividad de triciclero. No es un trabajo deshonroso y saca de cualquier apuro a quienes se dedican a esa labor, aunque los que adquirieron alguna carrera merecen mejores oportunidades. Desgraciadamente la cantidad de egresados de las diferentes carreras, aquí en Calkiní como en otras partes, no van a la par con la creación de las fuentes de trabajo; siempre hay más excedentes de profesionales. Se arguye que los aspirantes a algún trabajo remunerado debieran salir del terruño en la búsqueda de mejores horizontes, pero si el mal es nacional, entonces, ¿para qué perder el tiempo? Muestras hay varias, pero hay una que lacera el corazón. Se construyó en Calkiní una escuela técnica de nivel superior y de evidente calidad para descargar la aspiración tradicional a las normales, pero no resultó porque los egresados de carreras rimbombantes no encuentran trabajo y se ven obligados, por la necesidad, a dedicarse a empleos menores en discordancia con la preparación concluida.

La creación de los triciclos fue un gran acierto de los fabricantes, pues vino a resolver un problema añejo de trabajo y de transporte de pasaje y carga, ya que la adquisición de uno de ellos está al alcance de la mayoría de la gente.

El triciclo es un vehículo con equidad de género, que aparte de la función esencial para lo que fue diseñado, se utiliza para múltiples actividades:

* Le sirve al labriego para traer leña y otros productos de su parcela.
* Funge como una tienda itinerante de mercadeo en golosinas, quincallerías, antojitos, pozole, paleta y nieve, y además como un vehículo parlante, entre otras labores. Además se estacionan en puestos fijos como en escuelas o en lugares donde se celebran festividades de todos tipos.

A los triciclos lo visten de acuerdo al gusto del chofer. Cuatro varillas de diferente material fijados en la estructura tubular y con un techo de toldo, según el color del partido político. Un asiento de madera limpia o acolchonada, un piso de madera o lámina y en los costados un material de cualquier cosa y, a veces, unas cortinas transparentes que se materializan en los tiempos de lluvia.

Algunos para desquiciar a la monotonía en el oficio arman en sus triciclos un aparato de sonido estereofónico que reverbera sin recato por todos los lugares en donde pululan:

En épocas de lluvias provocan el malestar de los pasajeros, pues al pasar en calles inundadas en donde no se observan los hoyancos se vuelcan, y a veces con consecuencias indeseables. Lo mismo sucede cuando no se advierte el estado en que viene el conductor, la chispa de sus palabras anuncian que equivocó uno el momento y no queda más remedio que atenerse a las consecuencias.

Continuará...