El corazón de Ah' Canul - 12
 
No. 12
No es mi función
Anécdota
Carlos A. Estrada Arcila
 

Como director de una escuela secundaria de doble turno con 36 grupos de alumnos tenía más de 100 trabajadores a mi cargo entre personal docente, administrativo y manual y siempre hubieron algunos que no sabían o no querían trabajar en equipo.

Estando elaborando un importante documento, cosa que no me agradaba mucho, pues prefería estar recorriendo el plantel para estar en contacto con los alumnos y el personal, una secretaria me solicitó que le pusieran en su escritorio la máquina de escribir de carro grande porque la necesitaba para llenar algunos documentos que no cabían en la de carro estándar; normalmente yo mismo, para no distraer al personal en cosas tan elementales, trasladaba las máquinas, pero estando cerca uno de los prefectos, persona joven y fuerte, le solicité que por favor atendiera la solicitud de la secretaria a lo que él, con respeto, me respondió "disculpe maestro, pero no es mi función"

Le di las gracias al prefecto y le pedí a la secretaria un poco de paciencia. Pasados unos minutos le solicité a la secretaria que llamara al mismo prefecto y habiendo llegado le di una orden que estaba dentro de sus funciones: "Búscame a José y vienes junto con él para que le dé unas indicaciones". José, uno de los manuales, estaba haciendo limpieza en el fondo del terreno de la escuela y para localizarlo había que recorrer más de cien metros bajo un sol infernal, pues eran aproximadamente las tres de la tarde.

Pasados treinta minutos y sudando hasta del pelo se presentaron el prefecto y el manual al cual le dije: "José, disculpa que te haya distraído de tu comisión pero necesito que, por favor, pongas esa máquina de escribir de carro grande en el escritorio de la compañera ya que Juan, (así se llamaba el prefecto) muy respetuoso de sus funciones, no quiso hacerlo. Sin mediar palabra el manual trasladó la máquina de escribir, les di las gracias a ambos y se retiraron; probablemente el manual se la estaba recordando al prefecto y el prefecto me la estaba recordando a mí, pero de lo que sí estoy seguro es de que yo estaba muy feliz porque esa tarde había dado una bonita lección sin haber estado en un salón de clases.

REFLEXIÓN

• La búsqueda del perfeccionamiento humano es una tarea en la que todos podemos participar. Nuestro compromiso estriba en cambiar a una persona hacia lo positivo. Esa persona somos nosotros mismos.