Como
director de una escuela secundaria de doble turno
con 36 grupos de alumnos tenía más de
100 trabajadores a mi cargo entre personal docente,
administrativo y manual y siempre hubieron algunos
que no sabían o no querían trabajar
en equipo.
Estando
elaborando un importante documento, cosa que no me
agradaba mucho, pues prefería estar recorriendo
el plantel para estar en contacto con los alumnos
y el personal, una secretaria me solicitó que
le pusieran en su escritorio la máquina de
escribir de carro grande porque la necesitaba para
llenar algunos documentos que no cabían en
la de carro estándar; normalmente yo mismo,
para no distraer al personal en cosas tan elementales,
trasladaba las máquinas, pero estando cerca
uno de los prefectos, persona joven y fuerte, le solicité
que por favor atendiera la solicitud de la secretaria
a lo que él, con respeto, me respondió
"disculpe maestro, pero no es mi función"
Le
di las gracias al prefecto y le pedí a la secretaria
un poco de paciencia. Pasados unos minutos le solicité
a la secretaria que llamara al mismo prefecto y habiendo
llegado le di una orden que estaba dentro de sus funciones:
"Búscame a José y vienes junto
con él para que le dé unas indicaciones".
José, uno de los manuales, estaba haciendo
limpieza en el fondo del terreno de la escuela y para
localizarlo había que recorrer más de
cien metros bajo un sol infernal, pues eran aproximadamente
las tres de la tarde.
Pasados
treinta minutos y sudando hasta del pelo se presentaron
el prefecto y el manual al cual le dije: "José,
disculpa que te haya distraído de tu comisión
pero necesito que, por favor, pongas esa máquina
de escribir de carro grande en el escritorio de la
compañera ya que Juan, (así se llamaba
el prefecto) muy respetuoso de sus funciones, no quiso
hacerlo. Sin mediar palabra el manual trasladó
la máquina de escribir, les di las gracias
a ambos y se retiraron; probablemente el manual se
la estaba recordando al prefecto y el prefecto me
la estaba recordando a mí, pero de lo que sí
estoy seguro es de que yo estaba muy feliz porque
esa tarde había dado una bonita lección
sin haber estado en un salón de clases.
REFLEXIÓN
•
La búsqueda del perfeccionamiento humano es
una tarea en la que todos podemos participar. Nuestro
compromiso estriba en cambiar a una persona hacia
lo positivo. Esa persona somos nosotros mismos.