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La Independencia lograda de la corona española
por la Nueva España militarizó la vida
independiente de la época, creando, además,
un caos en todos sentidos pero fundamentalmente originado
porque la única forma de gobierno conocida y
establecida por trescientos años fue la monárquica.
La
llamada "Consumación de la Independencia"
se da en 1821 y hechas muy bien las cuentas, no hay
mucho que celebrar en ella. México, ahora sí
con este nombre, era un país en bancarrota e
imperaba una anarquía nacional, y muy pronto,
el 22 de julio de 1822, ya había emperador que
gobernara, aunque de corta duración, luego, se
trajo a un extranjero en 1863; pero a su vez, entre
1828 y 1854, Santa Anna llenó ese vacío
soberano.
Incluso,
a raíz del triunfo obtenido por los ejércitos
de la república sobre las tropas imperialistas
de Maximiliano de Habsburgo, siguió la vocación
monárquica mexicana pese a las leyes emitidas.
Así, Juárez se mantiene quince años
en la silla presidencial y Díaz, treinta años.
Aún no se encuentra la forma de legitimar la
transmisión del poder.
El
ideal democrático comienza a florecer en 1910
pero muy pronto llega la militarización y no
se resuelve el asunto. Inconformidades, rebeliones,
conspiraciones, asesinatos, intentonas de perpetuarse
en el poder real o maquilladamente y el vacío
de mecanismos para elegir a quien pudiese gobernar el
país con base a leyes republicanas, representativas
y democráticas.
En
1928, Calles encuentra la pauta que moderniza Lázaro
Cárdenas en 1940: la creación de un partido
político hegemónico. Éste se mantuvo
en el poder por varias décadas y por su funcionamiento
más se parecía al sistema porfiriano,
esta situación dio pauta para que Vargas Llosa
en cierta ocasión expresara, con lógica
inequívoca, que México estaba gobernado
por una dictablanda. Sin embargo, este partido, "resolvió"
el problema de la sucesión, usando mecanismos
copulares, y aunque efectivos, no satisfactorios y por
lo mismo cuestionables y cuestionados.
En
los años de los ochenta se empezó a construir
una estructura institucional para cobijar el naciente
flujo de pluralidad política que para el 2000
se manifiesta en una verdadera participación
ciudadana y en la primera alternancia en el poder, cristalizándose
el ideal republicano democrático expresado en
la constitución de 1824.
¡Por fin se alcanzó la legitimidad democrática
y se logró de manera pacífica!, tal logro
fue posible por la participación ciudadana en
tales procesos.
Cada
vez la ciudadanía es más responsable,
más participativa y es un hecho indiscutible
que es la clave del proceso democrático. La participación
social es a la vez el espacio ideal para formar ciudadanía.
Todos,
pueblo y gobierno, debemos darnos a la tarea de lograr
la participación ciudadana, lo que implica formar
ciudadanos participativos, con voluntad y conciencia
para hacer propuestas en beneficio de su entorno próximo,
estatal o nacional y de esta forma enriquecer nuestros
procesos democráticos.
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