Puebla, 19 de noviembre de 1910. Ayer se enfrentaron
mil soldados y policías contra siete antirreeleccionistas
(de ellos, cuatro mujeres y dos adolescentes casi
niños). El encuentro armado ocurrió
en la calle de Santa Clara número 4. La cantidad
de bajas entre las fuerzas del orden asciende a 158,
lo cual da idea de la ferocidad que alcanzó
el combate. Entre los muertos está el coronel
federal Miguel Cabrera. En las primeras horas de esta
mañana soldados de guardia encontraron herido
en un sótano a Aquiles Serdán, jefe
del motín, y lo remataron a balazos.
Nietos por la rama materna de Miguel Cástulo
Alatriste, gobernador juarista de Puebla, los Serdán,
fueron cuatro hermanos: Aquiles, Carmen, Máximo
y Natalia. El primero, dedicado a la fabricación
y venta de zapatos fundó hace un año
el club antireeleccionista "Luz y Progreso";
recibió a Madero en Puebla durante su gira
como candidato a la presidencia e hizo labor proselitista
entre obreros textiles y estudiantes del colegio del
estado.
El coronel Joaquín Pita, jefe de la policía,
cateó una y otra vez la casa de los Serdán:
jamás encontró armas ni propaganda.
Como era del dominio público que esta familia
conspiraba contra el gobierno, Pita dispuso que sus
agentes secretos infiltraran el grupo subversivo.
El pasado 16 de noviembre el gobernador, general Mucio
P. Martínez, recibió noticias de que
Aquiles y Carmen Serdán acababan de llegar
de San Antonio, Tejas. Madero les entregó allí
fondos para rifles y municiones que, según
el llamado Plan de San Luis, debe estallar en toda
la República mañana, día 20.
Contingentes de los pueblos vecinos debían
asaltar el palacio degobierno, los fuertes de Loreto
y Guadalupe, templos, cuarteles y cárceles.
Oportunamente avisados, el gobernador y el jefe de
las armas, general Luis G. Valle, se dispusieron a
ahogar la rebelión en su cuna. Ayer por la
mañana el coronel Cabrera entró, pistola
en mano, en casa de los revolucionarios. Disparó
contra Aquiles. Erró el tiro. Serdán,
en cambio, acertó en el pecho de Cabrera.
Un batallón a las órdenes del coronel
Pita inició entonces la toma a sangre y fuego
del lugar en que se habían hecho fuertes los
hermanos Serdán, en compañía
de su madre y Filomena del Valle, esposa de Aquiles,
así como de dos jóvenes partidarios.
Desde la azotea Carmen y Filomena (que tiene 21 años
y está encinta) arrojaron bombas de dinamita
contra soldados y policías. Asimismo arengaron
a la multitud que, con gravísimo riesgo de
su vida, se reunió a presenciar el feroz combate:
"Aquí hay armas, vengan a tomarlas. Viva
la libertad. Viva Madero".
Durante muchas horas los rebeldes, parapetados tras
los tinacos, respondieron al fuego de los federales
que disparaban desde la torre de Santa Clara y desde
el vecino Hotel Barcelona. A pesar de la abrumadora
superioridad numérica y de hallarse completamente
rodeados, causaron estragos entre los sitiadores.
Al fin, luego de varios asaltos combinados en que
tomaron parte federales, policías y rurales,
las fuerzas del orden lograron poner pie en la azotea.
Máximo Serdán estaba muerto con más
de veinte heridas y Carmen, desangrándose a
causa de varios balazos, gritó que deseaba
morir combatiendo.
Aquiles se negó a disparar contra los rurales,
pues dijo que eran campesinos y padres de familia,
y se ocultó en un escondrijo del sótano.
En el interior casi todos los defensores habían
sucumbido. El coronel Martínez sólo
encontró vivas a Carmen, a su madre y a su
cuñada, que están presas y sometidas
a interrogatorio.
Doce horas más tarde la humedad del subsuelo
provocó en Aquiles la tos de una pulmonía
fulminante. El oficial Porfirio Pérez descubrió
el escondite en que Serdán yacía febril
y mal herido y le dio muerte de un tiro en la cabeza.
Como escarmiento, el cadáver destrozado de
Aquiles Serdán se está exhibiendo al
público. Puebla se encuentra en paz. La rebelión
maderista fue sofocada.