El corazón de Ah' Canul - 16
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Crónica de una casa
Fernando Baeza Berzunza
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Las casas comparten las historias de sus habitantes, son a menudo testimonio de sus actividades, pasatiempos y proyectos de vida, reflejando las características de sus personalidades. Su estructura, en especial la de los templos, se equipara con el cuerpo humano y especialmente con la psique: los sótanos son el inconsciente, el cuerpo físico, y corresponde al inframundo maya; en sus habitaciones se desarrolla la vida cotidiana y en la parte superior está la cúpula que es la cabeza, la conciencia moral, en contacto con el sol, las torres simbolizan los brazos elevados hacia el cielo alabando a la divinidad. En el cristianismo el estado de bienaventuranza se alcanza al ascender las 7 etapas hasta Dios ( Las Moradas de santa Teresa de Jesús), y corresponden a los 7 sacramentos, en las pirámides mayas como Kukulcán, los 7 triángulos de luz que son visibles en el equinoccio, ascienden hasta Hunab Ku, el Gran Espíritu, tienen el mismo significado, similar al que encontramos en el árbol sagrado, la ceiba y al árbol de la vida del judaísmo. Esta estructura constituye un mapa para el desarrollo espiritual y una guía en el proceso de individuación.

La casa en cuestión, probablemente fué construida durante el siglo XVII, está situada en Calkiní, ciudad que fue fundada en 1443 y gobernada por los 9 hermanos Ah Canul, sus territorios abarcaban desde las cercanías de Campeche hasta después del puerto de Sisal. En 1541 fue conquistada por Francisco de Montejo “El Mozo”. La iglesia y el convento franciscanos fueron construidos en el siglo XVII, sobre vestigios arqueológicos mayas. Esta casa está ubicada en el centro de la población, en la calle principal, frente al parque, fue habitada por el sacerdote misionero José Joaquín Pérez. Sus dimensiones originales abarcaban toda la manzana, la parte central era ocupada por el sacerdote y las alas eran habitadas por sus hermanos, la derecha por Miguel y la izquierda por José Ma., los cuales vendieron al irse a vivir a la ciudad de Mérida. Tanto la parte central como las laterales contaban con amplios zaguanes, por donde entraban los carruajes y en el patio estaba la caballeriza. La arquitectura como es de esperarse es colonial, sobria, de paredes de gran espesor, techos elevados sostenidos por vigas de maderas duras, ventanales alargados en sentido vertical, protegidos con barrotes sin adornos, hechos manualmente a la forja y grandes portones de madera para entrar a los zaguanes (el central es original). Su sobriedad, la ausencia de lo superfluo, son espacios vacíos para ser ocupados únicamente por la vivencia espiritual.

Al paso del tiempo esta casa ha sido testigo y escenario de eventos no sólo cotidianos, sino también de cierta importancia histórica, ya que la emperatriz Carlota Amalia se alojó en este predio, cuando visitó la península, pernoctando en el ala izquierda y su comitiva en el ala derecha. Como deferencia a su investidura, se ofreció una misa a la mañana siguiente en la parte central, el 10 de diciembre de l865. Las partes laterales han sufrido algunas modificaciones como la pérdida del zaguán del ala izquierda, pero aún conservan gran parte de su estilo original. La parte central ameritó una reparación mayor hace 20 años conservándose la estructura y el estilo originales; aún pertenece a los descendientes del Padre Pérez y en su interior el tiempo parece no transcurrir.

En forma paralela y en relación con la historia de la casa se encuentran los eventos familiares: El Padre José Joaquín Pérez tuvo una sola descendencia con Mariana García, Lorenzo García, que en su niñez fue testigo del hecho histórico, el cual a su vez tuvo 8 hijos con Marina del Carmen Fernández Vela, entre los cuales estaban: el mayor, Francisco, quien fue párroco de la iglesia de San Cristóbal en la ciudad de Mérida y también de Tizimín, autor del himno a los Santos Reyes Magos que aún cantan los feligreses cuando los gremios entran al templo y la hija menor, Margarita García Fernández, se casó con el Dr. Pedro Baeza Romero, originario de Campeche, médico, profesor de matemáticas y catedrático fundador del Instituto Campechano, quien habitó la casa y procreó 6 hijos: María, los gemelos Fernando y Gonzalo, Eduardo José, Lucrecia Dolores y Ana Sofía. Después de una ausencia de 20 años, a su regreso de Nueva York, Gonzalo habitó la casa y abrió el café “América”, que fue durante muchos años, sitio de tertulias, que aún perduran en el recuerdo de los parroquianos actuales más longevos y lugar donde estuvo el primer aparato de televisión de la localidad.

Fernando, su gemelo, retornó a la casona familiar también de Nueva York 20 años después de su hermano. El Dr. Eduardo José Baeza García, pediatra, profesor y editorialista, de cuya obra inconclusa obtuvimos gran parte de la información aquí expuesta, se casó en segundas nupcias con María Reneé Berzunza Reyes, procreando 5 hijos, entre ellos, Ana Rosa, tataranieta del Padre Pérez, cuyo hijo Jesús Eduardo, habita actualmente parte del predio y atiende una dulcería en el mismo sitio donde se efectuó la misa anteriormente mencionada, en la parte restante del predio, en el zaguán central, está el restaurante “Antequera”, en donde los parroquianos actuales acuden como antaño lo hicieron los anteriores, a tomarse un café y disfrutar de la compañía de los amigos en su ambiente colonial.

Aunque ahora estas construcciones ya no representan al poder político, religioso y económico de antaño, deben conservarse con el mayor apego posible a su diseño y estilo originales, pues no son sólo testimonios románticos del apogeo de una época de breve esplendor, comparado con la maya milenaria que le precedió, sino también son elementos esenciales que nos identifican y constituyen nuestras raíces. Estos elementos son rastros de nuestra evolución, al igual que una estela maya, guardando las debidas proporciones y cada uno dentro de su contexto cultural, nos permiten hacer un viaje de retorno a nuestros orígenes y al actualizar los acontecimientos remotos nos sumergimos en la plenitud del Tiempo Primordial, del mismo modo que un chamán maya en su ritual, para traer al presente la capacidad de revitalizar nuestras desgastadas vidas, liberándonos de los atavismos y poder comenzar un nuevo ciclo.

El análisis histórico de ambas épocas nos enseña que la competencia violenta por los recursos y la creación de castas privilegiadas no son bases sólidas para la creación de una sociedad perdurable y que en el futuro podamos evitar el error de Ícaro, de querer volar hacia el sol con las alas de cera de nuestro egoísmo. En ambas culturas la energía, el Puah maya y el Poder de Dios del cristianismo, que nos nutre e integra al vibrante Universo, emana del mismo núcleo místico lo cual facilita su sincretismo.