El corazón de Ah' Canul - 16
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No le pidas peras al olmo
Sergio Hernández Cruz
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Conócete a ti mismo

En un campo cerca de la costa mediterránea vivía un joven peral al lado de un olmo con un aspecto bastante tristón.

El olmo se sentía desdichado, vivía al lado de un joven peral que daba jugosos frutos, la gente se le acercaba y tomaban sus frutos con una sonrisa, él lo miraba con envidia y se decía: ¿por qué no tendré yo frutos, que habré hecho para merecer tal castigo? Y con estos pensamientos aun se sentía mas deprimido. No encontraba solución a sus problemas, sentía que nunca podría ser feliz, que ser olmo era un castigo divino o algo relacionado con su karma. Algo que estaba pagando por una mala acción en el pasado.

La gente pasaba cerca de él, lo miraba y se iban al peral, se sentía rechazado, desplazado, olvidado. Se sentía un inútil, se sentía muy solo.

El peral no ayudaba mucho porque a veces se mofaba de él, decía:

-Con lo alto que eres, ¿cómo puedes ser tan débil? Mírame a mi, mira que verdes mis hojas, mira mis frutos, la gente se me acerca, me cuida, me trata bien, les gusto. En cambio tú, con ese aspecto tan deslucido, y sin frutos que ofrecer, la gente te tiene olvidado, tendrás que acostúmbrate y llevar tu pena lo mejor que puedas, porque tu existencia parece un castigo.

El olmo se hundía más en su pena y se sentía aun más impotente, sólo le quedaba rendirse a su terrible destino, era un olmo y nada se podía hacer para cambiar eso.

Un día pasó por ahí un niño, se paró al lado del olmo, lo vio y pensó: ¿Qué árbol más triste, que le pasará?

El árbol lo oyó, no sabe cómo lo hizo pero oyó los pensamientos del niño. Así que dijo:

- ¿No ves que soy un olmo? Pues eso me pasa, nací para sufrir.

El niño también lo oyó, no quiso decir nada pues aquello no era normal. Se acercó al joven peral, jugando, le dijo al peral:

- ¿Puedo coger una de tus peras? Y el peral le dijo:

-Claro, las hago para vosotros,

El niño se sorprendió de oír también al peral, pero hizo como si fuera normal, le sonrió, le dio las gracias y agarró una pera. Le preguntó al peral:

- ¿Qué le pasa a tu vecino el olmo? Tenéis la misma tierra y el mismo clima, a ti se te ve tan sano y él parece enfermo.

El peral le dijo que tenía envidia de él, que se sentía muy desdichado y todo lo demás, -mientras le decía esas cosas el niño se acercó a la sombra del olmo para comerse la pera. El niño le preguntó al olmo -¿Por qué quieres ser peral? El olmo le dijo:

- Me da igual ser peral o cualquier otra cosa, lo que no quiero es ser olmo, no quiero sufrir más, pero es mi destino.

El niño de manera despreocupada le dijo:

-Nunca había visto un olmo neurótico. Creo que no sabes cual es tu problema, tu problema es que no sabes quien eres, no te conoces.

Con lo que el olmo empezó a irritarse:

-Para uno que se comunica conmigo, y es para humillarme más.

El niño le dijo:

-Deja de mirar a los demás y sé tú mismo.

-Eso hago, ya soy yo mismo, no puedo ser otra cosa, por eso estoy tan triste. -no creo que ser olmo sea una desgracia, tu problema es que te dejas llevar por tus pensamientos, te crees que eres lo que piensas y te has olvidado de ti. Si no puedes ser otra cosa, pues no quieras ser otra cosa. Mira, yo me acerqué al peral para coger su fruto, es muy generoso por su parte, y se alegra mucho de serlo, y se - siente recompensado. El está orgulloso de ser peral, y la gente lo quiere por lo que es. -Si por eso él es feliz y yo no.

-Pero cuando tuve el fruto, me vine a tu lado, para refugiarme del sol, tú me diste sombra, tú también eres muy generoso, te doy las gracias por eso, y si estuvieras más feliz, serías más frondoso, y la gente admiraría tu porte, y vendrían a tocarte, los niños vendrían a jugar a tu lado, además, seguramente los pájaros te elegirían para hacer sus nidos, podrías asistir a muchos nacimientos, ¿no te parece algo maravilloso? Desde luego si yo fuera pájaro no anidaría en el peral, es demasiado bajo y podría resultar peligroso, en cambio tú les proporcionarías un hogar, que maravilloso destino el tuyo, que pena que no quieras ser olmo.

El olmo se sintió renacer, pensó:

¡Dios mío! ¿Cómo no me había dado cuenta? ¿Cómo he podido ignorar durante tanto tiempo mi propio ser? sólo estaba mirando a los demás y me olvidé de mí mismo. Ahora ya sé quién soy, ya sé lo que tengo que hacer: -Jajaja tengo que ser olmo!!! Que alegría de ser lo que soy.

De pronto ese árbol empezó a cambiar de aspecto, parecía más esbelto, con más color, tenía otra energía, otra luz, y se podía notar el cambio. Su presencia se hizo más imponente, ese árbol llamaba la atención.

-Gracias muchacho, me has abierto los ojos, ¿cómo podré agradecértelo?
-Sé tú mismo, hazte un alto y frondoso olmo y yo vendré todas las tardes a leer un rato a tu sombra y a estar contigo, traeré a mis amigos, nos lo pasaremos bien.

¿Y tú, que clase de árbol eres?...

Observa tus pensamientos, son tuyos, pero no son Tú.