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Conócete a ti mismo
En
un campo cerca de la costa mediterránea vivía
un joven peral al lado de un olmo con un aspecto bastante
tristón.
El
olmo se sentía desdichado, vivía al lado
de un joven peral que daba jugosos frutos, la gente
se le acercaba y tomaban sus frutos con una sonrisa,
él lo miraba con envidia y se decía: ¿por
qué no tendré yo frutos, que habré
hecho para merecer tal castigo? Y con estos pensamientos
aun se sentía mas deprimido. No encontraba solución
a sus problemas, sentía que nunca podría
ser feliz, que ser olmo era un castigo divino o algo
relacionado con su karma. Algo que estaba pagando por
una mala acción en el pasado.
La
gente pasaba cerca de él, lo miraba y se iban
al peral, se sentía rechazado, desplazado, olvidado.
Se sentía un inútil, se sentía
muy solo.
El
peral no ayudaba mucho porque a veces se mofaba de él,
decía:
-Con
lo alto que eres, ¿cómo puedes ser tan
débil? Mírame a mi, mira que verdes mis
hojas, mira mis frutos, la gente se me acerca, me cuida,
me trata bien, les gusto. En cambio tú, con ese
aspecto tan deslucido, y sin frutos que ofrecer, la
gente te tiene olvidado, tendrás que acostúmbrate
y llevar tu pena lo mejor que puedas, porque tu existencia
parece un castigo.
El
olmo se hundía más en su pena y se sentía
aun más impotente, sólo le quedaba rendirse
a su terrible destino, era un olmo y nada se podía
hacer para cambiar eso.
Un
día pasó por ahí un niño,
se paró al lado del olmo, lo vio y pensó:
¿Qué árbol más triste, que
le pasará?
El
árbol lo oyó, no sabe cómo lo hizo
pero oyó los pensamientos del niño. Así
que dijo:
-
¿No ves que soy un olmo? Pues eso me pasa, nací
para sufrir.
El
niño también lo oyó, no quiso decir
nada pues aquello no era normal. Se acercó al
joven peral, jugando, le dijo al peral:
-
¿Puedo coger una de tus peras? Y el peral le
dijo:
-Claro,
las hago para vosotros,
El
niño se sorprendió de oír también
al peral, pero hizo como si fuera normal, le sonrió,
le dio las gracias y agarró una pera. Le preguntó
al peral:
-
¿Qué le pasa a tu vecino el olmo? Tenéis
la misma tierra y el mismo clima, a ti se te ve tan
sano y él parece enfermo.
El
peral le dijo que tenía envidia de él,
que se sentía muy desdichado y todo lo demás,
-mientras le decía esas cosas el niño
se acercó a la sombra del olmo para comerse la
pera. El niño le preguntó al olmo -¿Por
qué quieres ser peral? El olmo le dijo:
-
Me da igual ser peral o cualquier otra cosa, lo que
no quiero es ser olmo, no quiero sufrir más,
pero es mi destino.
El
niño de manera despreocupada le dijo:
-Nunca
había visto un olmo neurótico. Creo que
no sabes cual es tu problema, tu problema es que no
sabes quien eres, no te conoces.
Con
lo que el olmo empezó a irritarse:
-Para
uno que se comunica conmigo, y es para humillarme más.
El
niño le dijo:
-Deja
de mirar a los demás y sé tú mismo.
-Eso
hago, ya soy yo mismo, no puedo ser otra cosa, por eso
estoy tan triste. -no creo que ser olmo sea una desgracia,
tu problema es que te dejas llevar por tus pensamientos,
te crees que eres lo que piensas y te has olvidado de
ti. Si no puedes ser otra cosa, pues no quieras ser
otra cosa. Mira, yo me acerqué al peral para
coger su fruto, es muy generoso por su parte, y se alegra
mucho de serlo, y se - siente recompensado. El está
orgulloso de ser peral, y la gente lo quiere por lo
que es. -Si por eso él es feliz y yo no.
-Pero
cuando tuve el fruto, me vine a tu lado, para refugiarme
del sol, tú me diste sombra, tú también
eres muy generoso, te doy las gracias por eso, y si
estuvieras más feliz, serías más
frondoso, y la gente admiraría tu porte, y vendrían
a tocarte, los niños vendrían a jugar
a tu lado, además, seguramente los pájaros
te elegirían para hacer sus nidos, podrías
asistir a muchos nacimientos, ¿no te parece algo
maravilloso? Desde luego si yo fuera pájaro no
anidaría en el peral, es demasiado bajo y podría
resultar peligroso, en cambio tú les proporcionarías
un hogar, que maravilloso destino el tuyo, que pena
que no quieras ser olmo.
El
olmo se sintió renacer, pensó:
¡Dios
mío! ¿Cómo no me había dado
cuenta? ¿Cómo he podido ignorar durante
tanto tiempo mi propio ser? sólo estaba mirando
a los demás y me olvidé de mí mismo.
Ahora ya sé quién soy, ya sé lo
que tengo que hacer: -Jajaja tengo que ser olmo!!! Que
alegría de ser lo que soy.
De
pronto ese árbol empezó a cambiar de aspecto,
parecía más esbelto, con más color,
tenía otra energía, otra luz, y se podía
notar el cambio. Su presencia se hizo más imponente,
ese árbol llamaba la atención.
-Gracias
muchacho, me has abierto los ojos, ¿cómo
podré agradecértelo?
-Sé tú mismo, hazte un alto y frondoso
olmo y yo vendré todas las tardes a leer un rato
a tu sombra y a estar contigo, traeré a mis amigos,
nos lo pasaremos bien.
¿Y
tú, que clase de árbol eres?...
Observa
tus pensamientos, son tuyos, pero no son Tú.
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